Donaciano Bueno Diez

¡Padre Duero!

¡Psiiissh…! Silencio en el ambiente.
Observen como salta y se desliza lentamente
ese chorrito de agua cantarina,
-un milagro de dios, agua divina-
en los Picos de Urbión, ¡oh Soria pura!
en medio de un grupo de rocas escarpadas
con aspecto monacal acurrucadas.
Cómo comienzas dibujando un garabato en el camino
que deberás continuar largo y cansino
-a veces tedio, a veces adivino-
hasta culminar con tu andadura
y morir en un país vecino
de nombre Portugal.

¡Eres un poderoso y misterioso río sin igual!,
todavía incipiente enjuto riachuelo,
que nace aquí en Duruelo,
bautizado con dos nombres douro o duero,
-tu eres el eje espiritual y la columna vertebral
de todo el territorio castellano-,
-Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca-
por tus 333 hijos arropado,
-afluentes con los que vas aumentando tu pujanza,
algunos: riaza, duratón, eresma, tormes, agueda, pisuerga, arlanzón y arlanza-.

Visitante a veces residente, otrora esquivo,
observador curioso a lo largo del camino:
la Laguna Negra, cargada de leyenda y su rio revinuesa,
Covaleda, -pinos, robles y hayas-, pone puertas al campo hasta Vinuesa.
Sereno, duero, andas en busca de la Soria asceta
-ciudad fría y dormida, tierra de moros y cristianos-
la misma que cantaron los poetas,
Becquer, Gerardo Diego y especialmente Machado,
ambas, Garraiz y Numancia, famosa por su asedio, cogidas de la mano.

Tu, duero, que apenas has rozado la piel en Soria
lo abandonas y horadando llegas hasta Almazán,
la atractiva villa medieval,
para volver a reconciliarte con la historia.
Calatañazor, el viejo castillo y su batalla
tan famosa, -trabaja, come y calla-.
y San Leonardo de Yague, de apacible serenidad y ancha belleza,
-oscuras laderas de pinos y sabinas y la hoz del rio lobos en su naturaleza-,
-los buitres leonados, águilas reales y vencejos-
¡siempre al acecho, casi siempre cerca y siempre lejos!

Y anda que te anda…,
dando brincos, resulta que, por fin, te diriges a Berlanga,
aquesta villa inquieta, junto al rio escalote,
de la que el Mio Cid don Rodrigo fué el primer preboste.
De espaldas al rio ¡ Burgo de Osma, qué hermosa ciudad!
repleta de innumerables monumentos, de leyendas, dechada de bondad,
su indiscutida y célebre matanza
de la que se cuenta que hasta a su egregio obispo le alegraba la pitanza.
San Esteban de Gormaz recibe al rio, Langa, La vid y Peñaranda,
-aquí la sierra muere y nace la meseta,
de la vieja Castilla, llana y esteta-,
y sobretodo Aranda
lugar en el que tu te conviertes en fisgón
vigilando a la gente, los dimes y diretes, a través de su puente que parte en dos la población.
-sus profundas bodegas, sus lagares, el cordero lechal
y el pan candeal-.

Y así desangrándote continuas, duero,
abrevando pardos campos, susurrando romanceros,
-sed de pastores y labriegos-
¡oh, Duero, aquí cómo te quiero!
miro como te deslizas hasta llegar a Roa,
del páramo en la llanura después de largas siestas
para arrivar a Peñafiel, catedral del vino de Ribera y de las fiestas
en donde el rio de leyendas se convierte en vino
y todo Peñafiel es una loa.

Quintalilla de Onesimo y su canal
para los agricultores de la zona de trascendencia sin igual,
Tudela de Duero, Valbuena y de Duero Laguna
van perdiendose una a una
hasta divisarse Tordesillas, la ciudad en donde el nuevo mundo
se repartió, manteniendo tu la misma dirección hasta Castronuño
¡cuántas historias mantienen ocultas debajo de las piedras tus terruños!.

Y así, sin darte cuenta…
ya estás llegando a Toro, esa ciudad coqueta,
a su fértil vega -agua, horizonte y tierras entran en una sola mirada-,
antaño sede de cortes generales, altiva y a la vez discreta,
conjunto monumental histórico-artístico declarada.
A 30 kilometros, Zamora aguas abajo,
rozando sus muros pero sin osar saltar
tu, Duero, te incrustas en un congosto abrupto
comenzando a pergueñar un estentóreo exabrupto
y acabando con un profundo escupitajo
que el eco va repicando hasta llegar al mar.

Duero, ¡si aun hay alguien en Zamora que no sabe donde vives
unicamente tiene que preguntar por los Arribes!
el paisaje mas bello, agreste e impresionante de esta España*.
Rindiendo pleitesía a grandes hoces, barrancas y pelados barayones,
corres encorsetado con los frenos de las presas con incesante saña,
-mozo fornido, obrero sudoroso- el agua se desploma a chorro en los cañones.

En Fermoselle, -alrededor, un sinfín de pueblos con ermitas,
vestigios celtiberos de antiguos pobladores y monges eremitas-,
de las tierras hispanas, acabas tu aventura.
Te llevas de recuerdo la savia de Castilla impregnada de cultura,
tu sangre vigorosa se aprieta entre murallas tremendas delineando la frontera
¡por fin te haces adulto y estás a punto de llegar a tu final!
¡Duero, ya no eres Duero! Ahora, Douro, te reconviertes en un rio fluvial.
Cuando tu me lo pidas, yo me acercaré allí donde tu quieras
Besos de despedida.
Pronto, entre las olas del atlántico vas a pasar a mejor vida,
Mis saludos a Porto y a la muy querida y reconocida Portugal.

* según escribió Unamuno.

 

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Published on e-Stories.org on 20.07.2013.

 

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