Maria Teresa Aláez García

Y, como siempre

Inspirada en el blog de Scriabin , los fotolog de mi arroba de Adri133, poesia26, de Gerard, de jnkrls y el de tantas y tantas personas a las que he leído y acompañado. 

 

I

Esta navidad no ha de ser distinta a las otras… ni mejor que las otras… Únicamente, una más en la que tu ausencia será notoria, como siempre… Atrás quedan meses repletos de experiencias, como las que ha tenido todo el mundo pero que entre tú y yo se hacen especiales porque las sentimos nosotros únicamente, a nuestro modo, las interpretamos de manera distinta a cómo las interpreta el resto de los seres vivos e incluso nosotros pero sabemos detectar las diferencias y eso sí, nos hacemos uno, ambos, unidos en el momento de comunicarlas.

Porque no encontré a nadie como tú. A nadie que pueda ver las cosas del modo en que yo lo hago. A nadie que sepa interpretar mis melodías como las interpreto yo, aunque sean canciones sin sentido, burdas y absurdas… pero tú sabes qué provocan en mí porque en ti provocan la misma reacción y al compartir ese momento, esos momentos, se abren puertas que nadie sabe reconocer y que cualquier intelectualoide, frustrado o amargado – o amargada – psicópatas, insensibles, prepotentes, egoístas o vanidosos, etiquetarán como cursiladas y se reirán de ellas y las intentarán sofocar u ocultar colocando por encima sus acciones nobles y buenas para que todo el mundo de su entorno vea lo que es necesario y mejor y les alaben sin medida en su vanidad. Ni viven ni dejan vivir ni saben salir de su mundo inmaduro y extraño pidiendo cariño y atención por todas partes y negándose a sí mismos el derecho a sentir y  transmitir lo sentido. No son mejores ni peores, son seres humanos con mucha necesidad y esas estupideces les recuerdan que alguna vez fueron felices y tuvieron fe o inocencia, que no ñoñez. O sí, ñoñez también, por qué no. Por algo existen esas manifestaciones populacheras o inmaduras, por algo están en el mundo, por alguna razón la gente permite que existan y que no decaigan, por algo la humanidad las conserva y por alguna razón, aunque parezca que hayan desaparecido, existen ahí, en estado latente. Por algo los manipuladores desearán que desaparezcan para que sus trucos de conversión y poder sobre los demás no sean descubiertos y  por algo las almas sensibles  aunque no inocentes – ser sensible no es ser pánfilo o estúpido – pueden captarlas.

El invierno cae lentamente a mi alrededor. Las horas descienden a copos, se colocan en el borde de las ventanas y me recuerdan mi soledad sin ti. Son carámbanos de tiempo que adornan las paredes de mi vida. Nunca he podido adornar mi entorno cuando llega este tiempo. Porque no soy creyente en las trivialidades, en lo que es efímero, en lo que no está explicado de un modo más o menos congruente o sincero, no puedo creer en algo que dice que ama y que luego permite matar o asesinar y que después me digan las entidades con poder que era necesario… es que acaso era necesario atrasar el mundo… era realmente necesario que el hombre fuera siglos hacia atrás, a sus inicios, a la edad de piedra de su pensamiento, para acabar consigo mismo, para no evolucionar más que en las cosas que le sirvan para acomodarse, enriquecerse o tener poder sobre los demás, para sentir su propia vanidad… y miro por mi ventana.  Y veo la lluvia.

Te siento entonces, allí, en un entorno de agua completo, en un terreno donde la vegetación inunda la tierra del mismo modo que el mar la abarca en todo su derredor. Dentro de poco, habrá en su entorno un mar azul, salado. En su altura un mar de aire, frío. En su centro un mar verdoso y rocoso y  asesinando la belleza y el encanto de los tiempos que el hombre por un lado ha destrozado y por el otro ha construido, un mar de carreteras, de trazos negros asesinos de vida.

Hoy tengo, como ya desde hace tiempo, desde hace meses o casi un año, constancia de que no tenemos la misma conexión que se produjo en cierto momento. Quizás en algunas ocasiones, pero no en todas. Aún por las noches me engaño y siento que puedo tenerte a mi lado, y tu vacío toma tu forma  y veo tu soledad al lado de la mía, quiero llenar tu silencio o tu frío con mis manos y contener un muro de protección e impedir que nada te ocurra. Si supieras… no es protección, no. Es compartir. Es mirarte, es verte, como cada día, en tu trabajo, es reconocerte nuevamente en cada segundo y descubrir en ti las cosas que ni tú has podido encontrar, es saber ver sin palabras ese mundo que se abre y se va forjando y que ha desparecido, que el silencio se ha llevado, que los prejuicios han matado no sólo en nosotros, sino en tantos  y tantos que se han amado y que nunca se han correspondido porque la sociedad actúa a favor de unos pocos que nos han enseñado que sus mentiras son imprescindibles para sobrevivir y los seguimos de modo inconsciente para ser aceptados por quienes desean seguir viviendo esa mentira.

Otra navidad, como siempre. La mirada gris del alba me acompañará cuando me despierte de repente y vea que no eres tú la mirada con la que se engañaron mis ojos, que no son tus caricias las que creía estar sintiendo y acaparando como si fuéramos los dos únicos seres racionales en este mundo y no son tus desdichas las que puedo ayudar a solventar en este caminar uno al lado del otro a diario, en este universo desconocido que cerró sus puertas cuando sólo había tenido tiempo de mirar a través del vidrio inconsistente de nuestras conciencias

 

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Published on e-Stories.org on 18.12.2008.

 

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