Jull Casas

Dolor Inmemorial

Despierto a media
noche con el dolor inmemorial desgarrando mis entrañas.
Mi boca seca pide de
nuevo la frescura de la lluvia lejana, mis ojos marchitos, buscan con
frenesí una señal, de que el alba se acerca a mis ventanas, pero
no puedo moverme, la pesadilla continua tenaz... ¿Hasta cuando?
Ya suena de nuevo el
despertador, oigo el ruido de su cuerpo deslizándose de las sabanas
grises, sus pasos tambaleantes. Viene hacia mí, se acerca, siento
como prende la luz de mi cuarto frío; Su aliento llega a mi nariz
con el olor tibio de madrugada y de cariño; Sí cariño. Él dice
que siente cariño, pero yo siento solo dolor, mis manos se contraen
en un espasmo que él interpreta como de agradecimiento,
¿agradecimiento?, ¡Por que¡, si sus manos laceran mis caderas
heridas, y sus ojos recorren mi desnudez vegetal, no quiero ya vivir,
no quiero ya sentir las miradas de pena de la gente, ¡quiero
morir¡, ¡necesito morir!.
Amanece al fin, estoy
volteada sobre el costado, puedo ver a mi madre mirando por la
ventana, pobre madre, ella quisiera morir antes que yo, si la vida
fuera natural así seria, pero ella desgarra sus plegarias invocando
a su dios y clamando sobre él porque tiene que irse antes su
progenie. Pobre madre pero esta afuera y “él”, no la dejara
entrar. Ni siquiera podré sentir su arrugada mano en la frente y el
suave contacto de sus lágrimas en mi mejilla, ¡pobre madre mía!
Recuerdo ese día en
que me adormecía en la sala de operaciones, clamando en mi mente por
mis hijos y por mi casa lejana, la luz me llenaba los sentidos y yo
caía, me resbalaba casi en el abismo irreal de la tierra fértil. Y
no desperté, no para los demás, no para mi madre, ni para nadie,
solo para “él”, que decía estar a mi lado noche a noche
velando por lo que quedaba de mí, en un eterno velorio sin velas y
sin flores, solo dolor inmenso dolor.
Claro que no lo hacia
por maldad, en realidad yo necesitaba de sus cuidados, de su
“Cariño”, lo necesitaba si quería seguir viviendo, pero ¡quiero
morir!, Y no puedo decirlo, no puede entender mis gemidos no
expresados de liberación de este cuerpo que se descompone lentamente
desde mi interior, solo queda la sombra de mi vitalidad, que “él”
se empeña en resguardar, casi puedo sentir como mis heridas supuran
mi alma, pero ¡maldita sea! Él lo impide todos los días y yo sigo
con este dolor inmemorial.
Esta noche escapare
por fin, me negare a complacer a los demonios que sujetan mi espíritu
al lastre postrado en mi cama, sé que “el” no despertara, y yo
podré escapar un segundo, tal vez escapare para siempre, talvez...
Su respiración suena
acompasada en la habitación de lado; Me curo, me acomodo y se fue a
dormir, no se dio cuenta que la aguja de mi brazo estaba filtrando
lentamente gota a gota el icor de mi vida, lo siento por que “él”
me ama pero yo amo mas el descanso del mármol lejano; Sí mañana
será un nuevo día para mí.
Él, me encontró
fría y rígida a las 5 de la mañana, su dolor fue patético pero
comprensible, dolor pasajero, dolor que yo, ya deje de sentir. Ahora
ya puedo completar el ciclo de imago, y me alejo volando, sin
voltear. Mientras mi capullo inerte queda, empapado de lágrimas y
penas.  

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Jull Casas.
Published on e-Stories.org on 03.08.2013.

 

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