Maria Teresa Aláez García

UNA PIEDRA EN EL CAMINO

UNA PIEDRA EN EL CAMINO.

Traigo hoy a colación el verso de una canción mexicana de José Alfredo Jiménez, llamada “El Rey”, famosa por su estribillo:

 

“Con dinero y sin dinero

hago siempre lo que quiero

y mi palabra es la ley…”

 

Pero no me importa el sentido de la canción. Desde la primera vez que la escuché, me llamó la atención este verso, perteneciente a la siguiente estrofa:

 

“Una piedra en el camino

me enseñó que mi destino

era rodar y rodar… “

 

Filosofía barata llaman algunas personas a esto. Simplemente es una inferencia, una deducción extraída de la observación de un fenómeno y después explicada de modo metafórico. Vamos, posiblemente puede serlo.  O no.

He aquí el tema del texto presente. La relativización de lo hecho y lo dicho.

Quizás – no lo sé, es una elucubración – este hombre iba caminando y pensando sobre el sentido de su vida y se preguntó a sí mismo cuál era su destino en un momento dado. Entonces le dio sin querer una patada a una piedra, la cual salió rodando. O no, o el viento la movió. El tomó dicho fenómeno como la respuesta a su pregunta  y colocó el resultado de modo metafórico en la canción.

 

¿Sómos conscientes realmente de nuestras circunstancias en un momento dado a la hora de ver otras cosas, de mirar al mundo? Me temo que no.

Y lo que es peor. Ni siquiera nos lo preguntamos. Y no lo preguntamos ni a los demás. Lo damos todo por hecho con una simple observación como si fuéramos un dios y pudiéramos adivinar los entresijos de las personas.

Y además damos por hecho que las otras personas piensan todas como nosotros. De hecho incluso intentamos rodearnos sólo de personas que piensen igual que nosotros para sentirnos seguros y no vacilar en nuestras apreciaciones, acertando siempre y sintiéndonos superiores, halagando de este modo nuestro ego y dándonos más seguridad de ese modo. No nos preguntamos si el resto de las personas son distintas en algunos rasgos, si nos mienten para quedar bien, si lo ignoran y dicen lo primero que se les pasa por la cabeza o simplemente han leído que lo mejor  es decir si aunque luego no sepan ni entiendan de qué va el caso.

Esa piedra que rueda en el camino. Igual ni rodaba. Posiblemente ni tuviera forma redonda y fuera plana por algunas partes.

Este hombre que anuncia tan alegremente su independencia y su libertad y el ser dueño de sí mismo, de sus pensamientos y de sus acciones para bien o para mal,  ha usado una observación de un fenómeno y una elucubración de su mente para seguir un destino. En la imitación y observación de la naturaleza basó el hombre los estamentos de su pensamiento, tradiciones, cultura y lengua.

Pero en pocas ocasiones se atrevió a ir más allá en cuanto a sí mismo o en cuanto a lo que le rodeaba. Pocos progresos han estado exentos de derramamiento de sangre, tortura o chantaje para poder salir adelante. En su mayoría ha habido gente que en lugar de aprovechar algún tipo de carisma para poder progresar y hacer progresar a quienes tuvo a su lado, lo que hicieron toda la vida fue impedir y echar hacia atrás cosas que hubieran ayudado al planeta y a sus habitantes a que el futuro fuera otro.  Incluso el estado, gobierno o situación pacífica de personas de sentido común que  han llevado adelante  a sus semejantes, se ha cobrado vidas de algún modo. 

Y es que se nos olvida hablar. Se nos olvida escuchar. Se nos olvida atender y callar cuando sea necesario, no siempre. Se nos olvida preguntar y lo más importante: se nos olvida responder.  La introspección es una labor casi olvidada que poca gente usa a favor de sí mismo y los demás.

Cuando aprendí aquello de los relativos o las proposiciones adjetivas y los adverbios relativos: “que, cual, quien, cuyo, donde, como, cuando, cuanto”, y la profesora, más adelante, nos enseñaba que para hallar el sujeto había que preguntar “quién” al verbo y para hallar el atributo, u objeto directo o predicativo, se preguntaba “qué” y para hallar los complementos circunstanciales, se usaban los adverbios, jugábamos a usar también los relativos. Hasta que en alguna ocasión – esto siendo niñas – se nos ocurrió aplicarlo a la vida.  Con otra sencilla canción de manos:

 

“Caricatura,

dígame usted

nombres de…”

 

Pero en lugar de nombres de, aplicamos los adverbios a una situación determinada. Claro, las respuestas para unas criaturas ignorantes que éramos, quedaban descabezadas pero cuando ya éramos más mayores e íbamos elucubrando acerca de aquel juego, nos dábamos cuenta de hasta qué punto como niños pequeños, teníamos curiosidad por nosotros, por nuestro entorno, por conocer el por qué de las cosas.

Ojalá se hiciera ahora de igual modo.

 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 15.02.2009.

 

Comments of our readers (0)


Your opinion:

Our authors and e-Stories.org would like to hear your opinion! But you should comment the Poem/Story and not insult our authors personally!

Please choose

Previous title Previous title

Does this Poem/Story violate the law or the e-Stories.org submission rules?
Please let us know!

Author: Changes could be made in our members-area!

More from category"Vida" (Short Stories)

Other works from Maria Teresa Aláez García

Did you like it?
Please have a look at:

En diez minutos - Maria Teresa Aláez García (Em série)
A Long, Dry Season - William Vaudrain (Vida)
El Tercer Secreto - Mercedes Torija Maíllo (Ficção científica)