Hector Adrian Montes Cervantes

Dos Dedos en el Corazón 3


-La fiesta.
Quizá ya sean horas pero las pequeñas apenas han mellado su juventud, y a pesar de esporádicas interrupciones no han descansado, bailando aleatoriamente con uno u otro, acoplando el convulso agitar del cuerpo al asíncrono ritmo de los compases de sonido distorsionado en los altavoces, y que en las pequeñas pausas permitía tomar un respiro para descansar, ingiriendo de aquellas palanganas un líquido obscuro burbujeante, y que con el tiempo, Izzie a base de recapitular, en un nublado recuerdo encontrara ese peculiar sabor amargo y dulce, que Pamela reconoció como alcohol, y a pesar de las advertencias de Izzie, Pamela no dejó de consumir, tomando si bien lentamente de continuo, y que Izzie mas conservadora apenas y daba sorbos pequeños que la enturbiaban y la sumían en una nube de placer, dejándola ser, inhibiendo la vergüenza, pero sin perder el control y comprender su entorno, escuchando, disfrutando y sintiendo cada nueva experiencia.


Capítulo 3.
Izzie como siempre concentrada leyendo, lo que en minutos ya tienen que entregar, cerciorándose que es un trabajo completo y digno de ella, a pesar de ser una copia tergiversada de Pamela, mientras escucha su incoherente perorata, que bien podría ser sobre la moda, un chico, o ambas, absorta apenas y registra los eventos del entorno que además por cotidianos inconsciente omite, si bien siempre alerta no podría dejar pasar un evento extraordinario, que por inconcebible es notorio, como lo es una Pamela en silencio, Izzie al sentirlo la ve extrañada he incluso un poco asustada.
–¡Que pas…?
Alcanza a decir Izzie antes de dirigir la mirada distraída al lugar donde señala Pamela boquiabierta, y ahí y parado un joven con la sonrisa cínica, las ve al mismo tiempo que escruta sin recato a Izzie.
–Lisie –dice entusiasta y sonriente –¡lo lograste!
Al igual que Pamela Izzie lo ve boquiabierta e incrédula.
–¡Izzie! –contesta en tono amargado –cuantas veces te lo voy a decir, me llamo Izzie.
El joven se reprende, mientras con la misma sonrisa cínica saca una carpeta de un rojo chillante, mientras entorpecido recorre las palabras balbuceando entrecortado.
–¡Lo aprobé!, no solo el trabajo –dice mientras saca mas papeles –¡mira!, incluso aprobé el, el…, examen.
El joven nervioso a punto de la histeria entrega papeles a Izzie que lentamente va comprendiendo lo que pasa.
–Mira sapito –dice Izzie desencajada al borde de la ira –esto no es mi problema.
El joven la ve feliz mientras extrae un último documento.
–Me llamo Rene.
Dice al tiempo que entrega con ansia una hoja impresa, Izzie la lee con atención pero sin rastro de emoción, al terminar lo ve, y en su ya bien establecido tono neutro entregó las hojas al joven.
–No.
Fue entonces que Pamela que se mantenía al margen arrebató la hoja de manos del chico y la leyó en medio de una sonrisa divertida, al tiempo que Izzie la miraba con indignación y Rene con una media sonrisa petulante.
–El trabajo de literatura –dice finalmente Pamela incrédula –¿qué hay con él?
–Quiere que lo ayude.
Contestó Izzie reprendiendo a Pamela, mientras le arrebata la hoja y se la entrega de regreso a Rene, él la mira por un par de segundos, mientras lentamente dibuja una sonrisa indiferente, en tanto Izzie ha regresado a leer su trabajo, al cual no se le pueden aplicar correcciones, aunque tuviera errores, Pamela todavía sorprendida los mira a ambos alternativamente mientras espera el desenlace.
–Te espero a la misma hora.
Dice el joven mientras toma los papeles y se retira, en tanto Pamela que se ha quedado increíblemente callada mira a Izzie, mientras ella guarda un mutismo ensordecedor, pero como siempre Izzie cede al peso de la mirada impertinente de Pamela, y la ve a los ojos mientras niega con la cabeza, pero es Pamela la primera en hablar seria y adusta.
–Esta guapo.
Izzie la ve con desprecio mientras aspira y regresa con calma a releer inútilmente su trabajo, al hacerlo no solo se da cuenta que la tarea carecía de sentido, además había perdido la concentración y divagaba, retornando iterada a la sentencia final de Rene, pensando si a esa hora estaría en la biblioteca o tendría mas cosas que hacer, recapituló y revisó la agenda mental, recordando trabajos y tareas, por un segundo parecía olvidar el suceso, y quiso continuar con su vida, pero en un acto compulsivo alzó la cabeza y ve a Pamela de reojo, que seguía mirándola.
–Si –dijo Pamela con una media sonrisa artera –hoy tengo francés.
Así una vez mas Izzie abrió los ojos, pero esta vez, con pereza, escuchando el suave murmullo de la biblioteca, adormilada sintió la diadema recorrer suavemente su pelo, mientras distraída se desperezaba y con movimientos ligeros retorcía la cabeza al tiempo que arqueaba la espalda, al terminar en un movimiento mecánico tomo la diadema y la guardó en la mochila.
–¡Al fin!
Tras de ella la voz de Rene la reclamaba, mientras un par de libros eran depositados frente a ella.
–Déjame en paz –dijo Izzie con desgano –miraba a un lado tratando de ubicar a Rene –de buena gana me iba a casa.
Pero Rene se arrastró una silla y se sentó en el lado opuesto, mientras Izzie bajaba la vista y entrecerraba los ojos, por un momento ambos guardaron silencio, esperando que el otro hiciera o dijera algo, Izzie que no estaba de humor para retos, concedió mientras alzaba la barbilla y mascullo entre dientes.
–Saca la maldita guía.
Y con un paso seco y aburrido Izzie leyó el primer punto en silencio para sí, de improviso se levantó y con aire de suficiencia rastreo con la vista la biblioteca, y sin mas caminó directo a un grupo de anaqueles, que escrutaba con detenimiento, señalando con el índice los títulos.
–¿Qué haces? – se escuchó la voz atenuada de Rene tras ella –la primera pregunta es la biografía de Shakespeare.
Izzie lo mira con desgano, indicando ira y lástima, y con un leve suspiro regresó a la búsqueda.
–Izzie eso lo encontramos sin problema en internet.
Una vez mas Izzie lo miró, pero esta vez con mas furia que lástima.
–¿Leíste los requisitos? –dijo mientras seguía rastreando en el anaquel –tenemos que poner la bibliografía
Rene frunció el ceño con sorpresa mientras ella rebuscaba una y otra vez.
–¿Pero quién hace eso teniendo el Wiki.
Izzie volteo lentamente mirándolo a los ojos dejando caer toda la ira que podía sobre esa respuesta, mientras tomaba aire apunto de gritar.
–¡Ya libro biografía! –dijo Rene mientras hacía a un lado a Izzie –alguno de estos debe de servir, ¿cierto?
Así empezó el día que ligero y pardo fue acumulando los minutos, y de uno a uno las horas, que a pesar de las miradas asesinas, y comentarios soeces, ambos chicos disfrutaron, y en contra de la absurda negativa de Izzie sentía el vano placer del cortejo, que ella disfrutó adusta, tratando de ser ajena a esa ladina sonrisa que la compraba, incitándola a ceder, y permitiéndole por instantes entrar en su vida, y regalando esporádicas sonrisas, sintiendo hilos de felicidad que envolvían su corazón, sin embargo lejos de romperse Izzie se mantenía esquiva he intolerante, refugiándose en la coraza imperturbable de la fingida altivés, si bien cuarteada se sostuvo con arrogancia heroica hasta que una vez mas el monótono zumbido de las luminarias en la biblioteca fueron tomando el lugar del asíncrono murmullo de los estudiantes, poniendo a Izzie en alerta, que en un acto casi instintivo permanecía atenta a la puerta de la biblioteca.
–¿Te quieres ir?
Preguntó Rene mientras movía las hojas desparpajadas en la mesa, Pregunta que Izzie respondió con la misma mirada altiva que no decía nada, y que Rene aprendió a ignorar, rutina que venía acompañada de un sobrio silencio.
–Izzie, tengo hambre.
La voz de Pamela fue la luz que ella esperaba, que de repente apareció ahí parada junto a Rene, con su falda de mezclilla desteñida acompasada de una blusa blanca con una amplio escote, que pareció agradar a Rene, y no quitaba los ojos de sus pechos, acto que con evidente molestia reprendió Izzie tirando una pluma a Rene, el cual despertó de su lascivia bajando la cabeza, mientras Pamela se sonrojaba y se cruzaba de brazos cubriéndose el pecho.
–¡Ya!, vámonos.
Gruño Izzie mientras recogía con disgusto sus documentos y accesorios escolares, despotricando entre dientes agravios a Rene, a diferencia su amiga Pamela le regalaba una amplia sonrisa, que no cesó incluso a varios pasos fuera de la biblioteca.
Después de compartir un par de golosinas, que sirvieron de paliativo a las convulsas peticiones de alimento de Pamela, decidieron a pesar de ser evidente la penumbra de la tarde, ir a casa de Izzie, así platicando en tono monótono Pamela relata los pormenores del día en francés, mientras caminan sin prisa a la casa de Izzie, que escucha distraída la empalagosa descripción de cada uno de los eventos.
–¿Pensé que estarías con los principiantes?
Dijo Izzie desganada mientras miraba con la cabeza baja y reculaba un poco el mutismo esquivo que guardaba desde salir de la biblioteca.
–Pues si –dijo Pamela orgullosa –pero algunos ya son repetidores, o vienen de familias francesas o como yo que soy súper inteligente.
Izzie la miró con una sonrisa, a mitades de burla y reconocimiento, mientras Pamela se mordía el labio inferior sonriendo.
–Pues ni tanto –respondió sarcástica Izzie –llevo mejor promedio que tú.
Pamela que no gustaba de perimitir ganar a Izzie, no dejaba de ver la tristeza perene en sus ojos, prefirió permitirle un poco de alegría y dejarse vencer.
–¿Porque no vas? –inquirió perversa –todos son …
–No, Pam.
Respondió interrumpiendo Izzie, mirándola adusta, Pamela por un segundo se sintió confundida, pero le sonrió placida he insistió con delicadeza.
–Solo quería que conocieras a Joshua.
Izzie que comprendió que estaba fuera de lugar, desistió, y con algo de sorna contesto serena.
–Me sentiría perdida, quizá después.
Pamela perspicaz, entendió, y se apostó en el lugar de Izzie, se dio cuenta que ella se sentiría igual, y prefirió dejar, una vez mas, el tema.
–¿Y tú? no me terminaste de platicar –tanteó Pamela mirando a Izzie con malicia –de donde salió ojos bellos.
Izzie alzo los hombros despreciando el comentario mientras continuaba el camino.
–Ojos bellos se llama Rene –dijo ausente mientras alzaba un poco la vista –ya te lo dije, se me apareció en la biblioteca y me pidió ayuda.
–¡Pues bien!, tienes suerte, el chico que me gusta apenas y me dirige la palabra –alegaba Pamela moviendo la cabeza con tristeza –bueno en realidad no le dirige la palabra a nadie.
Izzie que ya veía la puerta de su casa sacaba las llaves, mientras parecía alejarse de la plática y divagar.
–¿Suerte?, ¿de qué?
Respondió Izzie distraída, mientras Pamela se sentaba en el escalón de entrada en la puerta de Izzie.
–Pues los chicos guapos se acercan a ti –responde Pamela mientras Izzie sube la puerta un poco para abrirla –en cambio yo ni las moscas me ven.
–¿Joshua?
Pregunto Izzie en un tono aburrido mientras abría la puerta, y se metía a la casa.
–Pues si –respondió Pamela frunciendo las cejas –¿cómo lo sabes?
Izzie tomo aire mientras negaba y le cedía el paso a Pamela para meterse en la casa, antes de cerrar la puerta.
–Pues desde que entraste a francés no paras de hablar de él.
Pamela sonríe con vergüenza, pero de alguna manera orgullosa, al tiempo que Izzie pone la mochila sobre un sillón en la sala, Pamela camina directo a la cocina, la casa aunque es acomodada no es realmente grande, y su distribución permite una plática fluida casi desde cualquier habitación sin levantar desagradablemente la voz, así que se oye la voz de Pamela en un tono natural.
–Es que es… –se interrumpe mientras se acomoda en la mesa del desayunador –hay… pues no sé.
Finaliza despectivamente, mientras Izzie aparece en el umbral de la cocina, peinando su brillante cabellera, al tiempo que distraída deja la diadema sobre la mesa sin prestar atención ninguna a Pamela.
–Como vuelvas a decir guapo me vomito.
Dijo sacudiendo la cabeza hacía tras, mientras deja descuidada el cepillo en la mesa, en ese momento un desvaído click se oye en la puerta, acompasado de varias sacudidas ligeras que armonizaban con una creciente desesperación.
–¡Izzie ábreme!
Se escuchó un grito enérgico al través de la puerta con la inconfundible voz de Patricia, que al unisonó hizo sonreír a las jóvenes, y rápidamente acudieron a la puerta, que con un firme jalón abrió Izzie mientras Pamela tras ella esperaba como un cachorrito perdido.
–Ayúdame Izzie pasé a la tienda –dijo jaloneando distraída una bolsa desgarrada –pero estas bolsas son tan delgadas.
Las jóvenes que diligentes se acercaron y con sincronía que parecía ensayada se distribuyeron el peso y las viandas, y no fue hasta que levantó la vista que Patricia reaccionó y vio a Pamela.
–¿No es tarde para que estés aquí?
Dijo Patricia despectiva mientras le daba una lata de conservas.
–Si señora ya me iba.
Contestó Pamela ladeando la cabeza avergonzada, Patricia indiferente a Pamela tan solo asintió con la cabeza mientras daba algunas viandas mas a Izzie, que luchaba por abarcar tanto como podía en sus pequeñas manos, así cada una en un precario equilibrio caminaron a la cocina, tomando la delantera Patricia que era seguida por las dos jóvenes, y mientras dóciles las chiquillas dejan suavemente los víveres Patricia aparentemente descuidada revisa los objetos sobre la mesa.
–Izzie –dice en tono serio –que te he dicho…
Se oye a Patricia que con la mano recoge el cepillo que minutos antes tenía Izzie, mientras con la otra mano recoge la diadema, en tanto Izzie mas bien inocente, entretenida acomodando latas una arriba de otra replica en un tono lejano.
–Si me estaba peinando.
–¡¿Y…?!
Izzie extrañada mira a Patricia sorprendida mientras niega ligeramente con la cabeza.
–Si ya me lo llevo.
Patricia torno la mirada adusta y molesta, sin darse cuenta presionó ligeramente la diadema que mantenía en la mano, mientras Pamela que se mantenía neutral, mira asustada a Patricia.
–¡No! –grita Patricia –Izzie, no se trata de llevárselo, se trata de no traerlo.
El grito desacompasado de Patricia hace brincar a las dos niñas, que atemorizadas la miran perplejas.
–Perdona mamá –contesta Izzie complaciente, que medianamente sale de la sorpresa –no lo vuelvo a hacer.
Patricia que no esperaba tanta docilidad se siento ofendida sospechando que la niña se burlaba de ella.
¡Claro para ti es fácil Izzie! –contestó Patricia enfurecida –yo soy la que se traga tu pelambre.
Al contestar, Pamela que no dejaba de mirar la mano de Patricia, llena de ira empuñaba la diadema, notó que se empezaba a doblar bajo la presión.
–¡Ya te dije que me lo voy a llevar!
Grito desencajada del todo, escupiendo cada letra con rabia.
–No me grites Izzie respétame.
Respondió la madre deletreando cada palabra con cólera, mientras sus nudillos y uñas se tornaban blancos, y la diadema milímetro a milímetro se retorcía empezando a perder la forma.
–No mamá respétame tú.
Respondió Izzie altiva, retándola y acorralando a su madre, que se quedaba sin argumentos, y se dejaba invadir por la ira, miró a su hija que le replicaba con arrogancia indolente, ambas llenas de soberbia no permitirían que la otra fuera mas fuerte, en ese momento la diadema sujeta en la temblorosa mano de Patricia doblada apenas y resistía, fue vista por Pamela que aterrorizada abrió los ojos y levantando las manos asía la casi rota diadema dijo en un susurro.
–Señora.
En ese momento las tres vieron la diadema a punto de estrellarse, Patricia sorprendida la soltó como si le quemara mientras Izzie palidecía impresionada, Pamela ajena emocionalmente a la discusión reaccionó mas rápido y con avidez la tomaba suavemente y expedita la revisa, en tanto madre e hija se miran entrelazadas por igual en compasión y tristeza.
–No tiene nada.
Diagnosticó Pamela con una sonrisa dirigiéndose a Izzie que aliviada finalmente bajo la vista vencida, sin notar que su madre hacia lo mismo, ambas respirando sofocadas compartiendo un profundo sentimiento de culpa ya lejos de la insulsa discusión.
–Izzie…, hija… –dijo Patricia al borde de las lágrimas –no quería.
Su hija que parecía en shock, negó ligeramente con la cabeza mirando alternativamente a su madre y la diadema, mientras lentamente retornaba a la calma.
–Si lo se mamá.
Por un minuto eterno las tres se miraron, cada una sintiendo el peso de los segundos en un vilo depresivo, que finalizo en un difuso suspiro de Patricia.
–Voy a dejar el cepillo en el baño.
Dijo con la mirada perdida y una media sonrisa entristecida, en ese momento Pamela le entregó la diadema a Izzie, que la tomo revisándola sin mucho afán.
–Yo me retiro –dijo Pamela tomando su mochila –buenas noches señora.
Patricia la miró con su acostumbrada altives, y le sonrió.
–Te acompaño Pam.
Dijo Izzie que la tomo del brazo al tiempo que indicaba con la cabeza que caminaran a la puerta.
Las pequeñas caminaron en silencio, y mientras se miraban empáticas Izzie abrió la puerta de un ruidoso tirón.
–Izzie yo… –dijo Pamela titubeando –no te lo quería decir.
Agregó Pamela con algo de pena, mientras miraba la diadema columpiarse entre las manos de Izzie.
–Mañana hablamos.
Replic´0 Izzie negando con la cabeza, empujando a su amiga suavemente hacia afuera.
–Al fin lo encontré –dijo Pamela con determinación –le di el número a mi primo –hablando rápidamente mirando a Izzie a los ojos con miedo –pero va a ser difícil, es un registro muy viejo.
 

 

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Published on e-Stories.org on 13.02.2015.

 

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