Luis Carmona

El vacío



Luis Ángel Carmona Altamirano


Ya no sé qué ocurre con mi vida, ya no sé lo que puedo hacer con ella, es un vacío que siempre intenté llenar, es un vacío que siempre vivió conmigo, ya no tengo consciencia, y con mis pequeñas uñas estoy rasgando la arena de este desierto tan solitario mientras reflexiono la historia de mi vacía vida, de mi frustración, de mi gran vacío.
Muchos dirían que mi vida fue excelente, en el aspecto personal, económico, sentimental, entre otros. Mi vida consistió en tener un buen estudio, una buena casa, una buena familia, pero eso ya no basta, hay algo que aún falta, nunca supe cuál es ese vacío que aún queda por llenar.
Recuerdo que una ocasión cuando aún era pequeño, tuve una discusión con mis padres, ellos me dejaron solo en casa, y salí de ella, caminé y caminé hasta llegar a una fábrica abandonada, y el metal de sus paredes estaba tan desgastado y oxidado que tenía ya un color ladrillo, de pronto pensé entrar y quedarme a vivir ahí por un tiempo y dejarlo todo, pero no tuve el valor para hacerlo, me retiré hacia mi hogar lamentándome haber sido un cobarde.
Después de ese día traté de ser una persona que obedecería todo lo que le ordenaran para no tener problemas, una persona a la cual todos reconocerían como un ejemplo para los demás. De mis padres y de mi entorno social aprendí que cuando creciera encontraría la felicidad, pero me doy cuenta que el único que debía decidir sobre su vida tenía que ser yo, y que mi grave error fue ser el producto de sus deseos egoístas
Los últimos meses pasaron como gotas que se derraman poco a poco hasta llenar un mar lleno de tiempo perdido y despilfarrado. Al no encontrar una solución descuide mi vida, dejé que mi hogar fuera un completo desastre, mi habitación que todo el tiempo relucía impecable, ahora es un caos, y en ella planeé y planeé lo que haría con mi vida pero nunca hice nada al respecto.
Siempre intenté llenar el vacío dentro de mí, pero ocurrió todo lo contrario, a medida de que el tiempo pasaba ese vacío se hacía más profundo. Creí que teniendo amor lo llenaría todo, pero, el amor se harta de sí mismo, las ilusiones son torturas, los sueños son proyectos no planificados. ¿Qué pasaría si tan sólo un día no soñáramos? ¿Si tan sólo un instante matamos nuestros deseos, acaso sería lo mismo que estar muertos? ¿Por qué la respuesta está tan cerca y nos alejamos tanto de ella? De cualquier manera a nadie le importa.
El sabor del dulce vino me hacía recordar aquella mujer que con su vestido apareció tan hermosa como una rosa en el jardín de los sentidos, como aquel jardín de la tranquilidad. Aún tengo en mi cabeza la imagen de su bello rostro, de sus grandes pestañas, de sus ojos que reflejaban el cielo y el mar, de su sonrisa que tanto me encantaba. Ella tenía algo distinto, ella me raptó hacia un lugar que jamás creí conocer, ese lugar era su gran tesoro, y ese gran tesoro era su ser. Pero el dios cronos llegó y se llevó consigo los momentos más apreciados de mi vida

No niego que fui preso de su mirada y limosnero de su amor, del néctar de sus labios, fui esclavo de su voz, de su dulzura que tanto me llenó de amargura, ella nunca necesitó de ser una princesa para conquistar al mundo con su hermosura, nunca necesitó ser tan especial para enamorarme.
Sentí desesperación al no tenerla y cuando la tuve ella se adentró en mis sueños, pero al final ella resultó ser un demonio disfrazado de mujer, y que al igual que una rosa que va dejando sus espinas en la mente de cualquiera, ella me ocasionó la muerte más lenta y dolorosa de mis absurdos sueños y esperanzas con su exquisito veneno que tantas veces confundí con el antídoto a la infelicidad.
Ella fue mi mal y por más que intenté olvidarla su recuerdo siempre me persiguió, ella fue mi mal que jamás evité, ella fue mi mal que a todas mis añoranzas mató.
¿Por qué el amor tiene que convertirse en odio? ¿Por qué una relación es tan egoísta? ¿Por qué todo tiene que estar lleno de mentiras? ¿Por qué la costumbre se convierte en sofocación? ¿Por qué los ideales son más grandes que el valor a una persona? ¿Por qué la respuesta está ahí y no la vemos? ¿O es acaso que simplemente no la queremos ver?
Cuándo la esperanza se va, cuándo descubres que todo fue un malentendido, estás en medio de una mar de las ilusiones que mueren lentamente, y la felicidad se evapora con ellas, y aunque ésta se aferre a existir, ya todo es calma, neutralidad y confusión, y solo quedan las cenizas de insatisfacción, de incertidumbre y éstas resultan ser más grandes que el universo entero.
Pero ella murió, ella dejó de existir, esa fue la noche más triste de mi vida, y aunque no la perdí del todo puesto que nunca fui su único dueño, sus recuerdos nunca me dejaron en paz.
Esa noche fue una de las más frías de mi vida, a la media noche la lluvia recorría mi rostro y la soledad me envolvía con la manta tejida de sus recuerdos, esa noche tuve los últimos momentos a su lado, su cuerpo inerte y sin respuesta alguna a mi dolor fue lo peor que pude haber sentido en la vida y no dejé de preguntarme qué es lo que se sentiría morir, o si acaso soy yo el que estoy muerto en vida. Lo que al último realmente me importó en ese instante fue su ausencia y la promesa de su eterno abandono.
Regresé a mi tan desacomodada habitación y me recosté sobre mi cama y tomé una botella de vino que tenía guardada para que me hiciera olvidarla, y después de un pequeño lapso de tiempo me imaginé estar flotando en medio del mar olvidándome de mis problemas, de mis sueños, de mis posesiones, y de todo aquello que me torturaba. Medio somnoliento y gracias a los efectos del alcohol me pareció ver a una sirena que se acercaba, sin duda alguna era ella, era un espejismo, ella estaba frente a mí, el contacto de nuestros ojos nos conectó con nuestras almas, me quedé sin palabras hasta que la alucinación terminó y me quedé dormido.
En mis sueños renació la historia de Sodoma en donde me encontré con esos vestigios hechos por los dioses, y pude ver a una virgen danzar para grandes hombres tan vacíos como yo, la vi entre las curvas de esa danza que me hipnotizó, ya no me importó nada más que perderme en el laberinto de sus labios. Después aparecieron perlas verdes, como el verde malaquita, muchas perlas brillantes verdes con centro azulado y después un bosque, habían muchos árboles, pinos, y junto a ellos una nueva ilusión.
Al despertar sonaba una canción, era un claro de luna, una ola de notas, ola de sus recuerdos, y recordé su rostro, recordé aquel bosque en el que la conocí, recordé aquel atardecer en el que sequé sus lágrimas ocasionadas por el dolor que le ocasionaba la vida, pero de pronto algo remplazó a ese recuerdo, fue lo de siempre, lo reconocí a kilómetros, fue ese vacío otra vez.
Vi que ya había amanecido y no tuve ninguna motivación, no tuve ganas de buscar un trabajo, ni de salir con alguien, ni mucho menos de descansar, así que salí a la calle con el corazón palpitando tan rápidamente como las agujas del reloj, caminando sin rumbo fijo por las solitarias y traicioneras calles llegué a una lugar que parecía una ex hacienda y sus cimentos estaban agrietados, y en su interior no había más que pasto y grandes rocas, recuerdo que me tiré en el piso a sollozar pero de pronto escuché una voz que me dijo hola, yo quedé asombrado al ver que no me encontraba solo en ese lugar, aquella voz provenía de un hombre de avanzada edad, era un indigente con el cual entablé una pequeña conversación en la cual me dijo todo sobre su familia que lo abandonó por ser viejo, que él no tuvo fuerzas para levantarse, que tenía varios años viviendo ahí resguardándose en aquellas ruinas las cuales tomó por hogar, y que los militares pasaban a dejarle de vez en cuando algo que comer. Yo quedé impresionado y prometí dejarle de vez en cuando algún alimento o cobija para su protección, y me di cuenta que en cierta medida ese hombre era más libre que yo, sólo le dejé algunas monedas creyendo que eso solucionaría su vida, pero creer eso fue tan patético ya que eso no solucionaría nada, él seguiría igual o peor, ese hombre necesitaba ayuda de verdad, algo que lo ayudara a pasar sus últimos días dignamente, pero nadie le brindaría ese apoyo, el no apoyarlo me persiguió por un tiempo, pero mientras yo estaba muy cómodo presumiendo lo que a muchos les faltaba, ese remordimiento poco a poco se fue borrando.

De regreso a casa pude ver a una mujer que vivía cruzando la calle con cuatro pequeños que le sucedían uno al otro y lloraban rogándole a esa mujer un trozo de pan, un trozo de felicidad que jamás valorarían y que seguirían exigiéndole a esa mujer abandonada, una mujer que ahora su única esperanza era vivir para sus pequeños, aunque ella jamás planeó tenerlos, fue su hermosa maldición, su gran responsabilidad hacerlos unas personas de bien, no importaba a que costo, si tenía que dar su vida como limosnera para darles un poco de comida como aquellas mascotas que dependen de su dueño, sólo por lastima, sólo por obligación, sólo por remordimiento y no por amor. Ella sólo se comprometió con ese canalla por un futuro seguro, por un hogar, por algo estable, dejó sus ilusiones por la promesa de un falso bienestar. Ella tendrá que lidiar con ese vacío hasta que sus pequeños sean grandes y se enfrenten a la vida de verdad, sin ningún apoyo, y tengan que enfrentarse a la realidad como aquel vagabundo. Sólo recuerdo haberme prometido no hacer lo mismo si en algún momento de la vida tuviera hijos.
Ya en casa las memorias de ese vagabundo y de esa mujer se metieron a mis pensamientos y me pregunté cómo es que mis ancestros tuvieron que batallar por su vida sin tener grandes cosas como las que tenemos en nuestros días, tuve que remontarme a un siglo antes, no, creo que mucho más atrás, a los inicios de la civilización, cuando los hombres aun no eran hombres, y eran bestias peludas, debió haber uno de ellos, que repentinamente se percató de la vida que vivía, de su alrededor, y notó a la naturaleza y las cosas exteriores a él; después se observó así mismo y se preguntó acerca de su existencia y qué es lo que hacía en ese lugar.
Aquella criatura pasaba noches de frío y tardes de mucho calor, le dolían los pies al pisar las rocas. Le faltaba luz a su vida, huía de esos nefastos animales carnívoros y de aquellos que se robaban su comida. Era incómodo ir de un lugar a otro con la preocupación de afectados por cosas que no conocían a cada paso del camino; así que se tenía que buscar una nueva forma de protegerse de eso, de tener una mejor manera de vivir, y de cómo lograrlo y con qué medios.
Esta bestia dejó de ser bestia, aunque no del todo peluda para transformarse en hombre, en el primer filósofo y lo logró cuando hizo este gran paso y pudo soñar con que todas estas grandes incomodidades algún día acabarían.
Este hombre buscó un significado a todo lo que le rodeaba y transmitió sus conocimientos a sus primogénitos, así el hombre al comprender más sobre su mundo y sobre sí mismo decidió darle gracias a los astros y junto con la ayuda de su pueblo edificaron pirámides y les dieron un significado especial.
Quería remontarme a este tiempo para comprender mi vida, comprender mi existencia, darle de igual manera un significado a mi vida, pero nunca supe cómo lograrlo, si mi vida fue tan miserable, si este vacío nunca me dejó en paz, si siempre estuve atrapado a una rutina, a una constante para satisfacer mis necesidades que nunca acabarán, creo que eso es lo que impulsó a ese hombre, al no tener garras, ni grandes dientes, a esforzarse e incrementar su ingenio para satisfacer sus necesidades y percatarse del mundo que le rodeaba.
Al pensar de esa forma me decidí viajar a Egipto. Me hospedé en un sucio hotel del cual salí al atardecer para ir a ver las grandes pirámides, la caminata fue pesada pero no importó. Ahora es de noche, y me aproximo al desierto y me siento como esa bestia peluda que mira a su alrededor y ve más allá de su época.
Recuerdo mi realidad de gran tecnología avanzada y que sigue progresando, una realidad que dice estar en el año 2051 del calendario gregoriano, pero que yo aún me siento en el pasado, pues sigo haciéndome las mismas preguntas y buscando una explicación a todas ellas y que espero que mis descendientes puedan comprender.
Voy metiéndome más profundo hacia el desierto y desde lejos veo a las pirámides y quiero llegar a ellas. Voy caminando y me quito todo lo que tengo puesto hasta mis sandalias. Con un poco de miedo por los animales ponzoñosos, pero con la misma valentía que un hombre en esos antiguos tiempos en los que yo todavía no nacía.
La luna ilumina mi camino que se va formando por esas grandes dunas, el frío penetra muy dentro todo mi ser, el hambre me hace pedazos, y de meditar todo esto no me acordé ni siquiera de comer algún fruto.
El misterio se apodera de mí, mi pensamiento cambia, siento el poder correr por mis venas, la adrenalina sube a todo motor, ocurre una distorsión, es qué soy otro acaso, o es mi verdadero yo, ocurre un debate, un duelo psicológico, un viaje a una parte de mí mismo, el tiempo desapareció y los sentidos remplazan su lugar, colores, vueltas, espero que se vaya y no vuelva más mi consciente desastroso.
El miedo recorre cada rincón de mi mente, pero logro relajarme, dejo que el sosiego tranquilice mis nervios y sigo con mi camino, y de pronto me voy preguntando si será acaso que me estoy arrepintiendo de hacer todo esto, si acaso estoy loco, o es qué todos estamos locos en cierta medida y nadie se ha dado cuenta y lo ignoramos, es muy confuso el control con el que se vive hoy en día en las grandes ciudades.
Siento mis orígenes a flor de piel, y ahora siento todas aquellas necesidades que esa bestia alguna vez sintió, y que fue tan valiente para enfrentarse a todos esos miedos que ahora yo siento y que logró romper junto con esas cadenas que hoy a la mayoría de gente vive atada a esas grandes esposas de comodidad fabricadas por un sistema social.
Debí venir con alguien más, pues me siento tan solo, y la soledad es una flecha que va clavando poco a poco y que aproxima a la muerte cada vez más rápido.
Ahora sé que no pensé bien las cosas y me aventuré a esta locura, pues nadie me tomó en serio y todos se ofendieron al escuchar mis ideas.
A medida que va pasando el tiempo, me acerco a las pirámides y me voy preguntando si también es cuestión de tiempo para que mi muerte llegue de una vez, para que acabe con mi tortura. El mundo es un reloj de arena que se consume poco a poco y se vuelve a invertir para regresar al mismo punto.
Estoy cansado, quisiera que alguien llegara a llevarme a casa, sólo quisiera que la diosa Nix y el dios Hipnos me llevaran a viajar a mundos desconocidos, a mundos que sólo yo pueda crear y rompan con la lógica establecida. Pero no, debo continuar, aunque el cansancio me esté matando y el sueño me esté controlando. Esta vez no será como en la fábrica, no me retiraré otra vez, no seré un cobarde una vez más, no hay nada por lo que regresar.
Por fin he llegado a las pirámides, lo logré, justo cuando está amaneciendo, ahora puedo ver al dios Ra, al dios sol alumbrando mi destino. Me siento como un faraón frente al dador de vida, a ese gran coloso inerte que da los medios para la existencia de este mundo y de mí mismo.
Ahora me inclino y puedo sentir como la arena de este desierto besa mi rostro. Tal vez mis ideas jamás llegarán a mis descendientes y todo sea igual hasta que el hombre siga siendo hombre, hasta que otra especie lo sustituya y de igual forma se pregunte acerca de su mundo y de su existencia y descubra su propia filosofía para reemplazarlo.
Pero ahora me perderé en este desierto, ya no me importa mi fin, jamás llenaré este vacío más profundo que nunca. Mi vida sólo consistió en desperdiciar todo, ya no quiero regresar a esa vida controlada por mis deseos, ahora seré libre, aunque eso me cueste regresar a mi naturaleza, a mis orígenes, aunque eso me cueste la vida. Tal vez alguien en algún lugar alguien me entienda y no me juzgue por no soportar esta selva artificial hecha de muros a la cual llamamos nuestro mundo.
El futuro es incierto, el pasado un canalla que ya nunca volverá y ahora que no faltan muchos minutos para que mi vida concluya, la historia se encargará de borrarme de sus páginas. Ahora me doy cuenta de que mi existencia jamás tuvo ningún sentido más que el que yo le di, un sentido que carecía de sentido, nunca supe valorar mi existencia, nunca me di cuenta que sólo viviría una sola vez, que algún día dejaría de existir, y que ya no sería nada en este mundo, nunca supe si existiría un mundo después de morir, o si algún dios guardaría mi alma, aunque no creyera en ninguno, qué si mi vida tendría algún objetivo, pero eso ya no importa, por ahora la muerte se encargará de concluir con mi conciencia y con este profundo vacío.









 

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Published on e-Stories.org on 04.11.2015.

 

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