Estefanía Olivo Medina

Ese fue su destino

 

Fumar mata…

Eso ahora no importa… Tras cada calada se desvanece un sentimiento muerto.

Faltan ganas de vivir y sobran para morir.

Situada arriba, en la solana de un séptimo piso, subida en el borde. Con la mirada fija en el abismo infinito del vacío. Mientras, el humo invade el aire cálido. El sol se esconde, y con él, mi autoestima.

En mi cabeza rondan problemas. Se burlan de mí. Creen que pueden acabar con mi existir. Sonrío. Quizás se equivocan. Quizás.

El aire me sopla en la cara.

Ganas no me faltan para lanzarme. Lanzarme a dicho abismo. Extender mis brazos como si fueran alas.

Volar.

Me gusta sentir que estoy apunto de lanzarme. Sentir que mis preocupaciones se esparcen y se van, que ya no vuelven.

Siento miedo. Un miedo tierno y adictivo.

Estoy cansada. Mis parpados se cierran lentamente.

Decido bajar y marcharme.

Por el camino compro cerveza.

Y más cigarrillos. Ya no importa nada. Mi vida no soporta más tiempo. La cerveza me corre por la barbilla.

Sigo fumando. Me emborracho. Sonrío. Recuerdo que en el bolsillo hay droga, cocaína.

Sigo con problemas. Haga lo que haga, allí están. De nada me sirve el alcohol y las drogas. Los tiro. Los tiro porque me rindo. Los tiro porque no me solucionan los problemas.

Me detengo en el camino.

Elevo mis ojos al cielo.

El sol se ha ido. Se ha ido, pero vuelve mañana.

Mañana quizás ya no habrá un quizás.

El cielo es precioso. Lo admiro. Ese color.. Ese color le da vida, lo llena de luz. Me siento diferente.

Cielo, mírame. Lléname de ti. Quizás mañana no me veas.

Quizás.

Ahora soy la cobarde que nunca quise ser.

Ahogada en el sufrimiento.

 

Paseando llego al mar.

Cielo, mírame por última vez.

De pié, ante lo que he admirado siempre.

Cielo, mar y arena.

Intento pronunciar un adiós. Un adiós entre lágrimas.

¿Por qué lloro?

Nadie me ata a esta vida.

Quizás lloro porque quise ser alguien y no lo logré. O porque me duele aquí, en el alma.

 

 

Camino mar a dentro.

No me pares dolor, no me pares.

 

 

Estos fueron sus últimas horas de vida. Sus últimas palabras.

Fue alguien realmente castigado. Una persona noble, humilde, llena de virtudes.

Alguien ya muerto y hundido.

Hundido por la sociedad.

Fue alguien que dio la mano y le estiraron del brazo sin más.

Nunca se negó a nada.

Ese fue su destino.

FIN

 

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Published on e-Stories.org on 22.06.2010.

 

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