Andrés F. Torres Ortiz

Promesas.

Promesas...
Muchas se olvidan, otras no se cumplen y pocas son llevadas a cabo.
Algunas promesas son eternas, aunque pasen los años nos aferramos a ellas, a esperas de cumplirlas o que quien algún día nos hizo esa promesa, finalmente la cumpla.
Yo había hecho una promesa a una chica, éramos adolescentes por aquél entonces, a pesar de todo, yo estaba enamorado de ella, aunque ella nunca se percató de ello, o simplemente, éramos tan buenos amigos, que nunca se fijó en mí de esa manera.
Pasamos nuestros días hablando, caminando o sentados en cualquier sitio mientras platicábamos alegremente y, su sonrisa siempre alegre, repiqueteaba ya que era una persona muy risueña.
También era bastante torpe, tropezaba constantemente y era fácil que se quedara en su mundo cuando se ponía a leer cualquier cosa, me arrastraba de arriba a abajo cuando buscaba algo en concreto y no le importaba tener que recorrer media ciudad hasta encontrarlo. Tenía muchísima energía siempre y de alguna forma siempre que estaba con ella, me sentía muy bien y siempre estaba haciendo algún tipo de broma para hacerla reír.
Un día, me regalo un libro, era la primera vez en mi vida que alguien que no fuera familia lo hacía y ella, detallista como era, me dedico unas palabras a pie de página en la primera hoja aquel pequeño libro, agradeciendo mi amistad con ella y con mucho cariño me daba un libro, que para ella, tenía muchísimo valor ya que le ayudo en un momento difícil de su vida.
En esa época, era poco dado a leer, pero ese en concreto lo leí hasta la última página.
Un día de los muchos que estábamos juntos, llevaba un pequeño cascabel como colgante, ya lo había visto en anteriores ocasiones y por curiosidad un día le pregunte porque lo llevaba siempre "Desde el día en que lo vi, me enamore del cascabel y me encanta" así que era habitual escuchar el tintineo del cascabel mientras caminábamos sin dirección alguna.
Pero ese día, justo cuando estábamos a punto de despedirnos, empezó a rebuscar por todas partes, no había que ser adivino para saber que había perdido algo, pero nunca imagine que fuera precisamente el cascabel. Desanduvimos todo el camino por donde habíamos estado, ella estaba casi a punto de llorar y yo no quería verla triste bajo ningún concepto, el problema es que, yo vivía muy lejos y, a partir de cierta hora, no había ningún tipo de transporte público a mi casa  y estaba empezando a oscurecer.
Al final se rindió muy triste y aburrida y me dijo que dejáramos de buscarlo y lo dio por perdido. 
Yo no quería verla triste, sabía que era casi imposible encontrarlo y más aun de noche, después de haber recorrido varias veces el camino, en ese momento la agarre por los brazos, le sostuve la mirada y le hice una promesa solemne "sé que nunca será lo mismo, que le tenías especial afectó a ese cascabel, pero algún día, te prometo aquí y ahora, que te regalare un cascabel de plata, así que por favor no estés triste".
Aquellas palabras mías la pillaron por sorpresa y simplemente acepto, intentando sonreír de la forma más sincera que podía.
No me era fácil cumplir esa promesa, ya que mi falta de dinero lo hacía muchísimo más complicado todo, pero sabía que ella nunca me metería prisa al respecto.
Pero, unas semanas después, nuestra amistad se empezó a deteriorar poco a poco, nos alejábamos cada vez más, eran menos las veces que nos veíamos en persona y un día, me comento que había un chico que le gustaba. Ella tenía facilidad increíble con los idiomas y el inglés lo hablaba perfectamente, un día conoció a un chico y empezaron a hablar más seguido, incluso cuando estábamos juntos, en la llamaba y se quedaba un rato hablando mientras yo estaba por ahí, de pronto un día dejamos de vernos en persona, cada vez hablábamos menos, las conversaciones se volvieron simples y llanas, con mucho menos sentimiento hasta que al final, con el tiempo, simplemente dejamos de hablar.
Pasaron muchas cosas a lo largo de mi vida, victorias, derrotas, fracasos, cambios, madurez, inmadurez, fiestas, derroches, penas, amores y tristezas. Se podría decir que básicamente la vida normal, pero llego un momento, pasado ya un par de años desde la última vez que hable con ella, que volví a recordar aquella promesa y cada vez que recordaba durante los seis años siguientes esa promesa, recordaba con más fuerza esos sentimientos, el sonido de su cascabel.
Cuando empecé a darme cuenta de ello, intente contactar de nuevo con ella, pero para mi desgracia, sus correos y móvil que tenía de ella, eran demasiado antiguos, ninguno de los me sirvió de nada, llegue a darlo por imposible.
Cuando éramos amigos, teníamos un juego en común y dentro de ese juego había una especie de clan, un grupo de personas que se reunían bajo una misma insignia y durante muchísimos años pertenecimos a él, así que decidí buscar si página web de ese clan aún seguía operativa. Para mi sorpresa aun lo seguía y no solo eso, ella figuraba aun en los miembros del clan, mi ilusión fue tan grande, como mi decepción al ver que su última conexión a la página web fue justamente tres años atrás.
A pesar de ello, le deje un mensaje privado, con la poca o nada esperanza de que, por alguna casualidad lo fuera a leer, daba incluso por hecho que podrían incluso pasar años o simplemente no leerlo jamás, pero tenía que jugarme esa última carta, no tenía otra opción.
¿Habéis sentido alguna vez, que tenéis una especie de poder premonitorio para lo que sucede instantes antes de que pasen las cosas?, a mí me había sucedido varias veces, pensar en una persona y aparecer al siguiente día, o al rato.
Justamente esa mañana, le hable a una amiga de respecto a ella e incluso le comente el mensaje que le mande, ambos muy resignados por las pocas posibilidades de que contestara. 
Cuando volví a casa y cogí mi móvil para consultar el Whatsapp mi sorpresa fue mayúscula, había un número que desconocía que me había dejado un mensaje desde la tarde, pero no me había fijado, era un saludo muy familiar, mi mente lo reconoció al instante, como si solo hubiera pasado un día desde que dejamos de hablar y no siete años.
Mi felicidad fue instantánea e incluso estuve a punto de saltárseme alguna lágrima, la salude efusivamente pues tenía muchas ganas de hablar con ella.
En instante volvimos a hablar como antes, obviamente después de muchos años habían cambiado muchísimas cosas, sus gustos, incluso llegue a pensar que, ¿Realmente era esta chica de la que me enamore?, era otra persona muy diferente.
Sin embargo, había pequeños detalles de ella que no habían cambiado, era igual de risueña, parecía igual de alegre y cuando me paso una foto reciente de ella, descubrí que prácticamente no había cambiado nada.
Empezamos a hablar de cuanto cambio había en nuestra vida durante estos siete años, incluso ambos estuvimos fuera del país una temporada y ambos estuvimos en una relación bastante duraderas, ella estaba actualmente en una relación, esto me pillo con la guardia baja, ya que en el fondo esperaba que no lo estuviera, incluso ahora lo veía bastante lejano el que por alguna casualidad le llegará a gustar y también me di cuenta que aún seguía irremediablemente enamorado de ella.
No podía creerlo, como es posible que sintiera lo mismo por ello a pesar de tantos años, normalmente pensarías que es imposible y que con los años lo olvidas, pero parece que mi mente está descompuesta y mi corazón hace lo que quiere.
Mientras hablaba con ella, abrí una pequeña cajita, que tenía desde hace muchos años cerca al libro que me regalo, esa cajita provenía de Japón y fue comprada en el templo del Dios gato, allí compré el cascabel de plata ahora reposa en mis manos, bendecido por la sacerdotisa del templo personalmente después de pedirle casi de rodillas que hiciera una excepción conmigo, no llegáis a imaginaros su cara cuando entre al templo a hacerle tal pedido, solo cuando vio mi determinación en la cara y que no mostraba ningún atisbo de rendirme en mi idea, finalmente a regañadientes, me concedió mi deseo, aunque a cambio tuve que ayudar durante un día al templo, lo hice con bastante gusto, dado lo importante que era para mí.
Cuando por fin iba a proceder a bendecir el cascabel, le hice una pequeña petición, le pedí si había alguna forma de guardar todos mis sentimientos dentro, para no volver a sentirlos hasta el día que se lo pudiera entregar a su destinatario.
La sacerdotisa no se negó, pero me pregunto que si estaba seguro de ello, ya que podría sentir un vacío durante todos estos años y podría afectar en cierto modo, a cualquier otra relación con la que este hasta que vuelva a ver a la persona que iba a ser entregado el cascabel, acepte sin pensarlo demasiado, ya que era lo que quería hacer en ese momento.
Me reí para mis adentros, no creí que fuera verdad cuando termino de hacer el ritual, pero justo cuando lo sostuve en mis manos sonreí como un idiota y aquellos sentimientos revoloteaban en mi mente como abejas, zumbando de forma molesta y continua, quería acallarlos inmediatamente después de que me di cuenta que estaba volviendo a sentir con la misma fuerza que cuando éramos grandes amigos, no quería sentir eso, no quería porque ahora ella tenía una relación, porque ella era otra persona, porque no sabía aún hasta qué punto había cambiado, estaba enamorada de su pasado, pero desconocía su presente y no veía un futuro, en el que dejara de escribir esta historia solo, para compartir la pluma de mi vida junto a ella.
Finalmente, después de una pequeña charla en que nos contamos los sucesos más importantes que habían pasado a lo largo de siete años, resumiendo lo imposible, acortando las grandes historias, ocultando los grandes sufrimientos, para dejar paso a la nostalgia del momento, decidimos vernos el fin de semana en persona.
Después de concretar el día, la hora y el lugar y prometer con no contarnos demasiado mientras esperábamos a vernos para así contarnos todos cara a cara y reírnos un poco, aquello me hizo dudar, ¿todo?, ojala tuviera el valor de hacerlo, pero no sería capaz de decirle que estoy enamorada de… espera, realmente no estaba enamorado de ella, si no de quien fue en un pasado, eso me hizo dar cuenta que me había obsesionado con la persona que fue y no quería ver que la gente cambia incluso en un mes, en siete años era imposible que no fuera así.
Así que decidí dejar todo atrás e intentar olvidar todo aquello que fue y aceptar lo que ahora es, aunque me resultara difícil, haría lo posible por conseguirlo.
Finalmente llego el día de vernos, no podía evitar estar nervioso, llevaba el cascabel en mi mano, pensando el mejor momento para entregárselo. De vez en cuando lanzaba una mirada furtiva en todas direcciones a ver si la veía pero todavía no estaba por allí, llegaba un poco tarde, lo cual me hizo recordar que en eso no había cambiado mucho, me reí para mis adentros y levante la vista al cielo escudriñando el cielo, mirando los pájaros volar, me quede un rato así y, instintivamente, note como alguien se había puesto cerca de mí y me miraba, cuando baje la mirada, vi como su cabello negro largo se agitaba con el viento y su mirada divertida, se fijaba en mi de forma burlesca mientras esbozaba una pequeña mueca que prometía romper a carcajadas muy pronto.
- ¡Siempre en las nubes!, se ve que no has cambiado nada  -.
 Su voz sonó por toda mi mente y vinieron montones de recuerdos en un instante, abrí mis ojos de par en par, no podía gesticular ni decir una palabra, estaba completamente paralizado por la sorpresa, a pesar de saber que ella vendría y que nos veríamos aquí.
-   hum… ¿Hay alguien en casa?  - .
Aquello me hizo actuar instintivamente, le di un pequeño coscorrón en la cabeza de forma instintiva sin pensarlo dos veces -  Idiota, solo estoy sorprendido – lo hice con tanta naturalidad, que cuando me di cuenta que le había dado un coscorrón, iba a disculparme a toda velocidad, pero empezó a reír a carcajadas.
Cuando nos sentamos y empezamos a hablar de todo lo que había pasado, nos empezamos a dar cuenta de los muchos años que habían pasado, de que incluso ahora, había muchas cosas que seguían igual y otras más que eran totalmente diferentes.
Finalmente me arme de valor, saque aquella cajita y la puse cerca de ella, por un momento me quede pensando si ese gesto  se podría malinterpretar de alguna forma, ya que la caja parecía la caja de un anillo de compromiso, pero no le di mayor importancia.
Ábrelo por favor -.
Ella miro con curiosidad la caja la miro de arriba abajo antes de abrirla – Menuda forma de pedirme matrimonio, que poco romántico – Aquello me hizo poner rojo e intente arrebatarle la caja de las manos, idiota, eso era justo lo que no quería oír, que no era el único que le dio esa sensación.
Esquivo de forma hábil mis manos y abrió la pequeña caja, dentro estaba aquel cascabel de plata, lo saco de su recipiente con mucha delicadeza mientras sonaba el cascabeleo, era del tamaño de una moneda.
- es precioso... ­– sus palabras se perdían mientras miraba por todas partes aquel cascabel, que colgaba de dos tiras de tela blanca, sin saber exactamente como colocárselo, volvió a mirar la caja y dentro había un pequeño amuleto. Lo saco y miro con curiosidad – ¿Qué es esto?, parece japonés. – paso sus dedos por el amuleto y el cascabel sonó en ese preciso instante.
- Es un amuleto del templo del Dios gato, de Japón, bendecido por la sacerdotisa del templo, ese amuleto es para la buena fortuna, consérvalo y guárdalo junto con esta cajita
- hum… ¿Y cómo me pongo el cascabel?, no veo la forma exacta de colgarlo
Le explique que no era realmente un colgante, sino un adorno para el pelo, lo cogí de sus manos y le pedí que cerrara los ojos durante un instante, cogí un mechón de su pelo y lo amarré de la forma en que me dijo la sacerdotisa del templo.
- Abre los ojos – abrió los ojos rápidamente y puso la mano sobre su cabello, active la cámara del móvil para que pudiera ver cómo le quedaba. Cuando se vio en el móvil, esbozo la más sincera de las sonrisas.
- Gracias – En ese momento sentí como algo de mí se desprendía, la orilla del inmenso mar de años, que por tanto tiempo había estado intentado salir, por fin había llegado a tierra firme, por fin llegaba a su final y podría volver a caminar en cualquier dirección y aunque no fuera de su mano, tenía delante de mí, muchas cosas nuevas que antes no podía ver, un mundo entero por descubrir.
 
Así son las promesas, unas se cumplen, otras no, unas se vuelven parte de nuestra vida y otras simplemente nos hacen aferrar a un pasado que, hasta no llegar a su final, no sabremos en que camino nos conducirá.
Ahora, camino hasta encontrar algún día, algo que de la tierra al cielo, me haga de nuevo volar y escribir una nueva historia de mi vida en la que compartir la pluma con la que algún día pongamos juntos, un punto final.
 
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Andrés F. Torres Ortiz.
Published on e-Stories.org on 13.04.2015.

 

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