Coralis Solomon

No Hay Espacio en el Cementerio

    Conservo debajo de mi almohada uno de los huesos largos de mi tía Laura. Mi tía  falleció hace unos diez años atrás. Sus restos descansaron los primeros siete años en el pequeño cementerio del pueblo. Después, como es el destino de todos los difuntos de ese cementerio, los huesos fueron devueltos a mi madre para que dispusiera de ellos. “No hay espacio aquí para que descansen toda una vida hay difuntos haciendo fila”. Solía decir el guardia del cementerio. Mi madre recibió los huesos de su hermana con las manos temblorosas. Estaban en una bolsa de tela blanca llena de polvo. Una vez en sus brazos se aferro a la bolsa. “Hay hermanita cuanto te he extrañado”.
  
    Fue todo en evento en mi casa la llegada de los huesos de mi tía. Todo el mundo quería mirar dentro de la bolsa. Un olor a humedad se apoderaba de la casa. Los niños pequeños corrían alrededor de la bolsa cantándole canciones de bienvenida. El menor de tres años le daba pataditas a la bolsa a ver si algo se movía. Si algún hueso se deslizada adentro de la bolsa todo el mundo saltaba del susto. El perro de la casa se mantenía en una esquina quietecito pendiente a la bolsa con la boca echa agua. Mi madre planeaba enterrar los huesos de mí tía en el pequeño patio trasero de la casa para que pudiera seguir descansando en paz. Pero desafortunadamente a mi pobre madre soltera con cinco pequeños mocosos la rutina y el ajetreo diario de su vida hizo que la tarea de hacer un hoyo en el patio se siguiera posponiendo. Así que por los últimos dos años los huesos de mi tía han estado descansando en una esquinita oscura e apretada del closet del en el pasillo.
 
     Hasta  a mí que soy la mayor de esta tribu de familia se me habían olvidado los huesos sueltos de mí tía. Fue un día buscando en el closet una chancleta perdida sin querer que empuje la bolsa y la mitad de los huesos salieron a relucir. Aunque el susto fue grande no pude dejar de contemplarlos. Eran como de color gris con manchas. Me resultaron intrigantes. Trate lo mejor que pude de acomodarlos de vuelta y como que uno de los huesos no entraba completamente en la bolsa para que pudiera cerrar. Así que sin pensarlo mucho decidí quedarme con ese hueso naufrago. Parece se un hueso procedente de su muslo. 
 
     Mi tía Laura por lo que me han contando era una mujer esbelta. Yo apenas la recordaba. Mi mama me contaba que mi tía me cuido muchas veces de pequeña. Ella nunca tuvo hijos ni se caso. Murió joven a los 40 de un accidente de motocicleta. Dice mi mama que mi tía Laura era una loca aventurera y que aunque murió joven vivió la vida a plenitud. Me cuentan que viajo por todos los lares del mundo. Y salió con toda clase de hombres. Uno de sus fuertes amores y con el que por poco se casaba era con un paralitico que hasta llego a traer a la casa. Causó tremendo revuelo en la familia. Mi abuela le trato de hacer ver que quizás estaba cometiendo un error pero ello insistía que la inteligencia de ese hombre y su dulzura era lo que le fascinaba. Resulta que unos meses mas tarde anuncia su ruptura con el paralitico y aunque nunca fue clara con las razones de su ruptura dicen las malas lenguas de la familia que todo lo tenia tieso menos lo que tenia que ponérsele tieso.
 
     Según me dice mi madre la tía Laura no tenia limites. Ella era flexible para enamorarse y desenamorarse. El gran escándalo  lo causo cuando todo el mundo se entero del romance que llevaba con el pastor de la Iglesia del pueblo. Al pastor que como que se le olvido lo de su status de casado y literalmente perdió la cordura  por mi tía. Cuentan una vez mas las malas lenguas, esta vez de la Iglesia que ellos llegaron hasta a revolcarse en las banquillas del altar pecando al por mayor. Mi tía fue la que decidió ponerle un fin a tal controversia, pero el pastor se oponía rebeldemente y en una de esas rabietas termino por pararse al frente de la congregación con uno de los pantis de mi tía en la mano confesando a gritos de los pecados que había cometido. El pobre siervo de Dios se hecho a llorar de rodillas soplándose los mocos con lo ultimo intimo que iba poder tocar de la mujer que lo dejo desquiciando de por vida. Fue para ese entonces que mi tía decidió irse del país. Se fue bien lejos a estudiar filosofía que era lo que le fascinaba y no regreso hasta dos años después. Llego transformada con los pellejos pegados al cuerpo y con la cabeza rapada. Estaba bien metida en eso de la meditación y para traumatizar a mis abuelos cambio de religión para el Budismo. Eso le duro unas cuantas temporadas. Formo grupos de Yoga y de danza con las congas. Los hombres seguían detrás  de ella aunque no tuviera pelo. Pero se le quito la cosa una vez que el pelo le creció y las curvas le volvieron al cuerpo.  Lo de su accidente nadie se lo esperaba. Nadie sabia que estaba aprendiendo a correr motocicleta en estas carreteras donde solamente guían los locos.  Me imagino que murió llena de adrenalina con ese constante miedo a que te vas a caer y entonces ocurre, te caes y pues ni modo te jodes.
 
     Yo por mi parte encontraba todo la historia de mi tía fascinante. Como si hubiera sido un ser humano que no le pertenecía a este mundo y por eso era tan rebelde. Ella era libre de vivir el momento sin importar quien la juzgaba. A mis 15 años yo quiera ser como ella seguirle los pasos sin importar que tan escandalosos hubieran sido. Me aferre a su hueso del que concluí que tenia que venir de la pierna derecha.  Lo lave con agua y jabón lo pulí lo mas que pude. En las noches a escondidas si tenia que desahogarme lo hacia con el hueso contándole todas mis penas como si fuera a mi tía todavía viva. Hasta llegue a escribir en el hueso con un lápiz varios mensajes o inspiraciones que me venían  a la mente. “Tu Espíritu vive en mi”, “Francisco el muchacho de mi salón de clase se va a volver loco por mi”…
  
     No se como fue que mi perrito Lucho se las arreglo para brincar en mi cama y agarrar el hueso ya que el es un perro salchicha sin nada de patas.  Pero el maldito perro enano agarro el hueso tan querido de mi tía y se lo llevo al medio de la sala a masticar como si fuera hueso de sopa de gallina ante la atrocidad de mi familia. Mi madre me dio una lluvia de cocotazos con el mismo hueso y fue en ese momento que decidió que ya era hora que la tía Laura descansara en paz.  Lo que mi madre no entendía era que lo mas seguro la tía Laura hubiera preferido quedarse en el closet con tal de que una parte de ella se aventurara conmigo.  Mi tía tuvo su segundo sepelio en el pequeño patio trasero de nuestra casa.  Nadie la lloro excepto por mi. 
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Coralis Solomon.
Published on e-Stories.org on 03.01.2015.

 

Comments of our readers (0)


Your opinion:

Our authors and e-Stories.org would like to hear your opinion! But you should comment the Poem/Story and not insult our authors personally!

Please choose

Previous title Previous title

Does this Poem/Story violate the law or the e-Stories.org submission rules?
Please let us know!

Author: Changes could be made in our members-area!

More from category"Ficção científica" (Short Stories)

Other works from Coralis Solomon

Did you like it?
Please have a look at:

El Tercer Secreto - Mercedes Torija Maíllo (Ficção científica)
A Long, Dry Season - William Vaudrain (Vida)