Elias Cali

La parabola del destino

 El tiempo y el destino son los máximos creadores de misterios y acertijos  que hay, algunos de ellos tan complejos que escapan al entendimiento de los científicos y a las creencias de los religiosos.
¿Hasta qué punto podemos cambiar nuestro destino? Aun si hiciéramos cosas que jamás hubiéramos imaginado que haríamos, aún si intentáramos evitar nuestro destino, ¿no se supone que lo hiciéramos desde un principio? y ¿si en nuestro ingenuo intento de cambiar lo escrito nos dirigiéramos hacia lo predicho? ¿Hasta qué punto soy dueño de mis actos? ¿Tienen mis deseos o mi esfuerzo alguna incidencia en lo futuro?
Todas estas preguntas permanecen sin respuestas y solo me dejan una que puedo responder. ¿Realmente quiero entrar en esta serie de pensamientos en los que muchos filósofos y grandes pensadores cayeron y abandonaron sin ninguna respuesta aparente?
¿Servirá mi historia para esclarecer esta incógnita? Aunque no fuera así,  me siento obligado a relatarles lo que pasó ese 1 de Noviembre.
22:12 PM:
Me despedí de Sabrina con un pequeño beso en la mejilla, en el cual no puse mucho cariño sinceramente, apenas rozando la parte derecha de mi labio superior  contra su mejilla y haciendo el ruido correspondiente. Nunca había tenido una relación muy estrecha con mi hermana mayor, pero probablemente no la vería muy seguido a partir de ese día, así que antes de darme la vuelta y subir al tren,  le di un abrazo y me voltee dejándola sola en el andén. Sentí el ruido metálico de los escalones del tren, parecía antiguo pero tenía una capa de pintura negra que lo hacía lucir muy bien. El motor se encendía dándole paso a las ruedas para que hicieran lo suyo, ah...  el sonido proveniente del motor significaba algo para mí, simbolizaba el desprendimiento de todo lo conocido, recordar mi vida antes de subirme a ese tren se volvía más difícil con cada metro que hacíamos fuera de la estación.  Me senté en el asiento 247 junto a la ventana como lo había pedido. Arriba mío había un panel  de madera barnizada que tenía una pequeña palanca para activar la calefacción (muy necesaria en esa época del año más aún si te acercas al polo) y un botón para encender y apagar la luz, el cual me aliviaba,  ya que me aterra permanecer en la oscuridad.
El nombre del tren era Hermes, curiosamente, como el dios de los viajes y los caminos.
El movimiento que generaban las ruedas al pasar sobre las pequeñas imperfecciones de las vías movía ligeramente al tren, efecto que podía sentir debajo de mis pies.
22:49 PM:
Luego de haberme acomodado en mi asiento y tener una charla irrelevante sobre la demora del tren con el tipo calvo sentado a mi lado, el nerviosismo me atacó. El hecho de tener que dejar mi queridísima España y adentrarme en una cultura tan nueva y diferente como probablemente lo era la sueca, me resultaba difícil de digerir. Es decir debía empezar de cero, y si mi novela no tenía éxito o la editorial cambiaba de opinión respecto a publicarla: el viaje y la cantidad de dinero invertido habrían sido en vano.
Las luces del pasillo del tren se apagaron para la comodidad de los pasajeros que querían dormir, pensé en unírmeles pero me era imposible cerrar los ojos, ni siquiera pensar en descansar sin más  que las fugaces ráfagas de luz que me proporcionaba la luna a través de la ventana.
Toque el botoncito de la luz y mirando por la ventana intente imaginar mi nueva vida en Suecia, allí me esperaba un nuevo trabajo, un pequeño departamento en el centro de una ciudad periférica, un invierno áspero  y un verano cálido y conciliador.
1:56 AM:
Una pared de negro fue la única imagen que pude ver hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del ambiente y al contrastante resplandor que despedía el foco de la luz en el panel sobre mí. Al darme cuenta de que solo había dormido poco más de dos horas me anticipe con resignación a una noche en vela.
El Hermes se sacudía suavemente arrullando a los pasajeros con el dulce sonido de un ligero motor que no parecía corresponder a semejante máquina. Me quede sentado inmóvil en mi asiento esperando poder dormir un poco más, pero me vi frustrado por mi pequeña vejiga que pedía a gritos un paseo por el tren para buscar el baño.
Tenía la impresión de que el baño debería encontrarse atravesando el pasillo en el siguiente vagón, pero mis temores me dominaron impidiéndome avanzar por la oscuridad.
Tenía ahí un pequeño dilema que se vio rápidamente solucionado por la débil pero suficiente luz que producía mi celular. Me levante de mi asiento golpeando suavemente con el codo al pasajero calvo a mi lado esperando que no despertase. Salí con torpeza  al pasillo y avancé lentamente por el vagón hacia la puerta que lo separaba del otro. Una puerta corrediza de metal y una cortina me separaban del otro vagón. Hice ambas a un lado y acelere el paso para llegar rápidamente al baño. Pero algo me detuvo, una sombra de apariencia humana estaba plantada bebiendo del bidón de agua al lado del baño, por alguna razón esta figura me daba miedo, pero ¿porque debería tenerlo? Solo es algún otro pasajero con insomnio-me dije-. Aun habiendo dejado esto claro para mí mismo me acerque lentamente al baño esperando que la figura reaccionara de alguna manera. Pase por su lado en línea recta hacia el baño temiendo cualquier tipo de sobresalto de su parte.
Nada.
Ni un musculo.
Entre en el baño nervioso, sintiéndome observado. Me lave la cara y orine luego, había una pastilla azul en el urinal cuya función nunca supe y tampoco me cuestione. Saliendo del baño esperaba ver a la figura que había visto al entrar, pero no fue así… al menos no de inmediato.  Mientras salía del baño dirigiéndome hacia la puerta que me llevaría al otro vagón y luego a la seguridad de mi silla sentí una ráfaga de aire frio en la parte posterior de mi cuello,  y luego un pinchazo en el mismo lugar. Eso fue todo.
3:22 AM:
Una luz resplandeciente me apuntaba en la cara, me encontraba de nuevo en el interior del baño incapaz de separar mis brazos o mover mis piernas y despojado de mi celular.
Obed se llamaba, al menos ese fue el nombre que me dio. De su cuello colgaba un crucifijo y en su muñeca había tatuada una paloma.
 Obed, el esclavo del señor dije para mis adentros. Lo que no pude expresar debido a que un pedazo de cinta adhesiva me tapaba la boca, al ver que había despertado mi captor la retiro de mi boca. Entonces comenzó el interrogatorio.
-¿Cómo te llamas?- me pregunto
-Stefano- respondí con falsa vehemencia. 
-Entonces Stefano, estamos en algo muy complicado tu y yo, me ha parecido que has visto algo que no deberías Haber visto.
-No es cierto-Mentí, ya me parecía que esa tira negra donde debería estar su cinturón no era un simple accesorio. Solo para dejarlo aún más claro el hombre abrió su chaleco y dejo a la vista una buena  cantidad de explosivos, caseros aparentemente.
-¿Por qué lo harías?, ¿qué sacarías de ello?-pregunte.
-Porque así es mi historia y así debe terminar me dijo, es lo que el escritor quiere.
-lo mire sorprendido casi como si lo que decía tuviera sentido de alguna forma extraña.
Lo vi quitarle el seguro al arma, apuntarme con ella, pude sentir su mirada chocando con la mía, sentí un estruendoso ruido y un dolor que no duro más de una fracción de segundo.
Así terminaba la historia, así debía terminar.
Pero no.
1:56 AM:
Una nueva pantalla negra se alzaba frente a mí esta vez más duradera que la anterior.
Una horrible pesadilla-me dije-.
Al menos eso parecía, pero  aun fuera de este supuesto sueño tenía ganas de orinar. Al recordar el horror vivido en mi sueño me abstuve, tenía la sensación de que había una posibilidad de que al cruzar esa puerta con su cortina roja vería allí plantada a la figura de mi sueño. Me senté, quieto e incapaz de moverme, paralizado completamente por la incertidumbre mientras un mal presentimiento se apoderaba de mí. Ninguna lógica, argumento o racionamiento me hubiera hecho levantar. Siempre fui ateo pero en circunstancias de tanto miedo las convicciones más arraigadas pueden borrarse momentáneamente, recé para que no hubiera un pasajero llamado Obed en el tren, recé en vano.
2:04 AM:
Lo sabía, al menos una parte de mi lo hacía.
Obed entro apuntando con su arma a un pasajero del otro vagón, el Hermes temblaba haciendo difícil apuntar con ella. Una lágrima caía del ojo derecho de Obed. Pero eso no importo, una luz radiante salió de su cintura, en el tiempo que tomaba pestañear esa luz borro a Obed de mi vista, a la gente cercana a él, esa luz ahora parecida más a una llama enorme de fuego que se expandió hacia todos lados, y finalmente hacia  mí.
 
3:22 AM:
La luz proveniente de la explosión se transformó en la luz de la linterna apuntándome una vez más. Ahora la circunstancia parecía clara, se veía como si el destino me diera una oportunidad para salir vivo de ese tren, pero no entendía cómo.
-¿cómo te llamas?
Una puerta, una posibilidad de hacer las cosas de otra manera se abría ante mí.
-¿Qué importancia tiene? Me mataras antes de terminar la conversación y volaras el tren.
-¿Cómo lo sabes?
Me tomo un momento pensar en una respuesta que lo mantuviera lo suficientemente interesado en mi como para que me dejase vivir.
-soy parte de la historia.-dije casi seguro de que el sujeto me miraría raro y empezaría la cuenta regresiva hacia mi muerte.
Pero no, la historia continúa.
-¿cómo termina tu historia?
-El final de la mía todavía no está escrito- respondí luego de titubear un momento.
¿Hacia donde iba?
¿Era mi destino llegar a Suecia?
¿Era el destino de Obed morir en el tren?
¿Y que si mi historia no tuviera un final feliz? ¿Y que si todos estos sueños no eran oportunidades, sino la visión de un futuro inevitable?
22:12 AM:
Le di un abrazo a Sabrina me di la vuelta dejando la en el and…
Algo me dijo que no debía subir a ese tren. Pero así estaba escrito, así debía ser… así seguía mi historia.
Pero no, porque no voy a encontrar nada bueno en ese tren.
Porque mi viaje en ese tren fue escrito por otra persona.
Yo debía subir al tren, pero no lo hice. Por qué se me dio una oportunidad de cambiar mi historia, porque quizás mi final ya está escrito.
Pero  seré  yo quien lo escriba.
Sobre la marcha como el Hermes.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Elias Cali.
Published on e-Stories.org on 07.07.2013.

 

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