Nadège Ango-Obiang

Escisiones

¡Que el miedo bajo la piel de vientres vacíos y repus de violencias! Sudé, tramado por el no alucinando de la vida, confinada en una desgracia alimento por los truenos catástrofes de los perros de hombres que dominan este mundo. Olvide pues que yo quizá y quizá que llegará de forzarme a gustar la vida.

Del otro lado de la escala de los fallos no endógenos de los occultistes de en casa, sufrí no ver el mundo supido, destruido que suministraron ser por fin muerto. Me llamo la encrucijada de los caminos. Lo mismo decirle que tengo muy perdido pero ganado el delirio de no ser a nadie, deberse la obligación de sobrevivir. La gallina del aïeux no supo guardar su plantación, la gallina del aïeux calefacción el vientre del traidor que debía alimentarla. Y pronto, bajo el sol de estos negros siempre en llantos honorables, nevaba de graniza de hambre económica ya a saber en qué bien colocar las lágrimas congeladas. Perdí mi misión, el otros me volaron mi razón ir sobre la tierra. Y de gustarlo. Es este día como, cuando los relámpagos han trazado un camino alimentan con fuego, obligatorio en la búsqueda de la felicidad. Mi padre me estalló los ojos, para que más nunca mi espíritu no repaisse de esta subvención divina, de esta cesta que me habría permitido gozar de otra existencia. Ciego y sin guía, alguien lleva mi vida en barco. Es como eso, siempre de los brujos en torno a la más vieja cuna de la humanidad y nunca una mano negra para vendar por este conocimiento. Seguí más que de razón los recuerdos de los conocimientos innatos, pero allí también bastante pronto, descubría la amnesia. Es verdad que es todavía como eso. El Africano meurt que de muerte natural, entonces afirmo que los otros vaciaron mi jardín, robaron mi tierra, lo desnudaron del orgullo de ir, lo mancharon de los restos de sus digestiones, lo relegaron a la oscura fila bien indeterminada de superviviente. Bien a pesar mío.


Alguien pensaba que de mis dedos se revelaba mi intimidad. Alguien de otro planchaba sus camisas seguro que África es culpable. El otros lo dijeron que nunca la oveja no resucita del cuchillo. Mí lloro tanto yo rizo ya que se pierde y es dispersado todo. Mañana cuando los soles foutront de nuestras epidermis gruesas, alguien dirá que el Blanco tiene muy volado, y que pronto el pobre deberá reembolsar. ¿Es el Blanco que me estalló los ojos? Tropiezo tanto yo corro sobre nubes que tienen me dice esperanzas. Es tan bonito un blues heart, un corazón lleno de blues y dignidad. Sin embargo, todos los días, eso prisión. Comprendo. Comprendo que de la escisión nació el caos, tu abismo, mi infortunio. Parece que ser fuerte es tener razón. Entonces, hago frente mi para oír la consecuencia de mi vida ya que no ha empujado nada nunca de la nada. Se decía que los sabios transmitieron y que los jóvenes tienen maldicen porque los mayores tienen traicionan. Escisiones. Lo que cantan los poetas, lo que dicen los locos, lo que lloran los cabris, y cómo encanaillent los profetas. Decía, como pensaba antes el pasado, que lo mira de soslayo está en la vergüenza, y la vergüenza es el honor del valeroso, el risueña en el sufrimiento, nauseabundo en su caducidad. Decía, como tronaban antes los mentirosos, desdentada por demasiadas caídas, que la tormenta me traicionó parce delante de este padre. Comprendí que avanzo como los que saben y no los que incluyeron. ¡Ya que no puede comprender la vida y ser vivos! Es cierto que mucho meurt en fracaso total…

Los muslos de mercurio tienen diablement debido cuartearse para nosotros chier una tumba de mierda continua similar. Ha dictámenes sobre la negrura de Dioses, pero tenemos muy de intimidades indeterminadas.

 

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Published on e-Stories.org on 07.08.2008.

 

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