Maria Teresa Aláez García

NUESTRA OTREDAD

NUESTRA OTREDAD.

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"Tu es mon autre". Tú eres yo y yo soy tú. Somos unidad pero pensamos de modo distinto. Eres mi otro yo dentro de mí y soy tu otro yo dentro de ti, contigo. En el mismo cuerpo, dos seres. En la misma forma, dos entidades. Somos dos personas en una, dos personalidades o más en una pero bien distinguidas, definidas, caminando hacia el mismo lugar de acuerdo con las exigencias de nosotros mismos y encadenadas terriblemente a nuestra predestinación.

Somos aves. Fuimos personas bellas pero entregamos nuestra belleza al sacrificio de nuestro trabajo o a la envidia y negamos a los demás quizás el privilegio de poder mirarnos o no les dimos la satisfacción que sus expectativas requerían.

No sé de tu pasado ni tú del mío pero aquí permanecemos. Los dos en uno.

Quizás...

Quizás tú fuiste un príncipe. Un príncipe que además de valiente, quizás fue cruel y no ofreció su caridad a sus súbditos. Y viendo la atracción que los demás sentían al verte por tu apostura y por tus gracias, te volviste más vanidoso y prepotente deseando que siempre tu valía fuera reconocida y tu belleza durada por los siglos de los siglos. Pudiera ser que incluso abusaras de las doncellas que se entregaban a ti sin pensarlo dos veces para poder engendrar un hijo de tu sangre y vivir contigo toda la eternidad, pero tú estabas tan pagado de ti mismo que lo impediste porque pensabas que todas las mujeres eran para ti y no tú para ellas.

Alguna, más bella que las demás, pudo resistírsete y la enviaste a la muerte. Otras te amaron en secreto y escondieron su rostro para que no las violaras y sólo miraban lo mejor de ti para no odiarse ni odiarte. Quizás alguna de ellas fui yo.

En mi caso: tanto pude ser una mujer bella que se entregó a la clausura y adoración de una divinidad, privando a un hombre cruel de su redención al ver mi belleza y al influir sobre su personalidad con mis ideas. El hacerlo conscientemente, por venganza y no por un sincero deseo de mi corazón de servir al dios, sería mi castigo. El mismo dios puede haberme castigado. También pude haber sido una princesa caprichosa y malcriada que negó a cualquier hombre bueno su mano, incluso a aquel que permaneció todo un año, día y noche, esperando ante su castillo y no le perdonó ni un segundo, sólo, de su martirio. En la vida, toda acción tiene una reacción y todo lo que va, termina volviendo de un modo u otro. Todo lo que se hace, se acaba pagando.

¿Qué fue de nosotros en un tiempo pasado? ¿Cómo hemos acabado así? Lo ignoro pero hemos de aceptar nuestra situación y ser dos bellas aves navegando por el lago, en un mismo cuerpo, dos cabezas que piensan distinto dentro de un mismo ser. No dejamos de perder nuestra línea y apostura. Nuestras plumas no son blancas porque perdimos la pureza de nuestras intenciones y nos mentimos a nosotros mismos poniéndonos una máscara de crueldad que también significaba nuestra vulnerabilidad y nuestra manera de llamar la atención sobre algo que no era correcto en nuestros corazones.

Y ahora que lo pienso: somos del mismo sexo. Fuimos ambos crueles de un modo u otro. Uno debe de vivir algo que hizo a los contrarios y el otro algo que hizo a los semejantes.

O quizás no. Es sólo especular.

Quizás la naturaleza nos sigue mostrando que la monstruosidad está en nuestro cerebro, en nosotros mismos y que ella sigue siendo perfecta. Como es una dama que siempre sorprende, ahora prepara nuevas maravillas con las que hemos de convivir y a las que hemos de acostumbrarnos porque no son malas, solo son diferentes y nos hemos de acostumbrar a valorar las diferencias, aceptarlas y asumirlas, como hacen los niños cuando nacen, que como todo es nuevo, todo lo encuentran extraño y normal a la vez y lo aceptan sin condiciones, dentro de su inocencia, esperando que sus padres les ayuden y les orienten acerca de lo perjudicial y beneficioso para ellos. Los padres no son conscientes de su enorme tarea y responsabilidad como padres y han de prepararlos para un mundo donde lo que no es normal para nuestros ojos llenos de prejuicios e intolerancia, es lo más natural del mundo en el universo.

Si te parece bien, vamos a dar un orgulloso paseo por el lago y a asumir que somos parte de esta existencia, ofreciendo también lo que podamos dar dentro de nuestras posibilidades.

 

 

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Published on e-Stories.org on 29.03.2009.

 

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