Hector Adrian Montes Cervantes

Dos Dedos en el Corazón 5

~~La Fiesta.
Leticia le sostuvo la mirada a Izzie, que en realidad se encontraba confundida, y ahora además temerosa, no solo por si, Pamela ya no guardaba control, Izzie con una mueca similar una sonrisa, lentamente volteó y caminó sin ápice de duda al desenfrenado grupo, donde al centro estaba su amiga, que rodeada de concupiscente lascivia reía sin control, ya a unos pasos en medio de un denso olor a cigarro y alcohol se detuvo por un instante, rastreando asqueada la situación, sin mas alzó la voz y de un tirón jaló a Pamela, que no se había percatado de Izzie.
–¡Izzie!, ¿Qué pasó?
Dijo Pamela gangosa arrastrando las palabras, tratando de fijar la vista y columpiando la cabeza, esperó pasivamente la respuesta de Izzie, que apenas y podía creer lo que veía.
–Tienes que ir al baño.
Pamela que la miraba desorientada, parecía no entender las palabras.
–¿Qué?
Respondió sorprendida, mirando con desprecio a Izzie.
–Si Pam –insistió quedamente –tienes que ir al baño.
Pamela que no salía de su asombro, y no entendía que pasaba, miró tambaleante en dirección al baño y luego a Izzie.
–Bien… –respondió negando con la cabeza –pues vamos.
Capítulo 5.
La lluvia vista desde el inmenso ventanal del transporte público, parecía mas bien una cortina perlada que cintilaba con las luces del alumbrado nocturno, Gerson taciturno las miraba sin emoción, mientras cavilaba las formas aleatorias, sin pensar y alejado de la realidad, mecánicamente se levantó buscando el tubo para no perder el equilibrio, podría parecer un poco deprimido, pero en realidad este era un buen día para él, a pesar de salir tarde cansado y fastidiado, entabló plática con una de las jóvenes edecanes, y el bien sabía no podría aspirar a mas, pero la sonrisa sensual le abría recordado mejores tiempos, recorriendo inconsciente el pasamanos se deslizó pasivamente a la acera, lívidamente impregnada de un roció de lluvia, al tiempo que oía como el motor de su transporte le rebasaba alejándose, se dio cuenta que una fina capa de agua le recorría el suéter, con algo de enfado sonrió mientras bajaba la vista, y emprendía marcha a su departamento, con paso ligero despreocupado, lentamente avanzó en medio de la penumbra artificial de las luminarias chapoteando ligeramente en las charcas, lejanamente escuchó algunas voces, no le sorprendía, los habitantes del lugar en general bohemios y jóvenes departían en tertulias improvisadas, algunas veces cuando tenía dinero se detenía a departir, sin participar escuchando los comentarios y quejas de política y deportes, pero ese día hacia frio, además su miserable sueldo no le permitía esos lujos con frecuencia, se consoló pensando que ese día había terminado, y el cansancio le permitiría dormir rápidamente hasta la tarde del día siguiente, se relajó cerrando los ojos mientras sentía de frente las diminutas gotas que le bañaron el rostro, reflexionando en su suerte se dijo que era una de las ventajas de vivir solo, no tener que explicar a nadie, ni rendir cuenta, poder dormir cuando lo deseara y despertar sin mas urgencia que el hambre, una leve sonrisa se le escapó pensando en un delicioso café que apenas había comprado en la mañana, lo podía oler mientras saboreaba aquella porción de canapés que logro escabullir del evento, en ese momento casi en la puerta de entrada mientras examinaba las llaves buscando la de la entrada, una sombra se escapó de la estela de un árbol y se acercó a él, por un segundo se inquietó, pero la escuálida figura, delgada con paso tímido no resulto amenazante, y sin darle mayor importancia continuó el tránsito a la puerta, mientras revisaba una vez mas las formas de las llaves tratando de elegir la correcta, se dio cuenta que aquel insignificante cuerpo le miraba de lejos, impávido y silencioso, supuso que tal vez sería alguno de los vecinos, que esperaba que abriera la puerta, para colarse junto con él, y le dedicó una mirada mas detallada tratando de reconocerle, encontró una menuda figura con un suéter de algodón mayormente rojo que en una incongruente suerte de color tenia las mangas algunas partes en verde y otras en naranja, al aproximarse ignorando su instinto que exigía precaución, se dio cuenta que no era un vecino, y que indudablemente lo buscaba, precavido pero sin miedo escudriñó palmo a palmo la pequeña figura, y encontró una suave cabellera alargada hasta los hombros que escurrían pequeñas gotas, que lejos de mirarlo perdía la vista en el pavimento, curioso lentamente se acercó preguntándose que podría pasar, aun con el siseo monótono de la lluvia oyó aquel llanto dolido y triste, al ver las finas facciones limpias y estilizadas comprendió que era una joven adolecente, se detuvo frente a ella, con delicadeza le quitó un pequeño mechón que vacilaba en su frente, al hacerlo pudo ver unas pequeñas gotas que le escurrían por la barbilla, y comprendió que no era agua de lluvia, el frio con ligeros temblores convulsivos estremecían su cuerpo, por un instante no supo que hacer y tan solo la veía incrédulo, entonces ella alzó la vista y aun en la obscuridad y la lluvia él pudo ver esa mirada desolada, y unos pequeños ojos café que le penetraron, con angustia, y entonces lo comprendió.
–Izzie.
Espeto con asombro mientras recortaba la respiración, envuelto por la mirada de la pequeña joven, tratando de reaccionar, abrió la boca sin decir y miró sin ver, negando con la cabeza.
–Hola papá.
La apacible sensación del sueño acompasada con la efímera emoción de protección han convertido a la noche en día sin sentirlo, la penumbra de la mañana que difícilmente es un susurro dibuja un pequeño cuerpo profusamente enredado entre cobijas, el vaivén manso entre las sábanas indican una tranquila y profunda ensoñación, Izzie alcanzo a oír un pequeño rechinido y sintió algo de frio, la sensación le extrañó, pero se sentía cómoda, y realmente con pereza abrió los ojos, por un segundo la obscuridad y la afonía la desorientó, un silencio ensordecedor y un ligero aroma a cuero le obligó a abrir los ojos, entonces una pequeña luz ondulante en la pared la hizo reaccionar, fue que recordó, la noche anterior había llegado a la casa de su padre, y con un poco de curiosidad movió la cabeza escudriñó el cuarto donde estaba, la sensación de encontrar todo en su lugar y no saber qué lugar ocupaba cada cosa, fue la primera cosa que vio, a pesar de girar en torno no mantuvo la atención suficiente, distraída y adormilada encontró la puerta del dormitorio, sospechando que al abrir encontraría a su padre al otro lado de la puerta, con un poco de tristeza tomó el picaporte, respiró hondo y con algo de aprensión abrió lentamente, pero su padre simplemente no estaba, miró silenciosamente reconfortada por la calidez del lugar, una taza de café recién servido se mezclaba con el difuso aroma abrasivo y duro, mezcla de sudor y desorden que le daba un aspecto lúgubre, el cuarto pequeño tenía varias ventanas que miraban a la calle, la luz blanca entorpecida por un día nublado se difuminaba a través de los empañados cristales, fue cuando se percató de una silenciosa discusión, donde inmediatamente reconoció la voz de su madre, con un gesto de desagrado se aproximó de puntillas, buscó discretamente la procedencia de esa chillante furia, recorrió de lado a lado la estancia donde al mismo tiempo servía de cocina, comedor y sala, los alaridos estridentes bien reconocidos de su madre eran perfectamente audibles, provenían de la acera frente al departamento, ahí descubrió a su padre tratando de entenderse con su madre fuera del reducido apartamento.
–¿Y qué esperabas que saliéramos a mitad de la noche con lluvia?.
Se escuchó a su padre que manoteaba frente a su madre, mientras ella indiferente negaba indolente ante las excusas de su padre.
–Y ….–dijo con aire despectivo –¿por qué no la llevaste?, ya es media mañana.
El la miró serio notoriamente molesto y mientras alzaba los brazos en dirección a la casa.
–¡Está dormida!
Gritó desesperado enrojecido y colérico, mientras ella conservaba ese aire de indignación arrogante, por un segundo ambos callaron conservando la postura, mirándose despectivamente
–Vamos a dentro.
Dijo ella tranquilamente mientras tomaba dirección a la puerta, al verlo Izzie dio un salto y corrió al cuarto, dando tropezones en los muebles, y maldiciendo mientras se recogía el pelo, cerró despacio la puerta al momento que escuchaba la llave de su padre liberarse para franquear el paso, el silenció denso era crispado por la sorda respiración seca de su madre y el suave paso de su padre.
–¿Dónde está?
Se oyó decir con rabia apagada a su madre, tras la puerta algunos sonidos sordos y sibilantes que se podrían interpretar como manotazos, Izzie respiró hondo y se sentó en la orilla de la cama, silenciosa aparentemente tranquila, con la mirada perdida, divagó por un par de segundos, y pensó que a su pesar su madre muy probablemente pasará por encima de su padre y entrara a sacarla del cuarto, aun así esperó a su padre, con la incertidumbre de no saber quién entraría, lentamente la puerta con un rechinido que asemejaba un silbido se abrió, vio los ojos de su padre que le sonreían a través de una rendija de la puerta entre abierta, cubriendo la vista con su cuerpo evitando que su exesposa mirara hacia adentro, sigilosamente se acercó, cruzando el índice en sus labios, indicándole que guardara silencio mientras sonreía con malicia.
–Está tu mamá a fuera –afirmo entre susurros con una sonrisa –puedo entretenerla un rato.
Ella lo miró a los ojos silenciosa y lentamente sonrió, mientras el flexionaba para ponerse en cuclillas frente a ella y por un instante eterno parecía que no diría nada, su padre comprendió que ella tomaba una decisión, finalmente bajo la vista para concentrarse, en ese momento Gerson no resistió mas y con un gesto taciturno alzó la mano para hacer a un lado el mechón de pelo que cubría los ojos de su hija, al hacerlo de improviso ella dio un brinco asustada mientras un relámpago de terror se descargó en la mirada perdida de Izzie, su padre que sostenía la mano en el aire se paralizó de asombro ante la reacción, la joven lo miró boquiabierta hundida en el miedo, ausente a el entorno, de repente ella aspiró aire, y fue que ambos se dieron cuenta que ella había dejado de respirar, pero lentamente agitada su cara palidecida retomo su color, y su mirada asustada paso a al alivio y la reconexión.
–Papá.
Dijo con aire aliviado tomando su mano que estaba junto a su mejilla y recargándola aliviada en su pelo, ronroneando mientras sonreía disfrutando del momento, él comprendió y su mirada aturdida pasó a la de tristeza mezcla de dolor y odio.
–Perdona es que…
–Como si no conociera a tu madre.
La interrumpió mientras él la abrasaba con la mirada, ninguno midió el tiempo que por mucho que fuera se les hizo corto, un sigiloso carraspeo de muebles y los tacones desesperados los regresó a la habitación y la realidad les cayó encima.
–Yo lo empecé –dijo seria y tranquila arqueando las cejas mientras se levantaba –así que no puedo detenerme.
Aspiró profundamente mirando la puerta mientras tomaba el picaporte, y abriendo los ojos con aire decidido abrió también la puerta, al hacerlo su madre se abalanzo sobre ella desgajándose en lágrimas y gimoteos mientras la abrazaba con fuerza.
–¡Izzie!, ¡hija!, pero… que… ¿estás bien? –preguntaba a tras pies mientras escrutaba su figura –¿Qué pasó?, te busque como desesperada toda la noche.
Dijo en un tono de verdadera preocupación mientras cerraba brevemente los ojos, momento que aprovechó Izzie para mirar a su padre que se sentaba en una silla semiderruida en el comedor, y se dejaba sacudir ligeramente los hombros por su madre.
–Mamá estoy bien –agregó Izzie con desenfado fijando la vista a su madre –papá me ha cuidado muy bien.
Con una mueca despectiva ella lo miro disimulando su furia, después indiferente arrastró la mirada por la habitación como cavilando su respuesta.
–Está bien ya hablaremos en casa –agregó despreciando con un gesto la mirada de Gerson –quítate esos harapos y vámonos.
Fue entonces que tomó conciencia de la improvisada ropa de noche que traía, unos pantalones deportivos raídos que en algún lugar del tiempo fueron blancos y por mas que se los ajustó apenas y se sostenían, la camisa azul cielo con el logo de una equipo deportivo que no conocía, descosida por todas partes y que se empeñaba en dejar uno de sus hombros al descubierto tan larga que bien se podría usar de minifalda, ella se dio cuenta que además su pelo estaba enmarañado, se sintió verdaderamente avergonzada, pero decidió organizar sus ideas y buscar el valor para responder.
–Me voy a quedar aquí mamá
Dijo en un aire inocente pero firme, al oírlo su madre sorprendida negó con la cabeza despectivamente como repasando a traspiés cada palabra de su hija, aun incrédula alcanzó a decir con una voz asfixiada.
–¿Qué? –girando la mirada alternativamente a su hija y Gerson que la miraba tan sorprendido como ella –¿pero te golpeaste la cabeza?
Dijo con desdén mientras se toca la cien.
–No mamá quiero quedarme aquí –agregó altiva mirándola de frente, y muerta de miedo –me quitaste a papá pero lo voy a recuperar.
–¿Yo…?, ¿qué? –grito desencajada desorbitando los ojos mientras manoteaba en todas direcciones –¿de dónde sacaste eso?
Terminó diciendo mientras negaba furiosamente una y otra vez, Izzie entre cerró los ojos esperando un manotazo que nunca llegó, mientras Gerson divertido miraba inquietó la escena, Izzie finalmente se repuso un poco y una vez mas enfrentó a su madre.
–Dime ahora frente a el que se fue con una jovencita.
Su madre respirando con fuerza dirigió una mirada asesina a Gerson, que alzó los hombros indicando que él no sabía nada, Izzie tomó valor al darse cuenta que lo que ella había tomado como una conjetura posible, era simplemente la verdad.
–De todas formas –regaño en tono defensivo –en todos estos años cuando se ocupado de ti.
Izzie la miró intensamente, con todo el desprecio que le fue posible, mientras casi imperceptible negaba con la cabeza.
–¿Tú crees que no me acuerdo…? –dijo despreciando su propia voz –¿Cómo me escondías y me negabas…? –musitó con rabia –¿Cómo lo corriste una y otra vez?
Mientras Izzie lloraba, su madre lentamente bajaba la vista enrojecida y avergonzada, en medio de un tortuoso silencio.
–Y… ¿vas a cambiar tu vida? –dijo sin mirarla – ¿tu cama limpia?, ¿tu ropa nueva?, ¿la espantosa música?, ¿todas las porquerías electrónicas que me hiciste comprarte?, ¿por…? –dijo con voz temblorosa mientras estiraba las manos por lo bajo –¿esta pocilga?
Izzie alzo la vista y miró a su alrededor, vio de reojo un sillón viejo y rasgado frente a una TV de bulbos del que asomaba un alambre retorcido que quizá fuera la antena, en medio de trastos de comida rápida y revistas que posiblemente fueran para adultos, del otro lado en algún lugar perdido entre ropa amontonada mezclada con cables y circuitos medio desarmados entrecruzados con herramientas se adivinaba una mesa, y bien al fondo tapada por ese desastre aparecía una montaña de trastos sucios que ocultaban del todo la pileta del lavaplatos, en medio de la escena Izzie cerró los ojos rebasada por lo evidente de la verdad, tomó aire y miró con desprecio y autoridad directo a los ojos de su madre.
–¡Pues no me voy!
Espeto con arrogancia, su madre enrojeció mientas trababa la mandíbula respirando hondo y seco, finalmente un ligero espasmo similar a una sonrisa se le escapó mientras relajaba la mirada.
–Está bien –musito en medio de una mueca de cinismo –un tiempo –miró a Gerson dolida –solo un tiempo.
Se acercó a su hija y la abrasó, ella suavizó la mirada y correspondió al abraso, gélida y mecánicamente se recargo en la pared mientras su madre se limpiaba un par de lágrimas, y le daba una última mirada, finalmente negó con la cabeza y salió sin decir nada, Gerson e Izzie guardaron un tétrico silencio, mientras escuchaban los tacones como se alejaban lentamente.
–¿Puedo opinar?
Murmuró Gerson mientras se levantaba de la silla, con una sonrisa divertida, sin perder la vista a Izzie que permanecía seria y molesta recargada en la pared.
–¡Cállate! –gimió despectiva –recoge el muladar de trastos –remató con insolencia –mientras yo arreglo un poco lo que parece tu sala.

 

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Published on e-Stories.org on 07.03.2015.

 

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