Natalia Gutiérrez San Martín

Escoge la que quieras.

Crecí escuchando ritmos excitantes, que me motivaban a ser diferente, no por opción, más bien por obligación, y no me refiero a "diferente" como alguien que se viste de negro, que utiliza base más clara que el tono de tu piel para ser tenebroso, ni tampoco como alguien que está constantemente sufriendo por intentos frustrados de espantar, no. Es mi mente, es mi corazón, mi alma, mi todo interior, mis actos. Tengo una forma estructurada de ver la vida, confío en el destino y en la suerte, y es por eso que al comienzo de mi vida quise dejarme llevar, sin embargo, la tentación de poder elegir mi futuro se presentó al frente de mis ojos y no resistí, así que bien, esta noche se siente un ambiente apasionado, fuerte, lo que provoca en mí unos deseos incontrolables de ponerme el pijama rojo y delgado, porque se siente un calor eufórico, de paso servirme un vaso de vino, de ese vino añejo de color impetuoso, lleno de viejas historias que sean buenas o no, siempre llegan hacia mí.
Sentada en el sofá comencé a ver un álbum de fotos infinito, y se originó entonces un proceso de flashback, contemplando los claros reflejos de mi niñez, adolescencia, y todo lo que sigue... Empecé por los 4 años de edad, ahí fue cuando mis padres se separaron, lo que provocó un total cambio en mi vida. La verdad es que era una niña, sin la real conciencia de lo que pasaba, pero si recuerdo que esa niña sintió un aterrador vacío en el pecho que no la dejaba traspasar el oxígeno a sus pulmones en el instante en que observó a su padre partir. Él me dio un eterno beso en la frente y me dijo que nos volveríamos a ver muy pronto, y para ser honesta aún lo estoy esperando.
Al crecer, fui notando la ausencia de mi padre, la vida en el hogar se hizo más complicada, constantemente faltaba dinero para la comida, y me vi en la obligación de adaptarme a los cortes de luz, al agua fría, a la ropa americana, entre otras cosas más. A los 11 años me dediqué a trabajar en la feria, un amigo de mi madre tenía un puesto y necesitaba un ayudante, así que de lunes a viernes asistía a la escuela y sábado y domingo vendía frutas mientras mi madre desperdiciaba su sabiduría trabajando en un centro estético.
Durante esa etapa, recuerdo que tuve problemas con la sociedad, la gente me miraba extraño y sé lo que decían de mí, era una inadaptada social, porque no me importaba la gente, no me gustaba compartir con nadie, no tenía amigos, y los demás no conocían mi vida, sólo yo me conocía, sólo mi mente conocía mis pensamientos y emociones. Cuando tenía que ir a la escuela, solamente iba con el fin de estudiar, los fin de semana me concentraba sólo en trabajar bien, era de mente cuadrada y la vida no me motivaba.
Voy en la tercera copa de vino, y ahora sonrío levemente al recordar mi adolescencia. Cuando cumplí 15, mi madre me organizó una fiesta sorpresa a la que asistió ella, mis hermanos, un par de tíos, y tres compañeras de la escuela a las que jamás consideré mis amigas, pero como más de una vez fui a sus casas a hacer tareas, mi familia creyó que al fin estaba siendo una chica normal. A pesar de todo, nunca me sentí infeliz por eso, sentía que no debía confiar en la gente (seguramente eso es producto de la promesa jamás cumplida de mi padre), pero al mismo tiempo sentía que cualquier día llegarían personas nuevas a mi vida las que sin hacer una mayor demostración de confianza, yo accedería a unirme a su vida, porque la honestidad se percibe.
A los 16 me inscribí en un curso para aprender a tocar el violín, en donde conocí a Ignacia, una chica de 17 ya bastante experta en el tema de la música, aprendió desde pequeña, y debo confesar que ella me enseñó mucho más que mi profesor. Desde el primer día comenzó a sacarme carcajadas, cosa que me llevó a sentir cariño y aprecio por aquella chica, que cada día crecía más y en fin, sí, ella fue mi primera y última mejor amiga.
En ese período mi madre al fin comenzó a utilizar más sus grandes capacidades y se dedicó a escribir libros, que al ser terminados tuvieron mucho éxito y sin dejar de lado su trabajo con la estética conseguimos establecer una vida sin complicaciones con el dinero y los recursos. Es por esa razón que dejé la feria y me dediqué sólo a estudiar y a divertirme un poco.
Durante un semestre entero iba con Ignacia al parque después de las clases de violín, y pasabamos toda la tarde hablando de cosas que sólo nosotras entendíamos. Siempre noté algo extraño en ella que me provocaba dudas e intrigas y que me estimulaban a conocerla más, a no separarme jamás de ella para poder descubrir qué es lo que ocultaba, entender el por qué de cada una de sus actitudes, cada día prosperaba en mí una necesidad de ayudarla, pero el enigma era que no sabía cómo ni en qué, sabía que algo oscurecía su vida, pero jamás me quiso dar ni siquiera pistas, conmigo reía y se notaba como olvidaba que tras cada despedida entre nosotras a ella la esperaba una sombría noche la cual yo aún no comprendía.
Ahora, en la cuarta copa, comienzo a contemplar una página extraña de este álbum... que contiene una sesión de fotos de un único momento y el contexto era el siguiente: Una mujer alta (a mi parecer alta, hasta descubrir que la mitad de su altura se debía a sus enormes tacos), de cabellos rubios, llena de rulos y un fuerte maquillaje en su rostro, y qué divertido... el vestido que usaba es parecido al pijama que yo estoy usando ahora... lo que es la vida. Bueno, estaba ella en la calle, de noche y dejaré de darme tantos rodeos para contar de inmediato lo que pasó aquella vez.
Un viernes 15 de agosto (cómo olvidarle) tuve una extensa conversación con Ignacia en el parque, no aguanté más mis inquietudes y le pedí que me contara que es lo que hacía al llegar a su casa. Ella comenzó a llorar y me dijo que no quería que llegara ese momento, iba todo tan bien entre nosotras que no quería hablar de sus problemas.
- Nacha, pero quizás puedo ayudarte, no se supone que los amigos están para eso? por qué no confías en mí? le cuestioné.
- No es que no confíe en ti, pero hay cosas que no tienen solución, son esas decisiones que marcan tu destino y no te permiten retroceder, ni borrar, y la verdad es que desde que te conocí supe que mi única salvación, era arrancar de mi vida, y olvidarla mientras paso ratos agradables contigo, me respondió.
- ¿Sabes? agregué, no quiero obligarte a nada, pero no puedo con esto, sé que algo atormenta tu alma y me incomoda el hecho de no poder ayudarte, yo creo que todo tiene solución siempre que tengas a alguien dispuesto a ayudarte... no deseo empeorar aun más las cosas, pero esta amistad a la cual le veía futuro, no seguirá bien si no te conozco realmente. finalicé.
Ignacia miraba y miraba su reloj, demostrando que estaba retrasada a su "otra vida", así que de pronto secó sus lágrimas, me pidió perdón y sin más palabras se marchó.
Yo tirada en el pasto no sabía que hacer, hurgué en mi mochila y saqué la cámara de fotos, comencé a ver las que me había sacado con ella ese mismo día antes de esa pequeña discusión, y ahí fue cuando tomé mis cosas y decidí seguirla.
Llegué a su hogar y ¡wow! esa casa era enorme... la verdad es que me costó creer que una chica tan sencilla pudiera vivir ahí, en fin. La esperé hasta que se hizo de noche, y exactamente a las 23:30 hrs. me asomé y noté que de esa puerta salió una joven totalmente distinta, vestida de rojo, muchos rulos en su cabeza, maquillaje fuerte y unos tacos altísimos. Le tomé foto tras foto mientras se dirigía a la calle, hasta que una lágrima calló de mi rostro cuando a una de esas fotos le agregué zoom y descubrí que esa joven era Ignacia y se dirigía a buscar clientes. Era ella una prostituta.
El lunes siguiente llegué tarde a las clases de violín, y ahí estaba ella, esperándome con una sonrisa en el rostro y música nueva para enseñarme. Recuerdo que no fui capaz de decir una sola palabra durante varios minutos, ya que en ella no veía más que ese rostro tapizado en maquillaje y esos brillantes rulos amarillos.
Al finalizar las clases, ella me agarró bruscamente del brazo y me llevó un tanto alterada al parque al cual siempre íbamos.
- Me seguiste, ¿verdad? me dijo.
-Sí, le contesté con un rostro neutro.
-¿Por qué lo hiciste? ¿A caso te sientes con el derecho de meterte en donde no te importa? en donde no te llaman? por qué no dejaste que las cosas siguieran normales, por qué tuviste que arruinarlo todo, ¡¡¿Por qué?!!!
-Ignacia cálmate, respondí, No es que me sienta con el derecho de hacerlo, simplemente quise hacerlo por que tenía miedo de que estuvieras pasando por algo feo y quise ayudarte, no puedes culparme por eso, yo si puedo enojarme, pero no lo haré, hasta que me digas por qué, necesito entender bien todo esto...
-No hay nada que explicar, mi vida fue, es y seguirá siendo siempre un asco. Cuando nací mi padre murió, y era él quién nos mantenía, tenía un buen trabajo y todos vivían bien a costa de él. Es por eso que cuando falleció, mi madre no supo qué hacer con nosotros (somos cuatro hermanos, tres mujeres y un hombre). Así que ella se volvió drogadicta, Pedro mi hermano se suicidó, no teníamos dinero y yo recién estaba comenzando a vivir. Cuando cumplí 12 años, mi madre encontró a un hombre espectacular, que la sacó del vicio y de la mala vida, y él nos enseñó a todos que la vida se divide en dos: están quienes sufren y quiénes tienen la dicha de ser felices. Siendo así, quienes nacen con un camino desgraciado, tienen la opción de cambiarlo, pero sólo si aceptamos que cualquier medio para salir adelante será siempre el correcto. Concluyendo esas palabras nos llevó a mis hermanas y a mí a conocer su lugar de trabajo, era una agencia gigante y muy elegante, jamás imaginé de qué se trataba, y sí, la agencia se llamaba "mujeres nocturnas" y era claramente de prostitutas. Desde ese instante nos prometió que apenas tuviéramos 15 años el nos transformaría en una de sus mujeres, y nuestra vida daría un giro de ciento ochenta grados.
Pasaron tres años y su promesa fue cumplida, a tal extremo que cuando cumplí 16 años me convertí en la líder de todas las mujeres nocturnas. Nuestra vida fue cambiando poco a poco, en un comienzo me era un tanto desagradable mi trabajo, pero entré ahí sin tener conocimiento ni consciencia, por lo que no se me hizo difícil, para mí, vender tu cuerpo es como vender un perfume, o vender frutas en la feria. Comencé a ganar mucho dinero, nos cambiamos de casa, compramos autos, lujos, joyas, y mi vida ahora es otra.
-Entonces, ¿estás feliz? le pregunté. No entiendo, porque comenzaste a contarme tu historia de una forma trágica, primero me contaste lo peor y finalizaste con un lado positivo, que ahora tienes dinero y tu vida cambió, ¿por qué entonces fingir tener otra vida?
-¿No entiendes? me refutó. ¿A caso para ti el dinero y los lujos son sinónimos de felicidad? si es así estás muy mal. Ahora comprendo que la filosofía de mi padrastro es totalmente errónea, porque cuando naces desgraciada, mueres desgraciada, y lo único que puede salvarte no es el dinero, ni nada material, es el amor, lamentablemente el amor no llega cuando conllevas una vida de puta. Sabes?, una vez me enamoré, sentí algo que jamás había sentido, era tanto, que me sentía capaz de dejarlo todo por esa persona, todo. Sin embargo cuando él se entero de mi vida, bueno, ya sabes, se fue y no volvió.


Sexta copa de vino y creo que si sigo amaneceré con una migraña espantosa.
Recuerdo que luego de esa extensa conversación, nuestra amistad se fortaleció más que nunca, ya que ella creyó que yo como todas las personas, me alejaría de ella por su condición de puta, y no fue así, mis últimas palabras fueron: "Jamás te dejaré sola". Pasaron los días, los meses, los años, nos retiramos de las clases de violín porque ya teníamos el conocimientos suficiente para lanzarnos a la vida y destacar nuestra pasión, tocamos juntas en algunos bares de mala muerte, e incluso más de una vez tocamos en su agencia. A veces, pensaba en la opción de trabajar con ella, sé que suena horrible, pero la verdad es que para mí el dinero no es sinónimo de felicidad, pero creo que la construye en un 60%, así que muchas veces se lo planteé. Sin embargo, ella jamás me dejó, e incluso cuando vio que era mucha mi insistencia me prohibió acercarme a ese lugar, y jamás volvimos a tocar ahí. Era ella una excelente persona, jamás entenderé porque algunos se alejaron de ella, eran unos réprobos amantes del prejuicio. Sé que el motivo de su actitud y su decisión de alejarme de ese lugar fue porque no quería que yo pasara lo mismo que ella. Siempre me lo dijo, ella deseaba con todas sus fuerzas que yo fuera lo feliz que ella no podía ser, que conociera el amor, que me dedicara a lo que realmente me gusta.
Dentro de toda esa larga historia, hubo un día en dónde Ignacia volvió a ver a esa persona de la cuál una vez se enamoró y éste la dejó. Ese hombre se llamaba Michael y le decían Mike. Desde un comienzo le advertí a Nacha que él no era bueno, ya la abandonó una vez por prejuicios y quizás qué cosas peores podía hacer, pero no había caso, ella definitivamente creía que jamás podría volver a sentir algo parecido a lo que sentía cuando estaba con él.


Ya, es todo, última copa de vino. Cerré el álbum, recordé todo lo que tenía que recordar y sí, me siento horrible. Yo nací al medio de "las dos vidas" la desgraciada y la dichosa, tuve al frente mío la opción de decidir, si ser feliz o no serlo. El destino me presentó una mesa adornada con una tira de cartas de póker, y yo podía escoger la que quisiera, hice mal, decidí entregarme a lo que la vida tuviera para mí, decidí dejar de pensar y dedicarme sólo a disfrutar. Mi deseo se me fue de las manos y acabé cometiendo los peores errores de mi vida, me enamoré, como nunca pensé que iba a hacerlo, más que Ignacia, más que cualquier persona, y era tanto que me sentí capaz de dejarlo todo por esa persona.


Escucho pasos acrecerse a la puerta, es él, viene llegando del trabajo. Abre la puerta.
- Hola preciosa, ¿qué haces despierta a esta hora?
- Pensé que llegarías mas temprano, le respondí. Decidí esperarte con un vino y una sorpresa, y se me fue el tiempo viendo fotos y recordando cosas antiguas.
- Sabes que no me gusta que hagas eso, me retó. Una vez te pedí que quemaras ese álbum y te lo vuelvo a pedir. Ella ya no está, y no va a volver, nosotros la traicionamos y ella quedó sola, hundiéndose, llevando a cabo su desgraciada vida. No es nuestra culpa cariño, el amor fue más fuerte y hoy estamos felices, ¿qué importan los demás?
- Eres un asco de persona le dije, y eso es lo que me encanta de ti, eres mi maldito complemento, y nos iremos juntos al infierno, vamos a la cama, Mike.

"Nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos a quiénes no conocemos por esta razón: porque todavía no nos han traicionado" Samuel Johnson.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Natalia Gutiérrez San Martín.
Published on e-Stories.org on 06.05.2012.

 

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