Yoan Valladares

BUENAS NOCHES CARIÑO

Me encontraba caminando más allá de una avenida central, eran las nueve de la noche aunque debido al horario de verano todavía era de día. Dos mujeres caminaban delante de mí, las reconocí y me fijé en ellas. Las dos se habían puesto tacones feos y más altos de la cuenta, sus vestidos no me parecieron nada especial.

-Buenas tardes chicas!- Dos caras envejecidas y repletas de maquillaje se giraron hacia mí.
-Hola Yoan! Sabes dónde queda el restaurante? Llevamos un rato buscándolo y estamos perdidísimas.
-Claro que sí, es por aquí.-Me puse al frente y ellas me siguieron.

Yo no tenía mucha idea de dónde era, lo había buscado en Internet, utilizando el Google maps para meterme por las calles, me acordaba de que era cerca de una farmacia…

Había quedado aquella noche con esas mujeres y unas 20 personas más para cenar, era una cena para celebrar que habíamos terminado el máster. Yo no sé por qué fui, la mayoría de mis compañeros me parecían idiotas; aunque algunos, o más bien algunas, me caían bien.

Las dos mujeres que me seguían eran del grupo de los idiotas, eran las dos bastante maduras, yo me preguntaba para qué coño querrían un máster, y se habían arreglado en exceso para la ocasión, sin mucho éxito. Una de ellas tenía un trozo de una ramita en el pelo, probablemente le había caído de un árbol, esperé un rato, hice varias teorías sobre por qué la otra no se lo había avisado y luego se lo dije y se la quité amablemente. Estaba a punto de confesarle a mis seguidoras que estábamos perdidos cuando vi la farmacia.

-Ahora por aquí, ya casi estamos- Doblamos la esquina, avanzamos un poco más y llegamos.

Algunos de nuestros compañeros ya habían llegado, todos del grupo de los idiotas, me dieron ganas de irme. Una de las chicas que había llegado era Luisa, una chica de piel blanca, pelo negro, la cara un poco marcada por el acné pasado, y algo rellenita. Había hablado bastante con ella a lo largo del curso, pero realmente no me caía demasiado bien y me parecía fea aunque sospechaba que yo le gustaba a ella. Fue la primera en saludarme y hablar conmigo.

Tuve unas cuantas conversaciones aburridas y deprimentes, luego llegaron algunas de las que me caían bien, concretamente Sara y Cristina, las dos estaban buenísimas. Sara era delgada, con el pelo castaño claro tenía unos labios preciosos y me encantaba como se ponía roja cuando hablaba con los profesores, durante el curso se sentaba a mi izquierda aunque nuestras mesas estaban separadas. Durante las clases yo me había imaginado muchas veces como sería follármela, y me parecía algo bastante posible. Cristina me parecía incluso más guapa, yo tenía un gusto un poco peculiar para las mujeres y me había dado cuenta de que probablemente muchos discreparían conmigo en cuanto a cual era más guapa, que les follen. Cristina era incluso más guapa, tenía el pelo largo negro y ondulado, muy buenas curvas y una cara peculiar, con la nariz y los ojos grandes, era preciosa. Pero no me transmitía la sensación de que pudiese follármela, incluso me costaba imaginármelo. Durante el curso no había hablado con ellas, solo hola y adiós, esta vez sí hablamos. Tuvimos más conversaciones aburridas y deprimentes y finalmente entramos dentro.

El sitio estaba bien aunque no me tocó al lado de ninguna de las que me caía bien, y sí al lado de Luisa. Pedimos la comida y empezamos a beber. Yo me bebí bastante más y más rápido que mis compañeros.

Conforme íbamos bebiendo las conversaciones eran más divertidas y agradables. Un rato más tarde crucé la mirada con Xenia y me llamó, yo ya estaba un poco borracho. Xenia era otra de las que me caía bien, era jugadora de volleyball y estaba también buenísima, con sus piernas perfectamente tonificadas y el culito respingón. Tenía las paletas bastante separadas pero eso no la afeaba para nada, que les follen a los que piensen lo contrario.

-Aquí hay un hueco libre- Me dijo señalando el asiento a su lado.

Fui hasta ella con más ansias de las que me hubiera gustado aparentar. Me senté muy cerca de ella.

-¿Qué, como te lo estás pasando?-Me dijo.
-Muy bien Xenia, gracias por organizar la cena, sin tu esfuerzo esto no hubiera sido posible.
-Jaja, no seas pelota anda.
-Al final –dijo ella- me instaló el Contaplus el informático, me hizo el favor.
-Quería que le hicieras tú un favor más bien. Joder con el súper esfuerzo que hice para grabártelo y así me lo pagas, ignorándolo completamente… encima escribí un manual especial comprensible para chicas norteñas como tú.
-Jaja, gilipollas, no te metas con las norteñas.

Seguimos hablando un rato más, yo no paraba de imaginarme besándola, pero al igual que Cristina, no me transmitía sexualidad hacia mí, no tenía posibilidades con ella. Entonces llegó la otra Cristina, casi cuando habíamos terminado de comer. La otra Cristina era guapísima también y lo que más me gustaba de ella eran sus tetas, tenía unas tetas grandes y preciosas. Aunque nunca la había visto con escote. Hiciera el calor que hiciera durante el curso ella nunca se había puesto un escote, yo me preguntaba por qué sería pero aún así sabía que tenía unas tetas grandes y bonitas, se notaba.

Hoy si se había puesto escote. Me dirigí a mear al baño y me crucé con ella

-Hola Cristina, casi no llegas.
-Sí jaja, es que se me había olvidado que teníamos cena hoy.

No sonó nada convincente. No le miré las tetas, no hacía falta, ya sabía perfectamente como eran.

Cuando terminamos de cenar el grupo se reunió en la entrada del bar para pagar y tomar unos chupitos. Sacaron uno para cada uno y estaban bastante buenos, como con un toque a caramelo. Yo me bebí tres. Sara estaba al lado mío y tenía un paquete de cigarrillos en la mano.

-Ey Sara, vamos fuera a fumar.

Casi sin dejarme terminar la frase se encaminó a la puerta sin decirme nada.

-Me dijo Abdul que a finales de mes hay una fiesta de García, ¿vas a ir? –dije yo

Abdul era uno de mis compañeros de piso, y había sido compañero de trabajo de ella, García era el nombre de la empresa. Una empresa de auditoría explotadora, ella había sido lista yéndose, Abdul era demasiado adicto al trabajo como para irse.

-Sí, me cogieron para que haga un striptease. Es una sorpresa, no se lo digas a Abdul.
-Qué atrevida tú, ¿no?
-Qué va, es sólo un simulacro de striptease para reírnos y eso.
-Ah, que mierda.

En seguida salieron el resto de compañeros y nos dirigimos a un bar a seguir con la fiesta. Xenia se ofreció a llevarme en coche aunque no era muy lejos. Acepté. Ella no había probado una copa de alcohol ni un cigarro en su vida, una buena chica. Intenté convencerla a lo largo del recorrido pero no cedió. Una buena chica.

Una vez en el bar seguimos bebiendo, yo ya estaba bastante borracho. Cuando me emborrachaba me gustaba hacer preguntas indiscretas, me resultaba bastante divertido, así que empecé con el repertorio.

-Patri, ¿por qué nunca te pones escote? ¿Tienes miedo a resfriarte?
-Jaja, es que tengo mucho que esconder.

¿Esconder por qué? Me parecía absurdo.

-¿Esconder? ¿A qué tienes miedo?
-Jaja, es que tengo mucho que esconder.

Ella también estaba un poco borracha. La otra Cristina estaba unos metros más a la izquierda, pegando en el hombro de Sara un tatuaje que le había venido en un paquete de papas.

-Eso te dará un toque sexy en tu striptease. –dije yo.

Ambas se rieron.

-Cristina, ¿por qué llegas siempre media hora antes a clase? ¿Tantas ganas tienes de verme?
-Jaja, es que si no me cuesta conseguir aparcamiento, prefiero aparcar antes aunque luego tenga que esperar.
-Ah, qué divertido.
-Sara, vamos a fumar fuera.

Reaccionó igual que la anterior vez. Fuera había bastante gente, debido a la prohibición de fumar dentro de los bares, miré a mi alrededor y vi una chica subiendo calle arriba, llevaba de la mano a lo que parecía una niña de 3 años, pero si te fijabas bien era una mujer adulta enana, medio calva y con una cara horrible. Llevaba un vestidito con un lazo. Al lado mío había otra chica fumando, que cuando vio pasar a la enana dijo “Ooohh qué mona la niña”, luego se fijó un poco más, se quedó parada un segundo y se empezó a descojonar ella sola, se reía y se reía, estuvo a punto de asfixiarse. Sólo yo me había dado cuenta, le lancé una mirada cómplice y le dije “vas a ir al infierno”.

Cambiamos de bar unas cuantas veces. Hablé bastante con Sara y las dos Cristinas, me caían muy bien, yo aprovechaba para abrazarlas y agarrarlas por la parte baja de la cintura. Empecé a llamar a Sara querida mía y ella me decía marido. Yo estaba bastante cachondo.

Finalmente se fueron, Xenia también se fue, una vez más sin probar ni gota. Quedamos yo, unos cuantos idiotas que ya no me parecían tan idiotas, Luisa y Ruth. Ruth era otra compañera del master que por lo visto se apuntó a la fiesta bastante más tarde. Era una de las chicas más flacas que había visto en mi vida, aún así me parecía mona tenía un cierto morbillo. Decidimos ir a un último bar, yo no sé por qué acepté, tenía ganas de irme a dormir.

De camino a este nuevo bar me quedé un poco rezagado, ya empezaba a tambalearme. Luisa se dio cuenta y vino a mi lado.

-¿Y tu novia? – me preguntó
-¿Qué novia?
-¿No tienes novia?
-Claro que no.

Me miró con una sonrisa. Era una sonrisa bastante fea, como de chica mala cutre.

-La acabas de liar diciendo que no tienes novia.

Se acercó y me besó. Me metió con fuerza la lengua, parecía desesperada. Yo dejé que me devorara. Seguimos caminando y cada veinte pasos me volvía a besar, yo le toqué el culo y el conejo por encima de los vaqueros. Cuando llegamos a la puerta del bar oí que Ruth le decía “¡Felicidades Luisa!”. No sé muy bien si en ese momento Ruth perdió o ganó atractivo para mí.

Dentro del bar intenté despejarme dando vueltas y alejándome de ella. Una chica rubia grande y un poco gorda le dijo a su amiga, “mira que chico más mono”. No me parecía nada atractiva así que sonreí, le di un beso en la mejilla y seguí dando vueltas. Luisa me seguía, me acorralaba y me volvía a besar. Yo me sentía muy presionado, quería escapar.

-Si quieres que pase algo vámonos ya a tu piso.- dije
-No. Espera, todavía no.

Aproveché que estaba cerca de la puerta y me dirigí a la salida para irme. Justo cuando iba a salir, Luisa me agarró del brazo.

-¿Adónde vas?
-Me voy.
-No te vallas todavía.

Intenté soltarme, ella me agarraba con una fuerza titánica. Finalmente me concentré, di un tirón y conseguí escapar. Me encaminé hacia mi piso, medio tambaleante. Pensé que era agradable tener el piso cerca de la zona de bares y poder ir caminando, además no hacía mucho frío. Era una noche agradable.

Cuando llegué meé, me lavé los dientes, me quité la ropa, la tiré en el sillón y entré en mi cuarto.

-Buenas noches cariño, ¿Se lo pasó bien?- dijo una voz femenina y dulce desde la cama.
-Más o menos.

Me metí a la cama y me quedé dormido junto a mi novia.


Yoan Valladares

 

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Published on e-Stories.org on 27.09.2011.

 

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