Plácido Cortés

Y no escribió, lo hice yo.

Y no escribió… había prometido hacerlo más tarde, tal vez después de tomar un baño, pero no lo hizo.

No quería hacerme ver demasiado interesado, u obsesivo por saber de él, pero no quería de ningún modo que creyera que lo que había sucedido entre nosotros sólo había sido cuestión de una buena tarde y una excelente noche.

Pedro, demasiado delgado para los gustos que acostumbraba tener, diez o quince centímetros más alto que yo, cabello abundante, perfil delgado y atractivo, tez clara, seis tatuajes pude contar y corroborar después ese mismo día.

Ese domingo por la tarde no tuve otra opción más que ir a comer a solas, me encontraba cerca de una plaza comercial donde seguro encontraría algo para tal. Comida china preparada con alto contenido de grasas, que sin embargo para mis gustos ese día me parecía apetecible, tome asiento en una de las tantas mesas que decoraban aquel patio gastronómico e ingerí mis alimentos. Acostumbraba a comer a solas los fines de semana, no siempre congeniaba con mis amigos en horarios para poder hacerlo juntos, pero ese domingo fue perfecto para tal ocasión.

Un par de mesas frente a mí se sentó él, entre nosotros aquellas mesas se encontraban vacías, lo cual permitía poder hacer contacto visual, esto no sucedió de inmediato como podría plantearlo cualquier historia de amor a primera vista, pero sucedió.

Llamó mi atención, claro que lo hizo, pero no resultaba ser uno de esos seres que atrapan por completo mi interés y provocan en mí sensaciones incontrolables por acercarme y hablar con ellos, no, él no lo hacía. Uno de sus tatuajes color negro, que contrastaba perfectamente con su tono de piel clara, se dejaba ver por el cuello de su playera, era tan llamativo y tentador notar ese contraste.

Varios minutos después cruzamos miradas, una y otra vez, yo no tenía ningún problema con entablar conversación con un extraño, con quien previamente había cruzado miradas, así que me acerque. Tome mi plato que aún tenía alimentos y fui hacía él, -¿te importa si me siento?, o ¿esperas a alguien?- Noté sorpresa y nervio en su rostro, no esperaba que me acercara de esa forma tan segura a él, pero así era yo, poseedor de la idea de que si una oportunidad se encuentra frente a ti debes tomarla. –No, claro que puedes sentarte-. Desconcertado pero también interesado aceptó mi compañía.

Ahora frente a él y mirando sus expresiones y notando sus ideas, me convencía cada vez más lo impresionante que puede ser el mundo de otro ser humano, quien en un principio puede pasar desapercibido para ti, y en pocos segundos puedes experimentar la sensación de no quererte separar de él. No es como si fuera el punto donde crees haber encontrado al amor de tu vida, pero después de varios años soltero encuentras increíblemente sorprenderte la capacidad de poder amar nuevamente, y a amar a alguien que por lo general no es tu tipo, y a quien en una fiesta tal vez no habrías notado, pero en este momento si lo haces.

Platicamos mientras terminábamos la comida, ideas en general y preguntas básicas para conocer a alguien. Él era de mi edad, nacido algunos meses antes que yo, e interesado en el trabajo visual. Yo, bueno creo que hacía de todo pero nada me llenaba por completo, envidiaba a aquellos que incluso redactando oficios y estando tras un escritorio ocho horas, sentían que para eso habían nacido, pero los envidiaba porque notaba que no titubeaban, que no se sentían insatisfechos después de un tiempo, porque sabían para que estaban en este mundo, y creo que por más que lo negara yo, en el fondo sabía que no era completamente feliz.

Era innegable el interés que ambos teníamos en el otro, tal fue que me invito a su departamento, a unas cuadras de la plaza donde nos encontrábamos. Yo quería estar cerca de él, me había llegado a interesar bastante en esos minutos en que platicábamos y comíamos, así que acepte a acompañarlo, y a “dominguear” como él lo decía.
Último piso del edifico sin elevador, pesado para quien tiene más de diez años como fumador, pero nada imposible con tal de estar a solas con él. Recorrí el pequeño departamento que sólo tenía una habitación, pero una gran vista de una parte de la ciudad. No lo pude resistir y lo jale hacía mí pecho mientras estábamos sentados en el sofá, lo apreté con fuerza y bese su cabeza con abundante cabello negro. Él recibió con gratitud y aprecio aquel abrazo, -justo lo que el doctor me recomendó-, no quiero alardear pero mis abrazos siempre han tenido un resultado asombroso en los demás, me han alagado lo admito, por tal este no iba a ser la excepción.
Reconozco que tengo la capacidad enorme de enamorarme inmediatamente de alguna persona que visualmente me sea atractiva de algún modo y reciba y sea reciproca con lo que yo le doy. Aún no determino exactamente si es una habilidad o una desventaja, ya que salgo lastimado constantemente, al ver pasar a cualquier hombre frente a mí que capte mi atención por alguna razón, y comenzar a fantasear sobre cómo sería mi vida en pareja con ese extraño del coche que tengo al lado, así de fácil es para mí enamorarme de alguien.

He visto su última conexión, 21:45 hrs, no hubo mensaje, y no lo habrá.

Los abrazos, los besos que yo inicie, la vista del departamento, los tatuajes, el poco vello facial, su cintura, su tono de piel, su manera de enroscarse en mis brazos, sus palabras y mi debilidad por sentir amor… no pude evitar anclarme inmediatamente.

01:57 am del 21 del mes, y yo seguía en su departamento, no me dejaba marchar y yo no quería hacerlo. Hasta que sorpresivamente me invito a retirarme puesto que debíamos dormir, claro que era consciente de ello, y claro que pronto partiría, pero no esperaba que después de tres ocasiones en que me pidió no irme, repentinamente él iniciara la partida, eso me sacudió inmediatamente.

Ya había generado expectativas sobre aquello, que se vieron empañadas por el repentino cambio en su actitud, y volví a caer en lo mismo, me volvía a querer anclar de alguien y poder darle un futuro para que nuevamente la otra parte frenara el posible progreso. Y volvía la consigna a mi cabeza “no hay persona en esta tierra que valga la pena para desposarlo, él no está aquí, debes salir a buscarlo”.

Tome mis cigarros, di un último trago a mi vaso con agua que se encontraba sobre la barra del comedor y le pedí me acompañara a la puerta del edificio, no dudo en hacerlo. De nuevo el golpe de realidad al saber que no hay compromiso de la parte que te interesa y debes volver a poner los pies en la tierra. Al salir del departamento nos convertimos en los mismos extraños que fuimos al entrar en él, dentro construimos una burbuja y compartimos lo que éramos entre abrazos y caricias, pero ahora eso se había quedado allá.

Sólo nos dimos un fuerte apretón de manos, un abrazo y una ligera promesa de estar en contacto y tomar un par de tragos. Di media vuelta y me dirigí a mi coche, él no espero y después de mí, el ruido del cierre de la puerta, no había propuesta ni esperanza para el día siguiente.

02:14 am del día 21 del mes, rumbo a casa, en busca de una gasolinera, somnoliento y de fondo –i just woke up, from a fuzzy dream-, y así parecía aquello, todo pintado para ser un sueño difuso, confuso y extrañamente adorable. Tuve el impulso de no frenar, de parar únicamente en una gasolinera, llenar el tanque y manejar toda la noche con aquella canción de fondo, porque sabía que aquello no se volvería a repetir, y debía disfrutar hasta la mínima sensación buena y mala, apoderarme de ellas y dejarlas salir, despojarme de todo lo que él en esas pocas horas había con mi permiso, causado en mi interior.

Un último mensaje siendo las 02:45 am, sólo para decirle el gusto que me daba haberlo conocido, enviaba en él un abrazo fuerte  y deseaba descansara. Hubo respuesta, buena para entonces.

07:16 am, mensaje de buenos días, para despertarlo y compartir mi sufrimiento de haber dormido pocas horas, no contestó. Un par de horas después lo hizo. Inicie tema de conversación, para mostrar el interés que tenía en él, un par de líneas en dos mensajes para finalizar con una tercera… -más tarde te escribo y continuamos-.

12:33 am del día 22… no lo ha hecho. Una gran posibilidad de coexistencia se ha esfumado, aquí sigo, y con el amanecer obligaré a mi consciencia a depositarlo en las lejanías de la amnesia y ahí lo guardare.
 
 
Día 30… respondió…

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Plácido Cortés.
Published on e-Stories.org on 19.10.2015.

 

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