Maria Teresa Aláez García

El club de habla inglesa de El Campello.

EL CLUB DE HABLA INGLESA DEL CAMPELLO. (ALICANTE).

 

Me alegro de salir de mi mutismo para elevar un reconocimiento a los socios del Club de Habla inglesa del Campello, en Alicante.

En primer lugar dar las gracias a sus socios y simpatizantes quienes, de modo totalmente desinteresado, ayudan en la colecta de los fondos para un donativo para Aspali, la asociación del síndrome de Asperger en Alicante.

El año pasado, en el mes de junio, acudimos por vez primera con los niños. Ofrecieron a todos un piscolabis e hicieron una rifa para dar todo el dinero recogido a la Asociación que lo invierte en el alquiler de un local, en los cursos para padres, en pagar a una trabajadora social y en un sanitario para cuando los niños lo requieran. Se vuelcan en los niños y en los padres. Además, acudir a verles es una experiencia magnífica. Se encuentra una en un lugar civilizado, tranquilo. No se nota que hay tanta gente dentro – al contrario de lo que ocurre en España  -. De hecho, quienes más escandalizábamos éramos los oriundos del país – no todos -.  Los niños se esforzaban por usar su corto vocabulario en inglés y ellos se esmeraban por apoyarles y ayudarles en sus intentos. Un dia magnífico, lo aseguro. Además, departir de Shakespeare, Byron o Beaumont, o incluso Milton, en su misma lengua y con sus congéneres, es un placer, así como del círculo de Bloomsbury. 

La verdad es que nos quedaron ganas de volver a visitarles.

Y hoy tuvimos oportunidad, además de hacerles la visita, de llevarnos unas gratas sorpresas.

Llegamos algo tarde debido a que nos volvimos a perder, como ocurrió en la ocasión anterior.  La primera vez acudimos con el “Trenet” o tren de vía estrecha y aunque la parada quedaba un poco retirada, nos fuimos por otra calle que era larguísima y empinada aunque el trayecto fue agradable y llegamos a tiempo. Hoy nos perdimos en un coche particular y menos mal que había abierta una oficina de Turismo donde nos dieron un plano para poder llegar al menos, para saludar. Hubo un momento dado que parecía que no íbamos a llegar. El mar se nos presentaba enorme e inmenso ante nuestros ojos cuando llegamos al club náutico por equivocación y casi parecía que el coche se iba por el barranco. Era un estado casi indefenso del ser, el verse abocado hacia tanta amplitud del mar en un habitáculo tan pequeño.

Al llegar allí a la hora del té, estaban los niños sentados preparados para tomar su refrigerio.  Y para los padres también había. El recinto estaba lleno de gente. A pesar del mal tiempo, habían acudido muchas personas y pude conocer a dos señoras de buen carácter que no había visto en la ocasión anterior. Permitieron a un familiar tomar un vídeo y nos dijeron que iban a bailar para los niños. Ya el hecho de que unas personas que son lejanas, de otro país, otra lengua, otra cultura, se interesen de este modo por los niños y les preparen algo de sí mismos, ofreciéndoles su tiempo y su esfuerzo, es muy de agradecer.  Y el integrar a la gente del modo en que lo hacían, sin prejuicio alguno. Se notaba que la gente era valorada por lo que es, por su esfuerzo, por su trabajo, no por su físico o lo que pudiera dar de otro modo, por su estatus. Todo el mundo colaboraba, todos realizaban tareas, todos compartían. Y aunque se hizo hincapié en el esfuerzo de una persona, ella misma a la vez resaltó el trabajo del grupo completo, en el equipo, manteniéndose anónima, dando el valor real a cada una de las personas que participó en cada labor igual que hacían con ella.

En un momento dado una de las socias nos llamó y nos convocó para presentar al grupo de baile y otorgarnos unas palabras. Increíble. Nos quedamos asombrados. Habían pasado todo el año haciendo rifas para recaudar el montante para los niños y el grupo de baile había estado ensayando y actuando todo el año para, igualmente, dar a los niños – a la asociación, para los niños – lo recaudado. Además, efectivamente, iban a bailarnos las piezas  e hicieron la rifa y a las mamás no nos quisieron coger el dinero de los números porque sabían el esfuerzo que realizábamos con los niños.

Acto seguido, varias señoras, en dos o tres filas, comenzaron la danza. Ágiles, con pasos bien calculados, dando palmas, interpretaron tres piezas y en la última, invitaron a salir tanto a las mamás como a los niños que bailaron de buen grado.

Ha sido una tarde maravillosa, civilizada, donde no ha faltado el buen humor, la alegría, el optimismo, el altruismo y la diversión dentro de un cauce de respeto y consideración, con tranquilidad y con una manera de hacer discurrir el tiempo y la tarde que nos pareció corta.

De lo que más me alegro es de seguir sintiéndome orgullosa de vivir en esta tierra donde toda la gente comparte estas características de entrega, tolerancia y de respeto así como de dar gratuitamente su esfuerzo y su tiempo para quien lo necesita.  Me alegro también de que haya tanta gente que siga facilitando que el mundo se mueva a pesar de las desgracias que ocurren, del egoísmo materialista que nos rodea, del egocentrismo y de las mentiras. De que estas personas desconocidas, de distintos estratos sociales, se unan en una causa común y den lo mejor de sí mismas para ayudar a quien está en desventaja. Da pena ver cómo una gente ambiciosa y mala asesina en un país a inocentes por una idea o por una religión siendo víctimas de la manipulación de quienes tienen montones de dinero que pretenden, con ello, ocultar otras cosas – caso de los dos bancos españoles que en plena crisis acaban con un superávit y a mí me dio vergüenza ajena porque ese superávit ha sido ganado  a costa de mucha sangre inocente, me consta – mientras hay buena gente incluso en esos sitios donde el dolor y el odio de quien sólo piensa pagar el derramamiento de sangre con sangre en lugar de con diálogo y enseñando, para que no vuelva a ocurrir.

Me hizo recordar a mi abuela. Siempre nos contaba cómo su marido – mi abuelo – salió un día de 1936 a patrullar- era capitán de caballería – y por la noche, volvió moribundo. A los seis días murió. Ella quedó viuda con dos hijos pequeños y perdió una niña de la que estaba embarazada. El entierro multitudinario y las medallas no le valieron de nada. La aniquilación de media familia a cargo de la otra media aprovechando la guerra, haciendo valer el odio por diálogo,  no la achicó a mi abuela que veía cómo sus primos se iban matando entre ellos por cuestión de herencias y de rivalidades a pesar de tener la misma sangre. Cuando su hijo, mi tío, ya mayor, cayó sobre la cubierta y lo dieron por muerto, haciendo que ese episodio no apareciera en el cuaderno de bitácora del barco, ella movió cielo y tierra hasta conseguir que él volviera a ser un hombre de bien.

Mi madre vivió la posguerra y pasó necesidad.  Ayudó a personas del otro bando de su familia para que sobrevivieran en medio de tanta masacre. Vio otros episodios lamentables de parte de esas personas egoístas que sólo buscan dinero y su propio provecho en lugar de mirar por sus responsabilidades. Como maltratos en el matrimonio o padres y esposos que tratan de locas a sus esposas para irse con sus amantes a vivir la vida con el dinero de sus esposas, robándolo de la boca de sus hijos.

Aún así, nunca nos hablaron mal de nadie. De hecho nos cayeron muchos castigos a nosotros por hablar mal de nuestros semejantes. Mi abuela no nos inculcó el odio a nadie.  No dijo nunca que la gente de un bando u otro eran malos,  pero intentó evitar que mis hermanos hicieran el servicio militar y que fuéramos de los cuerpos del ejército o del ministerio del interior porque la vida le había enseñado la maldad en su propia carne. Y mi madre igual: no ha sido partidaria ni de la violencia ni de ponernos en contra de la gente por sus ideas.

Aunque ambas no fueran perfectas, intentaron crear en nosotros un espíritu de paz y diálogo, de esfuerzo y de ayuda en lugar de implantarnos un odio hacia fantasmas que nunca íbamos a conocer y aunque ellas conocieron el horror de una guerra, no nos llevaron a nosotros ni a sentirlo ni a compartirlo. Intentaron ser como estas personas del club de habla inglesa de Campello. Nos llevaron al interés por el arte, la cultura y la paz. Claro que en la vida de una persona hay más influencias que las familiares pero creo que en gran parte, consiguieron su propósito. Y agradezco a todas las personas de buena voluntad y mejor hacer, anónimas  y presenciales, estas ayudas a todos los necesitados del mundo. Necesitados tanto de dinero y de bienes como de amor, escucha y compañía. Gracias a ellas el mundo sigue girando.

Gracias Marian. Gracias por todo tu esfuerzo, tu tiempo, tu trabajo durante todo este año y gracias a todas las “Marianes” que hay en el mundo. Y los varones.

Si me permite colocar este enlace el señor Joerg Schwab, aquí dejo otro comentario acerca de la ayuda desinteresada del club de habla inglesa de Campello a la asociación de Asperger y algo de información. Gracias.

http://el-refugio.net/Sindrome-Asperger.pdf

El año pasado.

http://www.laverdad.es/alicante/20080707/provincia/alicante-inteligentes-incomprendidos-20080707.html

 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 31.01.2009.

 

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