Roberto Noriega

Oswald

Oswald
 

 
Mire Oswald, esta habilidad la descubrí hace no más de cinco años, en el lapso de apenas tres días y tres noches. Yo le puedo ayudar; solemnizar el echo que tanto teme, me atrevería a decir que hasta podría cambiarlo todo, absolutamente. Únicamente necesito quedarme aquí los tres días y las tres noches que son necesarios, claro que los son; ineludibles diría yo.
Ahora entremos en tema, en la solución del caso diría, por que por eso estoy aquí, mas no para tratar como usted lo ha venido haciendo o buscando quien siga procurándole. En fin.
Aun es de día y requiero, como le mencioné, de el día y la noche completos; no se puede prescindir de ninguno ya que así lo he venido haciendo durante todo este tiempo. Pero para avanzar o profundizar en todo esto, es preciso que usted también sepa lo que me arriesgaré a hacer; por que no es ningún proceso simple como una diligencia o un trámite burocrático que se necesita de cuatro o cinco días, no; es más corto pero un millón de veces mas complejo. Corro el riesgo de perder mi integridad física tanto como la mental; en un fin de semana se pueden evaporar años de recuerdos, anhelos y habilidades. Todo lo adquirido; mis alegrías e ilusiones se pueden esfumar para dejarme como un triste vagabundo que merodee su calle, su esquina y hasta su puerta; sin saber lo que hago en lo más mínimo o peor aun perder la vida. Tan exagerado que parezca pero es cierto, lo he sentido así; veces en las cuales noto que se hieren todas las coherentes ideas y las cavilaciones mas perfectas que un hombre pudiese a albergar en sus cerebro; todo eso afirmo que se rompe como un trozo largo de pasta. No se quiebra en dos mitades, sino que se destroza completamente con la minúscula presión que se le aplique.
Es por eso Oswald que la prudencia amerita que le cuente como a comenzado, como ha llegado a mi y como he asimilado este no se si bien dicho “don”; aunque yo lo veo también como una desgracia. Me siento entre los dos términos, en el limbo diría.
Empezaré narrándole el origen de un viaje, hace cinco años; tenía un amigo, digo tenia por que ya no lo es; he considerado alejarme por circunstancias que ya ira entendiendo. En fin, su nombre era Elías; comúnmente el y yo acertábamos en excursiones, viajes y juergas. Éramos un par de amigos que se fue juntando poco a poco hasta decir que nos convertimos en los mejores.
Pero voy a hacer de lado todas esas cursilerías para concentrarme en el viaje, ese que cambio todo. Elías y yo salimos un viernes por la mañana, a las once mas preciso; nos dirigimos hacia una cabaña en un pueblito hermoso, con gente limpia y amable; mejor que en esa ciudad donde estaba atrapado, y por eso me gustaba escaparme a la cabaña de mi amigo.
Si, era su cabaña; permanecía vacía todo el tiempo, salvo los fines de semana que la ocupábamos nosotros y frecuentemente desde que conocimos un par de chicas muy hermosas; Lina y Salomé. Eran oriundas del pueblo; pero había algo en ellas que nos llamaba excesivamente la atención.
Sus ojos; ambas los tenían de un color azul cielo, de ese mismo color cuando no hay nubes, cuando el sol no quema tanto e irradia el tono azulado del firmamento. Así eran, y yo podría decir que estaba enamorado de las dos, o mas bien de los dos pares de ojos azules; que aclarando mi memoria, hacían que todo lo demás no importe. Por supuesto no digo que no eran atractivas, lo eran; a mi pensar las mas bellas del pueblito aquel.
Tanta simpatía nos llevaba al desenfreno, el exceso al que nos precipitamos nos hizo imposible que el encanto entre los cuatro no sea mutuo o recíproco más bien.
El día siguiente al que llegamos, el día sábado, recorrimos toda la mañana y tarde por aquellos bulevares y pequeños pasajes que tanto me conmovían; sin humo y tanto bullicio me relajaban casi totalmente. Esa dicha enorme me sedaba y comprometía con el lugar queriendo no irme nunca. Al llegar la noche del sábado, estaba ebrio solo con la sensación del aire fresco y de mi par de ojos azules, Lina; nos dirigimos a la cabaña, ahí pensamos en ya no entregarnos tanto y descansar del desliz de nuestros cuerpos, así que vinieron un par de amigos y amigas de Salomé.
En total llegaron cinco personas, dos hombres y tres mujeres; en cuanto entraron no noté ningún problema, los chicos eran tranquilos y sencillos; como mencioné, en el pueblito la mayoría de gente poseía una amabilidad innata. Avanzó la noche y bebíamos un poco de licor de pisco, del Perú; un regalo de mi abuelo, me había obsequiado una caja, de esas de madera que no se les va el olor a pino en años. Yo no dudé en llevarlo a nuestro viaje y tampoco me arrepiento ya que lo disfrutamos; aun más Elías y yo en compañía de nuestros ojos azules.
Entrando en calor comencé un debateacerca del origen del pisco, entablé con la disputa que hay entre peruanos y chilenos para atribuirse la propiedad del licor; todo con la vileza que tenemos los briagos cuando ya estamos. Lo hice sin ninguna intención de cometer o agredir a ningún pueblo. No noté ninguna aspereza y seguí comentando sobre lo que me parecía y venía a la cabeza; criticaba a ambas partes pero también elogiaba el buen trabajo que los dos países ofrecían al mercado. Y así tal vez fui exagerando en lo que sabia del tema, claro que degustaba mucho pero no era mas que un consumidor; no llegaba ni a los pobres garzones que servían el vino a los talentosos catadores.
Ni mas ni menos exageraba pero no me elogiaba tanto, lo único que en lo que me excedí fue en mi gusto por el vino; que viéndolo bien ahora, en este tiempo, no me equivoqué.
Ese día, esa noche; la caja poseía nueve botellas y lentamente se fueron vaciando, se vaporaban en nuestras lenguas, y de uno en uno los somnolientos fueron apareciendo.
La intermitencia de las bombillas desgastadas apresuró el sopor entre Elías, Salomé, Lina y yo, y resistiendo debido al desgaste labial y perdida de saliva; hacía que bebamos continuamente sin sentir la embriagues en la que estábamos. Salimos luego hacia a una pequeña lumbrera con una de las botellas.
Recuerdo que en ningún momento nadie abrió los ojos por lo menos en una hora; tampoco era necesario, ya que la luna jugaba a ser una pequeña linterna demasiado vasta.
La madrugada se hacía notar con un frio que templó las mejillas de Lina y Salomé; nos pidieron entrar y regresamos con la sorpresa que los que creíamos dormidos estaban tan despiertos que seguían consumiendo pisco. Quizá solo al entrar me di cuenta de lo ebrio que estaba y fui a una recamara acompañado de ya sabe quien; Oswald.
Cuando nos metimos en la cama ella estaba tan fría que me heló apenas rosándole y la abracé hasta que me fui durmiendo. Y de hecho lo hice; plácidos ambos nos calentamos corporalmente sin  querer despegarnos, yo pensaba en la mañana siguiente y el estar con ella por lo menos un día mas.
Obviamente no sabia lo que iba a pasar aquella noche, o más bien a soñar; por que ahí radica todo esto mi amigo Oswald, verá; aquella noche transcurrió en una letanía sin igual, en un letargo del que nunca recobraré la conciencia; y eso hasta ahora lo dudo.
Le voy a decir que lo magnífico sucedió en tres etapas; en la primera yacía dormido, aunque para mi estaba mas despierto que nunca, la segunda estaba despierto; pero con la amarga sensación de querer librarme de una pesadilla, y la tercera; la mas perturbadora de todas, donde supe que contenía entre mi sueño y la realidad una potestad  casi absoluta de cambiar las cosas.
Tal como lo oye Oswald; voy a comenzar con la parte menos inverosímil de la historia, y no lo digo por que lo fuera; sino para que sea lo contrario alguien tiene que creerla y nadie lo ha hecho hasta estos tiempos y yo sé que seguirá de esa manera.
De hecho usted tampoco lo va a hacer; pero de todas maneras se lo tengo que contar, si lo llegase a creer estoy seguro que lo va ha olvidar.
Bueno, cuando me creía dormido, y lo hacia; desperté en el sueño por que escuché una discusión, únicamente me levanté de la cama y salí del cuarto para ver. Ahí estaban en medio de la sala Elías y uno de los invitados de nuestras amigas. Sencillamente no entendía el porqué de la riña; por que los imaginaba tan ebrios como yo. Los dos estaban casi al punto de entrar en tema de golpes e insultos, y yo muy formal me dispuse a separarlos y sentarlos en un sofá con mi persona en el medio. Primero me dirigí al extraño; lo era por que ni siquiera sabía su nombre y tuve que preguntarle fugazmente para no tratar de exaltarle, después hacía Elías, y debo decir que él era el mas irritado de los dos.
Le irrumpí varias veces por que tenía desmanes al expresarse, al punto de escandalizar; pero lograba aplacarlo con menciones que solo hace un buen amigo. Todo parecía estarse calmando pero cometí el error de servir algo de la botella que aparentemente estaban consumiendo, y he ahí el motivo. Todo por la discusión que yo mismo había iniciado; por el origen del pisco y a quien atribuir su estreno. Entonces recordaron el mal estar que se habían provocado y empezaron de nuevo. Hay algo que le quiero aclarar Oswald; yo no supe sino hasta después que el sujeto que llegó de invitado, de nombre Néstor, era de origen chileno; de hecho su abuela y su madre venían de los extensos viñedos que abarcan el país, en otras palabras eran jornaleras exiliadas.
Pero nada de esto lo supe, y no entendía la razón de la pelea; únicamente trataba de separarlos par evitar el escándalo. En un momento de ira tuve que retener a Elías para que no agrediera al otro y, muy ingenuamente no había notado que en la cabañas solo estábamos los tres; algo imposible por que nadie abandono el lugar pero así lo soñé, ya me ira usted entendiendo, Oswald.
La discusión había llegado al extremo que sentía la necesidad de buscar la forma de dosificarlos, sacando fuerzas de flaqueza tomé Néstor por los hombros y lo encerré en el baño atravesando un grueso picaporte. Claro que adentro golpeaba y gritaba para que lo deje salir; pero ignoré eso para calmar a Elías, claramente me interesaba más que él este sumiso. Después de una hora de platicar con mi amigologré sacarle toda esa furia que hasta ahora no puedo entender qué provocó; el otro se pudo ofender por desmerecer el trabajo de su madre y abuela, pero Elías; qué lo provocó tanto. Eso nunca lo sabré.
Con Elías serenado no me había dado cuenta que al otro pugilistael sueño le había llevado y estaba dormido en el retrete. Me sentí calmado y por un momento perdí de vista a Elías, observé la puerta abierta y este había salido. Fui detrás de el pensando que haría alguna estupidez; pero al salir a buscarlo se cerró la puerta y quedé afuera, me había engañado para que le dejara expulsar todo ese incomprensible odio contra Néstor. Desde fuera; por la ventana, vi como quitó el seguro del baño y sin despertarle le comenzó a romper una a una las botellas de pisco en la cabeza. La desesperación me invadió junto con la impotencia de no poder hacer nada; aunque eso duró segundos por que claramente podía ver sangre y una yaga enorme en su cráneo.
Ya nada había por hacer, los fuerte golpes que le propinó Elías lo habían matado; y con un temor hacia el, a lo que podía pasar y hasta contra mi mismo, logré que me abriera la puerta. Cuando entré y le miré a los ojos se derrumbó y arrodilló gritando a mis pies. Empezó a zarandearme y a gritarme, lo hacia muy fuerte, con tanta fuerza que me tumbó y oiga esto Oswald; al caer y tocar completamente el suelo desperté en la cama donde me dormí a lado de Lina y claro, ella no estaba. Todos estaban en el baño asombrados mirando el cadáver del pobre chico y a Elías sentado en el suelo paralizado completamente.
Así sucedió Oswald, ve por que le digo lo increíble de esta parte, así lo soñé y así ocurrió realmente.
Por supuesto que sucedió, el joven estaba muerto en el baño exactamente y en el suelo miles de trozos del cristal de botella; pero eso si, lo único que no estaba justificado era mi presencia y que tal vez solo yo sabia si fue así precisamente.
Ahora, voy a proseguir con la siguiente parte, en la que yo ratifico estar despierto y lo estaba. Pudo ser tanto miedo y confusión lo que me hizo dudar de mi lucidez en esos momentos pero estaba tan despierto como usted y yo ahora.
Luego de semejante calamidad todos salieron despavoridos; quizá para no involucrase o por puro pánico, no se; únicamente se quedó Elías por que no podía moverse, estaba petrificado y así se quedó. Después de pensar y pensar concluí que tendríamos que deshacernos del cuerpo y luego irnos para jamás volver; ahí poca gente nos llegó a conocer brevemente y peor sabían en que lugar del país vivíamos, ni siquiera las chicas de los ojos azules. Era lo mejor que podía hacer para ayudar a Elías, se trataba de homicidio y nada bueno le hubiera esperado aparte de la idea que escasamente esperaba le librase. Lo moví de las piernas, de los brazos para que saliera del shock pero no servía, le abofetee tres veces pero solo pestañeaba y ahí me di cuenta que tenía que hacerlo todo.
Me preguntará usted, Oswald; si no sabía que me estaba convirtiendo en cómplice, y peor aun si yo tenía la loca idea de desaparecer el cadáver; pero déjeme decirle que estaba consiente de todo aquello. En ese momento solo pensaba en ayudar a Elías y no pensaba en dejarle solo, no.
Después de asimilar que mi amigose quedaría en ese estado quién sabe por cuantas horas envolví al muerto con cuanto cubrecama y sabana encontré; después recogí las botellas, los trozos de vidrio y limpié la sangre y todo lo que pareciera o diera indicios del crimen. Lo dejé todo limpio, utilicé hasta combustible para desvanecer algunas manchas; pensé después en quitar los azulejos y las baldosas del baño por si quedaba algo, y lo hice. Lo que quedó del día la pasé martillando y rompiendo las cerámicas de la pared y del suelo; un viaje tras otro para tirar los pedazos lo mas lejos posible, todo eso me dejó cansado, exhausto, y con el ultimo aliento logré terminar. Me senté junto a Elías y lo miré profundo; parecía un pobre desquiciado que había pasado toda su vida en un sanatorio, con la mirada fija y perdida. Entonces comencé a imaginarme que permanecería así para siempre, que ya estaba trastornado y realmente necesitaba que lo internen y que todo lo que había hecho era en vano; comprometerme así por alguien que ya no tiene esperanza, que el resto de su vida la pasaría como un vegetal. Y yo, condenado únicamente por mover de lugar al occiso; peor aun si por lo menos llegaran a especular lo que había tramado, estaba mas hundido que Elías.
En esos momentos me sentía condenado a una vida de miseria y arrepentimiento; quien sabe si permanecería recluido hasta mi muerte o escaparía como un pordiosero hasta el fin de mis días. Tantas cosas me angustiaron y hacían estallar mi cabeza, solo pensé en dormir hasta que saliera el sol y perpetuar de una vez lo planeado antes de arrepentirme. Dejé a Elías tal cual en el suelo y me fui a uno de los cuartos para por lo menos estar cómodo y conciliar el sueño.
Ahora Oswald, esta parte termina ahí, como le dije, la única parte en la que puedo asegurar estar despierto; si, como lo oye. Ahora viene la tercera parte, donde volví a soñar, y corroboro las veces que sean necesarias que lo hacia; en esta parte entenderá todo. Entenderá el porqué le digo que aquí adquirí el beneficio por el cual le seré útil. En este fragmento que le voy a contar sabía que de nuevo estaba soñando; vuelvo y le repito que lo hacía por que renové el sueño donde se cometió el homicidio; sabía también que el sueño podía ser el mismo ya que miles de personas los repiten y no necesariamente una vez, sino cada noche por años.
El sueño fue el mismo como le relaté hace un momento, la misma hora, el lugar, las cosas etcétera; pero lo único que cambió fueron las circunstancias, o mejor lo único que podía cambiar, y viéndolo desde cualquier punto de vista cambiar eso lo es todo.
Las circunstancias son lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos; por las circunstancias podemos ser millonarios o pobres, podemos perder un brazo en un accidente, o perder el taxi que se estrelle y por el cual sigamos vivos. Las circunstancias son la cosa mas insignificantes que dejamos pasar; una oportunidad puede cambiar satisfactoriamente nuestra vida así como en un segundo podemos perder a toda nuestra familia de la manera mas insólita posible; en un descuido podemos cruzar la calle, detenernos un minuto y esperar a que pase alguien mas para darle la mano; puede ser un hombre o una mujer, puede ser que sea nuestro hermano perdido o el amor de nuestra vida, puede no ser nadie. Puede ser que por perder el tiempo en tratar de conocer gente sigamos el camino y alguien en un auto no nos vea y arrebate la vida, o simplemente llegue tarde y el elevador este dañado y por seis minutos pierda el trabajo.
Eso mi querido Oswald es lo que yo considero las circunstancias y gracias a ello logro caminar, despertar y seguir mirando; no veo a las opciones o causas de todos los días como un dios, no, ni mas faltaba. Yo veo a todo eso como simplemente circunstancias, las cuales puedo cambiar y ahora lo va usted a saber.
Como ya le mencioné el sueño empezó igual que como el primero, estaba recostado y escuché el ruido ocasionado por los gritos, igualmente me levanté y fui a donde estaban ellos, Elías y Néstor. Perdóneme; antes quiero recalcar que en mi letargo sabia que soñaba, extrañamente; tal vez por que reconocí el sueño o por que estaba subconscientemente advertido de mi nueva habilidad, no se; pero esta ves la situación fue diferente. Exactamente sabía lo que pasaría y mientras Elías y el otro joven discutían apenas en términos verbales; sin que ellos se dieran cuenta escondí todas las botellas de pisco, las metí en la misma caja y las guardé. Pensé que todas; pero faltaba la que ellos estaban tomando y por la cual sucedería el siniestro.
De la misma manera los separé y los senté en el sofá poniéndome en el medio de los dos. Como en el primer sueño me dirigí primero a Néstor; con la excepción que ya sabia su nombre y eso lo estabilizó un poco e hizo el trabajo de calmar a Elías más fácil, ambos estaban sosegados por que a cada uno le hablé alabando su perspectiva. Todo fluía bien; pero esa única botella seguía parada en frente esperando a que uno de los dos la notara para que se disparen de nuevo a esa incomprensible cólera; así que me levanté y haciendo parecer que tropezaba me fui abajo contra la mesa y la botella. Ellos, Elías y Néstor, echaron a reír y los dos me ayudaron a ponerme en pie, la botella de pisco estaba despedazada en el suelo e irreconocible y yo, me había encajado un trozo de vidrio en la mano que me sangró levemente.
Después nos volvimos a sentar y sentí que toda esa fricción entre ellos se había desvanecido, platicamos como una hora mas y pude ver que tanto Elías como el otro se habían quedado dormidos. Me levanté y regresé al cuarto donde pensaba que seguía Lina; pero recordé que en el primer sueño en la cabaña no había nadie más que nosotros tres y de todas maneras volví a recostarme a dormir en la misma cama de donde le levanté.
Y en el sueño dormí pensando que tal vez todo se hiciera realidad, que todo lo que logré remendar y corregir fuera realidad.
Ahora desperté, en verdad desperté, no desperté en el sueño si no en la realidad; estaba en la misma cama y pensando en lo que hice. Trataba de hacerme la idea de cuanto mas rápido salga del pueblo mejor; antes de salir de la habitación pensé en el combustible y en incendiar la cabaña, lo consideré enserio, en quemar todo junto con el cadáver, casi estaba seguro; pero al abrir la puerta de la recamara no me va a creer lo que vi.
Por esto le puedo decir que es la peor de las tres etapas; en donde me di cuenta del poder que ostentaba mi cerebro al difuminar la línea del sueño y la vida como la conocemos, de cambiar esas circunstancias para crear un nuevo orden, corregir y enmendar. Si, a mi antojo digámoslo así, para bien o para mal, sin afectar la memoria de los demás seres; quedando únicamente en mi cabeza, reteniendo esa información para aplicarla sin que después nadie se diera cuenta o sospeche por lo menos de lo que pasó, lo que acabé de cambiar. Todo eso es el universo, las circunstancias, y el poder de cambiarlas. Pero déjeme que le cuente como termina todo.
Al salir de la habitación estaban, como ya se podrá imaginar, todos y cada una de las personas que estaban la noche anterior, todas sanas, sin un rasguño, todo en orden. Las botellas de pisco  fui a revisarlas y seguían escondidas en su caja; y la mesa, la estaban levantando y limpiando junto con la única botella que se rompió; aunque me dijeron que se había caído sola no lo entendí ni lo quería entender.
Estaba contento de que hubiese resultado así y no por que ninguno estuviese muerto o nadie condenaría su vida, sino únicamente por que sentía la naturaleza de mi maestría, la de cambiar las circunstancias por medio de un par de sueños. Así que desde ese momento supe que nadie me iba a agradecer si les llegase a salvar la vida o evitarle una desgracia, nadie se enteraría de aquello. Quizá me convertí en un hombre egoísta, misántropo, ermita, no sé como más definirme. Dejé de ver a Elías; a todos mis amigos y emprendí esta carrera solitaria por la cual ahora usted me necesita.
Ya sabe bien lo que puedo hacer; pasado mañana le habré salvado la vida e impediré que reciba ese plomazo que le deja con pocas esperanzas, respirando artificialmente.
Lógicamente usted en dos días más ni siquiera sabrá que existo, vivirá sin imaginarse de lo que he sido capas de hacer por salvarle la vida, todo por pagarme unos cuantos millones. Le estoy dando una nueva oportunidad arriesgando mi  propia existencia; aunque haya perfeccionado y dominado esta fisión a los sueños y la realidad no me garantiza que el balazo no lo reciba yo por salvarle.
Le voy a indicar algo que el vidrio me dejó cuando se incrustó en mi mano al tirar la botella que originó el alboroto, supuestamente estaba soñando cuando pasó pero aquí está, la cicatriz que lo comprueba y que fecunda mi historia; es real y usted va estar bien en dos días mas. Así que duerma usted tranquilo mi buen Oswald y hasta nunca.
 
 
 
 
 
                                                                                                                         Fin

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Roberto Noriega.
Published on e-Stories.org on 24.01.2013.

 

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