Jona Umaes

4 puertas

Andaba Paco paseando por un parque cuando apoyó su pie en un banco para abrocharse los cordones de un zapato. Notó un fuerte golpe en el cogote. Cuando despertó se hallaba sentado en un sillón en medio de una habitación con cuatro puertas, una en cada pared. Sobre cada una de ellas habían colocado un cartel: Verdad, Pasado, Oportunidades, Futuro.

Se preguntaba cómo había llegado hasta allí y quién le habría propinado semejante testarazo que lo había dejado KO.

Unos focos potentes en cada esquina iluminaban la estancia. Se levantó y dando unos pasos observó las puertas. Todas eran iguales salvo en los colores: rojo, azul, amarillo y verde. Pensando qué clase de broma era aquella. Igual lo estaban observando como una rata de laboratorio. Volvió a sentarse e intentó tranquilizarse. Aquella parecía una película de terror donde el protagonista era él.

Se levantó para dirigirse a la puerta roja, la que correspondía a La Verdad. Abrió la puerta y la oscuridad impedía ver qué había dentro. Terminó de entrar y en el momento de cerrarse la puerta una luz blanca le cegó por unos segundos. La luz lo iluminaba todo de forma que las juntas de paredes y suelo eran invisibles. Producía un efecto como de estar flotando en una nada albina. De repente a su izquierda aparecieron unas letras: “Mentiras…”, y a su derecha otras: “Verdades…”. Tras unos segundos comenzaron a surgir imágenes allá donde dirigiera la vista. Cuando miró a la izquierda reconoció a su amigo Pedro. Estaba hablando con otras personas que no conocía. Hablaba de él y no bien precisamente. Conforme escuchaba se dio cuenta que no conocía realmente a su amigo. Se burlaba de él y todos reían. Aquello le entristeció. No quería seguir escuchando y siguió caminando. Otra escena en la que aparecía uno de sus primos. Estaba solo en su habitación, pero podía escuchar sus pensamientos. Así se enteró que la envidia le carcomía y tenía pensamientos negativos de su persona. Siguió caminando, pero ahora giró la vista a la derecha. Nueva escena en la que aparecía compañeros de trabajo hablando de él. En esta ocasión tenían palabras de elogio hacia él. Al parecer le tenían mucha consideración. Eso para él fue una sorpresa agradable, puesto que no lo imaginaba. Tampoco tenía un trato cercano con ninguno de ellos. Así, caminando por aquel pasillo se dio cuenta que todo lo que veía era desconocido para él. Tanto lo negativo como lo positivo. Y miraba a ambos lados por igual porque si por un lado la tristeza o la rabia le invadía, por el otro le producía mucha satisfacción saber que había gente que le apreciaba y quería sin él saberlo. Tras un buen rato mirando tras la cortina de la verdad se topó con la puerta de salida. Cuando la abrió no sabía dónde le llevaría, pero para su asombro acabó en la misma habitación del sillón. Se dejó caer en él.

Estaba agotado emocionalmente. Aunque ahora sabía muchas cosas buenas que no imaginaba, la parte negativa le atenazaba el corazón. Cuánta desilusión y engaño de familiares y amigos que no esperaba. Pensó que quizás vivir en la ignorancia era lo más llevadero. Se reclinó hacia adelante y con las manos en las sienes bajó la vista al suelo. Alguna lágrima se le escapó por el dolor. Se enjugó y volvió a acomodarse. Miró de nuevo las puertas. Ya sabía de qué iba el juego y tenía la esperanza de que alguna de las puertas le sacase de allí. De nuevo se levantó y abrió la puerta del Pasado.

Como si de un Replay se tratase, entró en un pasillo oscuro que se volvió a iluminar al cerrarse la puerta. A su izquierda aparecieron escenas que había vivido. Era su pasado negativo. Revivió momentos duros y penosos, algunos de muchos años atrás y que había olvidado. Recordar le gustó por poder ver a personas con las que había perdido el contacto, pero el hecho de ver sus mezquindades, egoísmos y malos momentos vividos le sentó como gancho al estómago. En el lado derecho, sin embargo, pudo ver escenas entrañables y divertidas. Era su pasado positivo. Aquello era como abrir el baúl de los recuerdos, pero en imágenes, aunque no todas agradables, precisamente. Al final del pasillo de nuevo encontró la puerta de salida que abrió con esperanza ingenua de que fuera distinta, pero de nuevo le llevó al sillón de la rumia.

“Qué fuerte”, pensó. “Y aún me quedan dos”. No supo qué había sido mejor, salir de la ignorancia de la primera o vivir de nuevo el pasado de la segunda.

Se levantó una vez más y abrió la puerta de Las Oportunidades. En aquél pasillo descubrió cuántas cosas buenas había dejado escapar por darse por vencido demasiado pronto o por ceguera, cuando no por pereza. Estudios, trabajos, amores buscados o ignorados… Pero también fue gratificante ver todo lo que había logrado en la vida hasta el momento. Su trabajo actual, sus amistades… 

De nuevo en el sillón pensó en todo lo que se le había escapado y que habría podido ser, pero no fue. Algunas de esas oportunidades le hubieran llevado a una situación mucho mejor que la que tenía en la actualidad, pero ¿quién sabe nada?

Demasiada información y emociones en tan poco tiempo. La cabeza le iba a estallar. Quería terminar ya con aquello y sólo le quedaba una puerta.

Atravesó la puerta del Futuro. Lo que vio allí era todo nuevo para él. Tanto a un lado como a otro vio lo malo y lo bueno que le acontecería. Al final del pasillo contempló el final de sus días y eso le impactó sobremanera. Cuando salió del pasillo y volvió a sentarse, el hecho de ver su propia muerte se le atascó en la memoria como el peor de los rencores. Pero pensó que el futuro no está escrito y que aquello que había visto no podía hacerse realidad si él no lo quería así. ¿O sí? Todo lo que había visto en los otros pasillos había ocurrido. Era real, aunque él ignorase muchas cosas. ¿Por qué iba a ser distinto la puerta de su Futuro?

De repente los focos de luz disminuyeron en intensidad y al mirar hacia arriba vio que sobre ellos había un ventanal que recorría las cuatro paredes. Percibió las siluetas oscuras de numerosas personas que le estaban observando.

¿Porque me hacéis esto? ¿Quiénes sois?

Por unos altavoces surgió una voz que emitió las siguientes palabras:

“Lo que usted ha vivido en ésta habitación es un privilegio a los que pocos tienen acceso. Sólo usted sabe lo que ha visto en esos pasillos. Toda la información que ahora tiene permanecerá en su memoria cuando esté fuera de este lugar, salvo la de una puerta. Ahora, debe tomar una decisión.”

Intentó poner en orden sus ideas. Vivir con todo ese conocimiento, al mismo tiempo que doloroso en lo negativo, podía sacarle provecho para mejorar su vida...

 

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De las cuatro paredes comenzaron a surgir chorros de gas que a los pocos segundos lo dejaron dormido.

Se despertó en el parque, en el mismo banco donde lo secuestraron, confuso pero recordando lo sucedido en aquella habitación. Cuatro puertas, pero sólo una sin recuerdos.
 

¿Y usted? ¿Qué puerta elegiría para olvidar?
 

 

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Published on e-Stories.org on 12.01.2020.

 

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