Josefina Andres

El descubrimiento silencioso

Cada mañana, en el desayuno con mi familia realizamos un “Día a Día” un tipo de ritual que consiste en lecturas de frases célebres que debes recordar durante todo el día, y practicarlo si tienes la oportunidad de hacerlo.
Hoy, 24 de marzo es un día especial, la memoria vuelve a tocar la puerta para contarnos la historia más desgarradora e inhumana que te hará reflexionar y ver con otros ojos a La Argentina. En resumidas palabras el 24 de marzo de 1976 se produjo en Argentina el último golpe militar. Fueron años muy duros en los que se perdieron muchas vidas. Por eso usamos la expresión “Nunca Más” cada vez que nos referirnos a ese período oscuro de nuestra historia. Fueron años muy duros, pero las madres y abuelas de Plaza de Mayo no bajaron los brazos, exigieron justicia y aún hoy siguen buscando a sus hijos y nietos desaparecidos. Recordar esta fecha nos responsabiliza en la defensa de nuestros derechos y del sistema político democrático. Un gobierno elegido por la mayoría y respetado por todos es lo más valioso que un país puede tener.
Pero yo no comprendía lo que verdaderamente significaba este día tan importante, no entendía por qué era como una espina para la memoria, esa astilla que todos los argentinos tenemos, que a pesar de que duela, sabemos que no debe ser arrancada porque es lo que nos da fuerzas para seguir peleando por lo que aún nos falta, por lo que aun queremos y por lo que debería ser nuestro desde el momento que pisamos esta tierra. Mis pensamientos dieron un giro inesperado cuando decidí agarrar cuidadosamente un papel, que contenía en su interior estas simples pero profundas palabras: “Y vos ¿Sabés quién sos?”.
 -Esa pregunta es ideal para este día, aprovéchala- dijo mamá. La pregunta de mi identidad atacaba mis pensamientos, se hacía cada vez más grande, no podía concentrarme en las cosas que realizaba sin problema antes. Jamás me había tomado tan en serio lo del” Día a Día”, ya que siempre me había parecido una tradición familiar más, como seguramente tendrían otras familias. ¿Quién soy? Empecé a preguntarme y comencé a responder en mi mente mi identidad básica: - Soy Manuela Beltrano, tengo 18 años vivo en Buenos Aires  ¿qué otra cosa tengo que ser para que se me vaya esta idea de la cabeza?- dije para mis adentros. Me aterraba pensar que mi identidad se basaba en un nombre, un número y un lugar. Tenía que ser algo más.
Al llegar al colegio, luego de que la directora diera una charla sobre el 24 de marzo, ingresamos a la clase de historia. En ese primer módulo debatimos y reflexionamos sobre la dictadura militar, presté atención durante toda la hora, me parecía un tema demasiado extenso para analizar.
Cuando todo el curso permaneció en silencio, el profesor citó las siguientes palabras: “Tengo la sensación de ser un pájaro enjaulado, al que han arrancado las alas violentamente, y en la más absoluta penumbra, choca contra los barrotes de su estrecha jaula, al querer volar” Ana Frank.
 Cuando leo y releo esta frase, me imagino a Ana, gritando con todas sus fuerzas: “Libertad”. A veces, cuando sólo queda la opción de permanecer en silencio, buscamos la manera de poder gritar  sin “estorbar” a los demás.  Ana encontró esa voz en su diario íntimo que sus padres regalaron al  cumplir  13 años.
Gracias a no permanecer en silencio, hoy podemos conocer su historia, su manera de vivir, de pensar y cómo fue vivir un hecho tan sangriento como lo fue la Segunda Guerra Mundial.
El nazismo y la dictadura sin duda tienen mucho en común. Otros nombres, otro lugar, otro tiempo, pero el mismo pensamiento, esa necesidad de que perdure la mejor raza, prohibición, asesinatos, lugares donde poder tortura gente, y tantos sucesos más que ni siquiera la palabra “etcétera “alcanza.
Hoy, agradezco poder vivir libremente en una sociedad que deja expresar opiniones, que busca el cambio y que busca la manera en que las cosas no vuelvan a suceder de nuevo. “Nunca más”, son esas palabras que nos mantienen firmes.
Es verdad que en determinadas circunstancias de nuestra vida nos mantenemos callados, sin poder festejar aquella democracia ganada, sin darle lugar a aquellas voces que quedaron en silencio durante aquel tiempo, por culpa de una amenazadora arma, sin defender nuestros derechos, olvidándonos que la pelea ya está ganada y que hay más voces que discursos.
Terminada la clase de historia, comenzamos a dar inicio a Lengua y Literatura.
Al entrar al aula, la profesora había colocado un cartel enorme citando la siguiente frase:
“[¿Y cómo te gustaría que te recordaran?] Como alguien que quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre.” María Elena Walsh
Me dije a mí misma, hoy me levanté con un propósito, saber quién soy realmente, no quiero desperdiciar ni un segundo pensando en el fracaso, porque estaría pintando mi cielo de gris. Entonces se me vino al cabeza la sabia frase de William Case Morris, fundador del Hogar “El Alba” en Argentina, para niños huérfanos y desamparados: “Pasaré por este mundo una sola vez. Si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar alguna noble acción que yo pueda efectuar diga yo esa palabra, haga yo esa acción AHORA, pues no pasaré más por aquí..."
Cada palabra que aliente a los demás será bienvenida, cada acción que pueda favorecer al otro también, lo importante es el valor que le damos y que lo hagamos al instante.
Al terminar el horario de Lengua, la profesora notó algo extraño en mí, entonces se animó a preguntar:
-¿Puedo saber qué te pasa?-
- Estoy tratando de encontrarme, de poder saber quién soy- dije avergonzada.
- ¿Por qué te da vergüenza? Me parece que es lo mejor que alguien puede hacer, al fin y al cabo nuestra identidad no nace por la genética, sino por  la historia que vamos dejando de nosotros mismos. Solamente conozco de vos un 10% o menos, cuando sepas quien sos vení a verme, así intercambiamos cosas que ninguna conocía de la otra, capaz que durante esa charla descubra muchas más verdades sobre mí que las que conozco-  agregó.
 Verdaderamente, todo cambia cuando tienes una meta por delante. Descubrí también que el cambio en uno mismo produce una modificación en las personas que te rodean.
Al llegar a casa comencé por lo básico, averiguar qué significaba identidad y por qué era tan importante conocerse.
 Identidad: El concepto de identidad proviene del vocablo latín identïtas, que refiere al grupo de rasgos y características que diferencia a un individuo, o grupo de individuos, del resto. Es a partir de esta que las personas logran distinguirse del resto y esto depende siempre de la cosmovisión e historia propia y del contexto en el que se vive.
La identidad no es una simple definición, no es aquello que podemos buscar rápidamente en un diccionario, es lo que me hace ser quién soy. Yo estoy constituida por una identidad que pocas veces es sacada a la luz. Siempre fui un 10% de quién soy realmente, siempre fui la mínima versión de Manuela, y le mentí al mundo sobre mí.
¿Cuál es, entonces, aquella identidad que desconozco que me hace distinta a los demás?
Admito que, en varias ocasiones, me angustié al saber que no iba a poder saber quién soy en un solo día. Necesitaba ayuda, pero, si no me conocía a mí misma ¿Cómo iba a pretender que los demás supieran quién soy?
Entonces se me ocurrió preguntarle a la gente que me conoce, pequeñas cosas que podían ir armando eso que andaba buscando. Como si fuera un rompecabezas, no se puede completar si falta una solo pieza.
Durante todo el día intente buscar mi “yo” verdadero, le preguntaba a mi familia pero las respuestas eran comunes, las mismas que había escuchado durante toda mi vida. ¿Quién era realmente?
Siempre fui una persona que se conformaba simplemente con vivir, con despertarme y hacer las mismas cosas de siempre. Recién desperté y vi que realmente lo que hice durante todo mi transcurso en esta vida fue: estar muerta. Uno vive cuando se levanta cada día con un plan distinto, con la idea de que ese día puede ser el último. Aunque suena un poco brusco creo que lo que te mantiene vivo es saber que la vida es una sola, nadie te asegura que mañana estarás con vida. Asique, ¿Cómo puedo sorprender al mundo hoy?     ¿Qué aporte puedo ofrecer a la sociedad? La idea de ser alguien más no me convence, quería dejar una huella en el mundo, no quería tener” éxito “, simplemente ser esa persona que a pesar de las dificultades sonreía y luchaba por sus derechos.
La tarde de ese día nos visitó mi abuela de San Miguel de Tucumán, con alegría inmensa la recibí. Cuando por fin estuvimos solas le pregunté si podía ayudarme en descubrir quién era y, amablemente me citó una frase de la artista mexicana Frida Kahlo: “Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mí”. Pero ¿Qué es lo que ves en mí? - Un regalo – dijo mi abuela sirviendo té. - ¿Por qué?- insistí - Cuando una persona nos regala algo, vemos únicamente su envoltorio, no sabemos lo que contiene en su interior, imaginamos y juzgamos por su apariencia. Cuando por fin logramos sacar esa envoltura descubrimos lo que verdaderamente era, desechamos el papel, ya no lo necesitamos. Nos damos cuenta que lo único que importaba era su contenido. Luego agradecemos a las manos que trajeron ese tesoro a nuestras vida, lo guardamos y cuidamos como si fuera el último regalo, y a pesar de que a algunas personas no les guste algo de él, sabemos que es especial por el simple hecho de que es diferente a los demás- Pero vos hija, todavía no podes ver lo que hay dentro tuyo, cuando lo hagas vas a saber sin problema quién sos realmente y qué es aquello que te hace diferente a los demás – agregó.
Entendía a mi abuela, era mi trabajo encontrarme, no podía andar por la vida mintiendo, engañando a la gente.
Esto me recordó a un famoso cuento de Julio Cortázar, que por casualidad, había leído la semana pasada por una tarea del colegio, “Axolotl”.
Los Ajolotes son una especie de salamandra que jamás abandona su estado de larva. Son como los renacuajos antes de convertirse en ranas.
El cuento de Julio Cortázar trata sobre un hombre que está fascinado con los Ajolotes del Jardín des Plantes, en París. Tanto que termina por convertirse en uno de ellos.
Cada día, Incluso tres veces por día, el hombre iba al Jardín des Plantes a ver a esos animalitos apretados en su acuario, veía sus cuerpos traslúcidos y lechosos, sus delicadas colas de lagarto, sus caras Aztecas triangulares, planas y rosadas, sus patas diminutas con dedos casi humanos, los ramitos que brotan de sus branquias, el brillo dorado de sus ojos, la manera en que casi no se mueven y de vez en cuando agitan sus branquias o se echan a nadar con una sola ondulación de cuerpo.
Parecen tan extraños que el hombre se convence de que no son solo animales, sino que guardan una misteriosa relación con él, que están confinados en silencio al interior de sus cuerpos, pero de alguna manera le suplican con sus pulsantes ojos dorados que los salve.
Lo único que los separa es aquel vidrio perteneciente al acuario. Es un puente entre la imagen que el hombre tiene de sí mismo, y lo que verdaderamente es.
Un día, el hombre está observando a los Axolots como de costumbre, con el rostro muy cerca del exterior del acuario, de repente, el “yo” se encuentra dentro de la pecera y puede ver con facilidad quién es realmente.
Me identifico con este relato en este preciso momento ya que, lo que realmente me refleja el espejo no es nada a comparación de lo que hay detrás de este. Al mirar mucho más del vidrio del acuario, el hombre pudo ver el pequeño axolotl que lo miraba fijamente, como si quisiera decirle algo. Ese animal, encerrado en 4 paredes, sería mi identidad. Yo soy el hombre que se cansó de mirar su reflejo y decide ver más allá.
Tal vez sea agotador tratar de saber que hay escondido en mí, pero vale la pena.
Quiero saber quién soy ahora que soy libre, que vivo en un país en democracia, dónde nadie me puede impedir alcanzarlo, el único obstáculo soy yo. Yo decido si rendirme ahora o seguir, si dejar entrar comentarios negativos a mi mente o no darles importancia, luchar por lo que quiero o vivir con lo que me ofrece la vida, mirar más allá de dónde estoy parado o quedarme estancado en pleno camino, dejarme vencer por los gigantes que se colocan ante mí o derrotarlos con lo que he aprendido, todo depende de qué decisión quiera elegir.
Decidí despejarme y salir a caminar, reflexionando en mi mente. Seguro me servía para despertar nuevas ideas. Caminé por varias cuadras hasta toparme con una librería, decidí comprarme un anotador por si algún pensamiento se quisiera cerrar de nuevo. Dentro de este, se encontraba un separador de hoja con una imagen peculiar de “El principito “ acompañada de una frase, también característica de este famoso libro de Antoine de Saint-Exupéry : “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”
En ese momento comprendí que durante todo el día traté de buscar algo que no estaba al alcance de los sentidos, intenté hallar aquello que las manos no podían palpar, que los ojos no podían deleitar, que la boca no podía degustar y que los oídos no encontraban manera de poder escuchar.
Aquello realmente era especial, nadie podía encontrarlo, solamente yo. Todo este tiempo creí que las personas cercanas a mí lograrían ayudarme a descubrirla, pero soy yo la protagonista.
Es como una obra de arte, el artista la crea en un determinado momento de su vida por razones que solamente él  conoce. No podemos saber lo que quiso reflejar esa persona con tan sólo mirar su trabajo, debemos preguntarle, conocerlo, tener idea de que esa obra es única e irrepetible. A pesar de que haya gente que quiera imitarlo, la verdadera esencia no es aquello que vemos, sino lo que hay más allá de nuestros sentidos.
Deberíamos saber más de nuestra historia, del por qué actuamos de esta manera, por qué suceden algunas cosas, hasta qué punto podemos cambiar, imaginarnos hasta dónde podemos llegar "La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar." Jorge Luis Borges
Pero ¿qué es la memoria? ¿Por qué es tan importante para el futuro? Sin memoria no hay imaginación. Esta última es indispensable para ver qué futuro queremos, no podemos mirar mucho más del ahora sin imaginar. Es por eso que se necesita la memoria, a pesar de que ciertos sucesos pasados se vuelvan un dolor y sufrimiento imparable al recordarlo, debemos utilizarla para que ese pasado no vuelva a ocurrir, ni en nuestra vida ni en la de los demás.
Esa espina que los argentinos tenemos, que al recordarla se vienen a la mente miles de caras, de frases, de sangre y de gente que no sabemos qué fue de su vida o que ocurrió con ella, si sigue su búsqueda o solo fue parte de esa espina. Esas personas, negadas de su libertad, de poder disfrutar de sus derechos fueron excluidas de todo por ser la voz que le hacía falta al país.
Algunas de estas personas fueron jóvenes como yo, secuestrados y torturados por desear ser ese futuro que La Argentina necesitaba, por reclamar lo que les pertenecía. Al pensar en esto, otra fecha vino a mi cabeza, el 16 de septiembre, una fecha que recuerda un hecho represivo conocido como La Noche de los Lápices, trae a la memoria a un grupo de jóvenes estudiantes secundarios que fueron secuestrados por la última dictadura (1976– 1983) en la ciudad de La Plata.
La mayoría de los jóvenes tenían militancia política. Muchos habían participado, durante la primavera de 1975, en las movilizaciones que reclamaban el BES (Boleto Estudiantil Secundario), un beneficio conseguido durante el gobierno democrático de esos días y que el gobierno militar de la provincia fue quitando de a poco –subiendo paulatinamente el precio del boleto– a partir del golpe del 24 de marzo de 1976.
La fecha de La Noche de los Lápices permite condenar al terrorismo de Estado. Es, a su vez, una invitación a recordar la vida de aquellos jóvenes que lucharon y participaron para construir un futuro mejor.
Gracias a los sobrevivientes que no dejaron que la voz de sus compañeros se apagara, hoy podemos conocer testimonios acerca de este hecho. Películas y libros se han escrito, para que podamos saber la verdadera realidad que se escondía de nuestros ojos.
Lo que me llena de alegría en esta horrible historia es la forma en la que actuaron estos jóvenes, sin pensarlo se convirtieron en el futuro que querían, son ejemplo para nuestros días, guerreros que no se dejaron callar, a pesar de que tuvieran mil razones para rendirse, decidieron seguir peleando por el hoy.
Así como lo hicieron ellos, grandes artistas que conocemos hicieron públicas aquellas obras que iban en contra de esa forma de gobierno, la realidad los invito a cambiarla y no dijeron que no. 
Hoy en día podemos deleitarnos y conocer cuentos, música, poemas, obras de arte, etc.  nacidos en un momento de oscuridad que sin embargo nos llenan de luz el alma.
 Una de las canciones que siempre me ha llamado la atención es “La memoria” de León Gieco. Al escucharla, deseo con todo mi corazón que todo lo que va contando,  nunca hubiera ocurrido, se me llenan los ojos de lágrimas por las miles de caras que se me vienen a la mente, luchando por una Argentina que a pesar de estar gobernada por personas que no la valoraron, siguió estando de pie por los cientos de argentinos que querían verla sonreír otra vez.
En un día descubrí lo ciega que estaba, no me daba cuenta el sufrimiento que había consumido a La Argentina, la desesperación de querer hallar una salida, el  deseo de justicia, qué bueno que hubo personas que no la defraudaron y que la aceptaron con todos sus cambios. La memoria argentina es parte de todos, algunos la valoran y otros simplemente no quieren saber nada, pero al fin y al cabo esos recuerdos aparecen en los momentos menos deseados, menos indicados de nuestras vidas para abrir los ojos y conocer el lado más oscuro de La Argentina.
Entendí que aún faltaba una pieza esencial, esa parte del rompecabezas que nunca se encuentra. Sólo si la buscas. Al principio no sabía por dónde empezar a buscar, había tantas preguntas en mi cabeza que era difícil elegir una como iniciativa.  En ese momento, una en particular apareció de la nada. ¿Por qué es tan importante la identidad en este día? Era una pregunta básica, pero no tenía respuestas, tenía miedo a equivocarme y no poder descubrir eso que me atormentaba.
Por un momento surgió la idea de pedir ayuda, pero recordé que esta meta era individual y el premio no podía compartirse.
Entonces comencé la investigación, busqué por varias páginas de internet hasta que por fin encontré lo que buscaba. La página oficial de las abuelas de plaza de mayo y decía lo siguiente:
 “Trabajamos por nuestros nietos - hoy hombres y mujeres-,por nuestros bisnietos-que también ven violado su derecho a la identidad-,y por todos los niños de las futuras generaciones, para preservar sus raíces y su historia, pilares fundamentales de toda identidad.”
 Lo peor de todo es que no es un cuento de terror, sucedió en La Argentina un 24 de marzo de 1976 donde las Fuerzas Armadas usurparon el gobierno constitucional por medio de un golpe de Estado. El régimen militar se denominó así mismo como “Proceso de Reorganización Nacional”, y llevo a cabo una política de terror, donde 30.000 personas desaparecieron, sometiéndolas a la tortura y privándolas de libertad. Y como si fuera poco, centenares de bebés desaparecieron, inocentes sin saber qué hacer, sin poder luchar por sus derechos, por su vida y por la vida de sus padres. Cuántos niños privados de identidad, haciéndose las mismas preguntas que yo, sin conocimiento alguno de sus verdaderas raíces, arrancados de las manos de sus progenitores sin siquiera haberlos conocido. Y hoy, desesperados, con la mente inundada de preguntas, deciden dejar todo y buscar quiénes son realmente.
Ya no es una aburrida clase de Historia en el colegio, no es una de las fechas patrias que hay que recordar cada año, no es un hecho histórico y nada más. Es mucho mayor que eso. Es parte de lo que somos. Y, aunque a veces es mejor quedarse con la parte buena, hay que aceptarnos con todo lo que poseemos en nuestro interior. ¿De eso se trata la identidad no? Puedo decir, con una alegría inmensa que por fin descubrí quien soy. Soy esa argentina que sueña con un país mejor, y que decide dejar una huella de la mejor forma posible, soy de las que se caen pero se levantan y que, al mirar ese lugar donde tropezó, sonríe al saber que los errores se conocen cuando son cometidos, soy esa persona que ayuda a su país a no caerse y que, a pesar de que no tenga reconocimiento alguno, sabe que sin esa pequeña ayuda, a La Argentina le faltaría un sustento, soy esa maestra que corrige, ama, enseña, y valora a esos niños que serán, en un futuro, los que cambiarán el mundo a su manera, soy esa adolescente que, a pesar de que susurren en su oído que la juventud está perdida, hace lo imposible para demostrar que no todos son del mismo molde, soy esa abuela, que cada mañana se coloca un pañuelo blanco, llena de esperanza, de vida y de color y que a pesar de la situación en la que este, no se deja tapar esas palabras que la describen, que le envuelven el alma y le gritan por dentro, como si fuera una multitud de argentinos queriendo salir desde todos los rincones de su ser : Nunca más. Pero lo mejor de todo, es ser quien soy. No hay nada más agradable el ser uno mismo, el tener ese toque que nadie tiene, el saber que soy única e irrepetible y que en cada paso que doy dejo un camino de ciertas palabras, actitudes, sueños, metas, logros, que construyen mi identidad.
Para mí la identidad es aquel descubrimiento silencioso, que nace cuando nos proponemos a investigar más allá de lo básico, de lo cotidiano, de lo que estamos acostumbrados a escuchar, de aquellas teorías que permanecieron en nuestras cabezas pero que nunca nos animamos a enfrentar si eran ciertas o no. Cada uno se descubre a sí mismo, tarde o temprano. Las personas que deciden buscarse tempranamente son aquellas que no se conforman con el envoltorio, quieren saber por qué son diferentes, y las que, en su lecho de muerte se adecuaron a su nombre y nada más, yo creo que esas personas en algún momento de su vida también quisieron ser mucho más que ellos mismos.
Con un gozo en mi corazón, descansé en paz. A la mañana siguiente, volví a sacar un “Día a Día” y, como si los papeles se hubiesen puesto de acuerdo en el orden, leí la siguiente frase: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es” Jorge Luis Borges.
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Josefina Andres.
Published on e-Stories.org on 13.01.2016.

 

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