Ciara Martinez Venezolano

La decepción



 
A veces te apetece soltarlo todo. A veces te pasarías horas y horas colgada del teléfono intentando explicar lo que te guardas, y te come por dentro, y hace que te arda la cara y te explote la cabeza. Que te lata el corazón en el cuello de una forma desagradable, y que cree un vacío falso en el estómago. Pero no hay forma. No lo consigues. No es fácil mostrar una sonrisa, hablar, como si todo fuera perfecto... cuando lo único que te apetece es mandarlo todo a la mierda, y quedarte en un rincón de tu casa, sin moverte. Así seguro que no pasan cosas. Esa es la solución fácil, la de huir corriendo y que nada te alcance. Que nada te roce. Lamentablemente en el mundo las cosas no te rozan... te dejan buenas marcas. Esas marcas nunca se van. Con nada. Cuando pase el tiempo, se irán volviendo costrosas... luego rosáceas.. para terminar blancas, casi invisibles contra la piel. Ya no duelen... pero siguen ahí. Y te recuerdan cosas. Esas cosas se acumulan, se amontonan. Van minando la confianza existente. Hasta que acabas por decidir que ese rincón de tu habitación es cómodo, seguro y luminoso. Porque estás solo. Porque los roces que sufras serán los que tú mismo quieras hacerte. Porque no habrá una segunda persona ajena a ti que no se moleste en pensar: ¿Le molestará? No habrá culpables. No habrá decepciones, que tanto duelen. Estarás tú, y mirarás por ti, y serás un equipo contigo mismo.
Serías muy feliz... aunque eres humano... y eso lleva a que la soledad no es algo con lo que podamos convivir, y ser felices para siempre. En esos momentos piensas que sería tan ideal... y en el fondo todos le tenemos miedo. A quedarnos solos. Eso no es ningún secreto. Nunca vas a saber cuales son las adecuadas, porque no llevan una casillita en la frente para poner un bien, o un mal, o hasta un regular. Las personas no tienen casillita. A veces lo hacen bien, a veces mal, a veces regular. Es la suma de todo eso lo que te lleva a este tipo de situaciones... cuantas bien... cuantas mal... Te empuja a una idea, a una decisión irrevocable. La confianza se basa en eso... nada más y simplemente eso. Una idea sobre algo. Esto me hará daño, esto es bueno... no podemos evitar clasificar a la gente, y cambiarlos de saquito según las acciones de cada uno. Lo más triste de todo es que al final, cuando miras el saquito de los "buenos", de tu equipo, apenas quedan dos o tres muñecos. Sin embargo el saco de los malos está tan lleno que no cabe nada más. Eso es, basicamente, la decepción.
 

 

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Published on e-Stories.org on 15.10.2009.

 

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