Rubén Angel Scaramal

28 años

La parte mas difícil de contar una historia de ficción es el final. Por lo menos para mí que soy  novel en estas artes.

La cosa es que si lo que se cuenta es una historia real, la dificultad nace cuando esta historia no ha terminado, o bien si tuvo un final, no fue percibido o resulta ser este el prólogo de una historia “aparentemente” nueva, distinta, con los protagonistas mas viejos, en otro tiempo y con un contenido diferente. Entonces, ¿podemos hablar de un final? ¿Podemos hablar de un principio?

La historia de los ex esposos que terminan siendo amigos., los divorciados que vuelven a ser amantes, los amigos que acaban por ser acérrimos enemigos. En definitiva la historia nace como resultado de hechos fortuitos, al igual que las relaciones humanas entre si, y en consecuencia se desarrollarán. Pensemos en cuando muere el hombre y nace el mito.

Yo me pregunto si la realidad tiene  comienzo  desarrollo y  fin en el mismo orden en el que advertimos los hechos. Si al contar  los hechos ordenados cronológicamente, estamos siendo fieles a la historia. Pienso que no, que hay finales que están en el principio, como si fuese la crónica de una muerte anunciada, otros en algún evento del desarrollo y si no se percibe eso, buena parte de lo que se escriba, cuente, o se piense es estéril, o sobreabundante y aburrido.

Ahora me pregunto ¿Los finales son contemporáneos con nuestra percepción?

Creo que nuestra negación a ciertas cosas nos hace ubicar los finales en el último minuto, en la última página, en el último párrafo respetando un esquema. Pero las historias son chúcaras, empiezan y terminan cuando les viene en ganas.

Ante el hecho de no querer admitir que empezamos a morir a partir del nacimiento, hace que  festejamos los cumpleaños sin reparar que por cada año ganado es uno menos que nos queda, que al mismo tiempo que crecemos, también envejecemos. De alguna manera tratamos de patear el final, lo mas lejos que podemos en el tiempo. Es nuestro mecanismo de defensa.

Y los principios? Los principios corren una suerte parecida?. El principio de una historia, ¿coincide con nuestra percepción?. La historia del dolor comienza cuando empezamos a sentirlo o cuando se hace insoportable?  Principio y fin ¿sobre que hablamos cuando decimos el principio del fin?.

De estas dudas y muchas otras, supongo que nacen los finales abiertos como una necesidad y que tal vez existan los principios abiertos. Sospecho que ni los protagonistas, y relatores de su propia historia, pueden ubicar ese principio y ese final en el tiempo de manera exacta. Y de ser así,  no se puede esperar que todos los lectores lo ubiquen de manera uniforme, que todo el mundo vea una o mas historias, que todo el mundo crea o no la historia.

Seguramente esta pequeña disertación está llena de fisuras, como la historia misma, y cualquier persona con mas o menos luces podrá evaluarla, corregirla, contradecirla, criticarla o descartarla; pero pienso que lo escribí para mi, para darme tiempo suficiente para establecer un principio y un fin, pero me doy cuenta que esta como tantas otras historias escapan a la cronología y rebeldes como todas, empezó y termino cuando quiso.

De todas formas con alguna línea de tiempo, pasaré a contarla

En 1980 estaba cursando el quinto año en el Comercial de Adrogué, esperando el evento que le daba algún sentido a los cinco años de blazer, corbata, zapatos y madrugones para las clases de educación física. El título de Perito Mercantil? NO! El viaje a Bariloche.

En agosto llegó el día de partir, y allá fuimos, junto a otro micro que traía solo alumnas de un colegio de La Boca.

En una parada la veo; radiante, simple, somnolienta siempre. Ojos verdes y solo diecisiete años. Llegamos a Bariloche y el paisaje perdió protagonismo.

Yo dieciocho años, bien querido por mis amigos que hoy todavía tengo. Joven, muy joven, coqueteando con la bohemia, con alguna expresión artística, y payaso. La vida me esperaba con los brazos abiertos..

Volvimos de Bariloche, tomé coraje y fue casi un año de besos, risas, y un zaguán de caricias. Cuanto miedo a perderla. Cual era la medida justa de besos? De caricias? De palabras? De tiempo?.

Enero de mil novecientos ochenta y uno me llaman al Servicio Militar, y seis meses después me encuentro con su adiós. Simple, algunas lágrimas de ella, algo de estupor de mi parte. Mi culpa, mi tristeza, mis preguntas sin respuesta y el último tren en constitución que me llevaba de vuelta.

Era un pibe.

Marzo de 1982, vuelvo a la vida civil.

Después de seis meses de pensarla diariamente y de soñar encontrarla. Me dejo crecer un poco el pelo y el bigote y salgo a la vida.

Mi vieja se fue de gira muy joven, y Argentina como siempre tenía ese claroscuro que nos hace vivir entre luces y sombras. Se iba el gobierno militar, volvía la democracia, no sin antes pasar por la Guerra en Malvinas. Alfonsín el hombre que traía de la mano la esperanza, donde con democracia se iba a educar, curar y alimentar, el juicio a la junta nos enteraba de lo que no vimos y de lo que no quisimos ver, se caminaba por las calles entre manifestaciones populares, reclamos, derechos humanos y la hiperinflación se asomaba para crecer y quedarse por otra década. Charly le cantaba al inconciente colectivo y la negra nos devolvía a Violeta.

Mi viejo también partió.

Algunos amigos emigraron y no volvieron, otros se fueron perdiendo en la vida y algunos pocos, los mejores son los que escribieron parte de mi historia y me permitieron escribir parte de la de ellos. Adrián con su humor y su bondad camaleónica, Mario con su seducción, Jorge con su romanticismo, Alejandro con su música, Silvio con un corazón que solo puede albergarse en un pecho con esas dimensiones, Claudia con sus rayes cariñosos, Laura, Rosita, Néstor y otros que ya no están.

Los años fueron pasando, algunos con penas otros con gloria, vino un nuevo amor, matrimonio, hijos, años duros y de ella solo me quedaba en algún lugar de la casa unas fotos y unas cartas, que entre mudanza y mudanza perdí para no encontrarlas nunca más.

El recuerdo diario se fue disipando, pero no pasó más de una semana sin que al menos un día, la recordara. Brindé por ella en alguna navidad. Caminé por Florida sin destino esperando cruzarla, pasé frente a la casa donde viviera queriendo verla y al mismo tiempo con miedo de encontrarla. Fantaseé con que un día sonaría el teléfono y que ella del otro lado me diría-pasó mucho tiempo, que pasa que no venís ?. Estuvo en algún cumpleaños mío, en algunos de mis deseos al soplar las velas, cuando compre mi mejor automóvil, despidiéndome en Ezeiza y recibiéndome en Barajas, Caminó de mi brazo en Mar del Plata y en Salamanca donde buscamos las ranas talladas en el muro. Nos sentamos juntos en plaza San Martín y en las terrazas de Lavapies, y viajamos en subte desde  Diagonal Norte hasta Plaza del Sol. Estuvo en  algunas bocas que besé, en mujeres que amé y en las miradas de mis hijos.

Yo ya no era un pibe.

El tiempo fue transcurriendo,  tuve todo y por ello fui pródigo. Noches y amaneceres, bohemia, nostalgia, música, amigos, familia, hijos, risas, bailes y romances. También tuve muertes despedidas y desencuentros.

De cada placer hice un vicio y de cada dolor una tumba.

Agosto de 2010. Estoy en mi casa de soltero en segundas nupcias. Es sábado y me visitan dos de mis hijos. Escucho su conversación y me sonrío por la pose rebelde del más chico y su negativa a festejar el cumpleaños con la familia. Yo no opino, solo escucho. De repente me disparo en el tiempo y pienso en mis otros dos hijos que emigraron, y pienso como serían los cumpleaños con ellos, como sería la mesa de Navidad, como sería la mesa del domingo, a que cancha iría y como siempre pasa, me regalo unos minutos para recordarla.  Me pregunto como serán sus fiestas de cumpleaños, como serán sus Navidades o su mesa del domingo; me pregunto como será su vida.

Tal vez fue la persona con la que mas he hablado sin que ella se enterara.

Como en un sopor, estoy entre las dos dimensiones, pensándola y escuchando la conversación de mis hijos, estoy en 1980 y en 2010, en el mismo instante tengo los 18 de entonces y los 48 de hoy.

Vuelvo al presente. Ya pasaron los minutos de vigilia.

Sigo escuchando la conversación y me concentro en el menor. Delgado, alto, ahora hablando de música y de la banda que está armando, los ensayos, el colegio, los amigos y su próximo viaje al Machu Picchu.

En ese momento me digo-Che vos tenías esa edad cuando la conociste, ya es tiempo de darle la dimensión que corresponde-. Y como si nada agradecí haberla conocido, y cambie la nostalgia de lo que no fue, la seudo angustia por lo que pudo haber sido, por la alegría de haberlo tenido; y sin mas la dejé partir. El epilogo de las historia parecía habérmelo dado mi hijo.

Este sería el fin… Este sería el fin?

Internet, las redes sociales, los  e-mails hicieron del mundo un lugar muy pequeño y como espacio virtual también generó dinero virtual, deportes virtuales, sexo virtual, amores virtuales y amigos virtuales. A mis años me cuesta creer en las bondades de lo que no veo, toco y cuento, pero debo reconocer que las tiene, como así también ciertas deficiencias. El hombre diseñado para el encuentro con el otro, provisto de brazos para abrazar, boca para besar, ojos para mirar, pies para caminar, se contenta con relacionarse a través de un teclado y una pantalla. Yo siempre me imagino que mientras hablo por este medio el otro está bostezando, me es muy difícil hablar sin ver la expresión de mi interlocutor. Soy de la vieja escuela.

Los correos electrónicos y redes sociales nos facilitan el trabajo. La gente para de pecho los problemas, los reenvía y ante la debacle, con cara de emoticón manda otro e´mail que dice –yo te avisé-. La gente denuncia y critica poniendo un ávatar, opina, publica, vende y compra. Se escribe cualquier cosa que personalmente sería imposible de decir y se lo completa con un ja.ja.  Se reencuentra con gente con la que quiere encontrarse y con otras que no.

La cuestión que gracias a una red social me contacté con alguien de quien siempre quise saber algo, después de cruzarme con un montón de gente de la que no.

Un día después, si solo un día después de haberme sentido aliviado por haber dimensionado el recuerdo, y darle categóricamente el rango de anécdota, después de llegar a la conclusión que fue una cosa de chicos, que con la edad de mi hijo no puede haber nada realmente serio, que definitivamente di vuelta la última página del libro, como tantas otras veces, la vida me sorprende.

De repente, después de casi treinta años recibo un mensaje en una red social, preguntándome si soy yo el que era. Sorprendido, dudé en decir que sí, porque ya no soy el que era, cambié los miedos por otros, cambié los motivos por otros, no uso mas peine, no quepo en los mismos pantalones, escucho la música mas baja, tengo un momento para beber, ciertas noches para salir. Pero como también sigo teniendo el mismo nombre, las mismas distracciones,  los viejos amigos, las viejas cicatrices, la misma casa; en fin, pensé que al menos  esencialmente, era  el mismo.

Contesto el e-mail confirmando que soy aquel, y después de algunos intercambios epistolares “virtuales” una llamada telefónica y algún sms  me encuentro a tomar un café.

Increíble; el fantasma que me había acompañado durante años se había personalizado. Felizmente descubrí que ella también era la que conocí, debo reconocer que bastante guapa,  pero el tiempo había pasado también por su domicilio.

Descarnado y carente de cualquier doble intensión, no me sentí frente a aquella, sino frente a una vieja amiga con la que no tuve reparo alguno en contar que había sido de mi desde la última vez que nos vimos. Como quien cuenta la vida de otro, sin la menor vergüenza le dije que la pensé durante 28 años y por supuesto se lo dije sin esperar la mas mínima reciprocidad. Le hablaba a la piba de 18, esperando que esa mujer de 48 le hiciera ver que mi intensión, no era otra que contarle la parte de mi historia que sin querer ella había escrito. No había subversión, y por supuesto ni el menor atisbo de seducción. Creo que mas que contárselo a ella, quería oírme a mi  mismo contárselo. Quería darme un gusto. Quería decir lo que tantas veces le dije sin que ella se enterara.

Señores, estaba siendo franco.

Después hablamos de nuestro presente, nuestros hijos y de alguno conocidos en común. Quedamos en volver a contactarnos y después de aproximadamente una hora y media de charla, salimos del bar, caminamos una cuadra juntos y nos despedimos, yo con la promesa de no llamarla nunca mas para no molestar, y ella con la promesa que me iba a llamar.

Yo no pude cumplir la promesa del todo, y le envié algunos e-mails contándole cosas de la cotidianeidad, ella creo que pudo cumplir la promesa porque hasta ahora no me llamó.

En el mismo mes que la conocí, treinta años después la reencuentro.

Después de unos días de asombro por las coincidencias, y de contar a algún amigo lo ocurrido, pasó a formar parte del anecdotario.

Como podrán apreciar no es una gran historia o posiblemente lo sea pero tal vez no está bien contada; o si no fuese tan reciente se podría contar mejor. Tampoco es la historia de mi vida, pues de hecho he tenido cosas mucho mas contundentes, determinantes y duraderas que sí, dejaron sus huellas. Pero como en el Quijote, ella fue mi Dulcinea.

Ahora volviendo al tema de los principio y los finales, las cronologías, los hechos y la percepción de los mismos, alguien podrá decirme en que momento fue el final de la historia?

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Rubén Angel Scaramal.
Published on e-Stories.org on 26.10.2010.

 

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