Aaron Cruz Morales

Persecuciones [Parte 2]

La luz me molesta, todo da vueltas. Una horrible sensación de ácido recorre mi garganta hasta llegar a mi estomago. Apenas me doy cuenta que estoy consciente y las nauseas me invaden.

Intento abrir los ojos pero en cuanto lo hago toda mi visión se torna borrosa, molesta e  indeseable. Solo logro ver algunas sobras pero ninguna en movimiento a excepción de una silueta femenina.

Intento ponerme de pie y algo me lo impide. Lo vuelvo a intentar con más fuerza y lo único que logro es lastimarme. Unas cuerdas muy gruesas me tienen inmóvil en lo que parece ser una cama.

Hago un segundo intento por lograr ver algo, pero mis ojos aun no se acostumbran a la luz. Intento tranquilizarme pero mi ritmo cardiaco aumenta. Desesperadamente comienzo a retorcerme y lastimarme cada vez más. Incluso en esta situación un maldito dolor de cabeza llega para empeorar la situación.

Cuando comienzo a ceder, una voz femenina muy peculiar y familiar resuena en la habitación. Me pregunta quien me contrato. No entiendo del todo la pregunta, no puedo pensar en una respuesta apropiada.

Sin responder a su pregunta me limito a hacer una mueca de rabia y comenzar a maldecir a la maldita que me ato a esta cama. Le grito que me suelte y me deje ir de una vez; pero un sonido me helo la piel e hizo que me tranquilizara. El seguro de mi arma.

Mi captora vuelve a preguntar para quien trabajo, pero su tono de vos de diferente, más mortífero y animal. Su voz me es familiar.

Por un instante intento recodar donde he escuchado a quien me tiene preso y entonces recuerdo… La mesera del bar, su nombre era Rose.

Casi como un acto de magia, al recordar su nombre, mi visión se vuelve nítida y logro ver a rose, sentada frente a mí apuntándome con mi arma.

Me concentro para tranquilizarme y esta vez lo consigo. Mi mente se aclara y ahora puedo pensar en cómo salir de esta situación vivo.

Rose hace una vez más la pregunta, advirtiéndome que es la última vez que pregunta antes de meterme una bala entre los ojos.

Tengo pocos segundos para pensar en mi respuesta. Miro a mi alrededor y noto que mi cartera esta sobre una mesa. Ahora entiendo la pregunta, sabe quién soy.

La miro directamente a los ojos. No está enojada, no es un animal. Su mirada refleja miedo, preocupación y desesperación. Le respondo preguntándole el por qué sabe que trabajo para alguien.

Por un momento duda; la respuesta que le di es suficiente por ahora pero tengo que pensar rápido en otra cosa mientras ella responde a lo que pregunté.

Sin dejar de apuntarme me dice que sabe quién soy, que mi simple presencia representa muerte.

Algo extraño surge en mi mente. ¿Por qué anoche en el bar no me reconoció?, si sabe quién soy y a que me dedico. Entonces la cuestiono con eso.

Por un momento baja el arma y parece algo desconcertada, sin embargo no dura mucho. Levanta de nuevo el arma y dispara, la baja pasa justo a lado de mi, atraviesa el colchón y el sudor frio comienza a brotar de mi frente.

Parece que no podre zafarme con artimañas de las manos de esta loca. Tendré que ser sincero, aunque eso represente un peligro para mi trabajo.

Una vez más controlo mi ritmo cardiaco. Le digo que Alessia Galliard me contrato. Por un momento hay silencio; intento tragar saliva pero es inútil, mi garganta está seca. Los ojos de Rose se apartan de mi y escucho un susurro de sus labios “la hermana de Danha”.

Un momento después de su distracción vuelve a posar sus brillantes ojos miel sobre mí y pregunta por qué estaba en el bar anoche. Le digo que le contare todo lo que quiera saber, o al menos solo lo necesario, con la condición de que me suelte y responda a algunas preguntas que me inquietan.

Parece desconfiada de mis palabras pero al final acepta con la única advertencia de que si intento hacer algo estúpido me molería el cráneo a tiros.

Se acerca para liberarme y me doy cuenta de lo hermosa que es. Su piel es de un tono casi dorado, sus anchos pero uniformes y delineados labios me cautivan. Sin mencionar su cuerpo esbelto y torneado. Durante unos instantes, mientras me libera, me quedo perdido en sus ojos.

Cuando estoy libre de ataduras me levanto y comienzo a contarle algunas cosas sobre el trabajo para el que me contrató la hermana de Danha Gilliard.  Únicamente le comento que busco a los asesinos de Danha y las pocas pistas que tengo. No menciono la secta.

Cuando termino de hablar parece distante, inmersa en un recuerdo, algo doloroso. Sin esperar mucho le pregunto por qué me tenía atado a la cama y qué relación tenia con Danha Gilliard.

Dice que anoche, después de levantarme e ir a la puerta trasera del bar, me siguió; notó que tenía mi arma y que parecía estar al asecho de alguien. Comenta que la confusión y el miedo la invadieron cuando me vio gritando a la nada y disparando sin ningún motivo hasta caer desmallado de la nada.

Sus palabras me perturban. ¿Por qué no vio al horrible ser al que le disparaba?; Muevo mis dedos hacia mis bolsillos en busca de algo, algo que no está, mi medicamento.

Le pregunto desesperadamente donde está el frasco con píldoras que debía estar en mi bolsillo. Desconcertada, Rose, solo mueve la cabeza de un lado al otro balbuceando que no había ningún frasco de píldoras.

Ahora lo recuerdo. Lo olvide en mi despacho antes de dirigirme al bar. Ahora entiendo lo que paso anoche; esas píldoras me ayudan a estar tranquilo y concentrado, sin mencionar que son un apoyo contra alucinaciones.

Después de tranquilizarme un poco le exijo que me diga qué relación tiene con la difunta Danha Gilliard.

Rose toma asiento y da un largo suspiro. Comienza a contarme que ella era amiga de Danha, posiblemente la única que tenía en toda la ciudad. La conoció una noche; llego al bar pidiendo trabajo, parecía algo necesitada. Era sumamente atractiva, así que no le costó conseguir empleo.

Hace una pequeña pausa y continúa. Explica que todo marchaba bien. Comenzó a conocerla más y se volvió su amiga; sin embargo había algo que no le agradaba mucho. Cada semana unas extrañas personas muy elegantes aparecían por el bar y exigían la compañía de Danha, después de eso pagaban un monto extra por llevarla con ellos. Los días siguientes a eso siempre se presentaba con una serie de moretones, mordidas y rasguños. En una ocasión Rose le pregunto quienes eran aquellas personas, Danha solo dijo que eran conocidos de hace tiempo.

Los ojos de Rose se comienzan a humedecer, puede que hayan sido más que amigas. Su tono cambia, una rabia profunda invade sus palabras. Dice que unos días antes de encontrar a Danha muerta, esta se mudo temporalmente a su Rose. Y unas horas antes de su asesinato estaban en el bar, trabajando; hasta que llegaron estas personas y se la llevaron por última vez.

Por fin rompe en llanto, no soy bueno con eso, así que solo la observo. Un nombre sale de sus labios: Jonathan Baum. Alcanza a pronunciar que ese era el nombre de unos de los malditos que se llevaron a Danha.

Conozco ese nombre; por un momento intento recordar quién es y entonces lo sé. Antes de que yo regresara de la guerra la policía perdió un caso; Jonathan Baum, un empresario lo suficientemente poderoso, logró salir impune después de ser acusado de violar y asesinar a mas de 8 mujeres adolecentes menores de 18 años. Lamentablemente cuando yo regrese a la ciudad el caso ya estaba cerrado y nada podía hacer, al menos no hasta ahora.

Los ojos de Rose proyectan rabia, deseo de venganza y sed de justicia. Quizá por fin este perdiendo el juicio o tal vez es la falta de medicamentos, pero me arriesgo. Le ofrezco un trabajo, una oportunidad de saciar su impulso destructivo hacia aquellas personas.

Me mira por unos instantes un poco desorientada, pero al final acepta. Aun no puedo confiar plenamente el ella, sin embargo una corazonada me indica que será de utilidad. Le explico las únicas  dos reglas a seguir: obedecer a cada instrucción mía y jamás actuar por impulso.

Después de recuperar mi arma y tomar de nuevo mis cosas Rose y yo salimos  de su departamento, al cual me había traído anoche. Ya afuera encontré mi Challenger estacionado; parece ser que esa fue la manera en que Rose me trajo hasta aquí.

Atravesamos toda la ciudad, desde el lado antiguo del lado noreste hasta el barrio rico del lado suroeste. Mientras conducía volví a preguntarle a Rose como es que en el bar no me reconoció. Ella solo se limito a contestar que no alcanzo a ver mi rostro a causa de la luz.

Llegamos la calle donde estaba la residencia del señor Baum no tarde en notar la cantidad de seguridad que esta tenia; cámaras de seguridad por dentro y por fuera, sin contar a los guardias que vigilaban esta y los alrededores.

Busco un punto donde pueda vigilar los movimientos del señor Baum sin ser descubierto y lo encuentro. Una torre de agua lo suficientemente alta para ver varias cuadras a la redonda, solo necesitare dos pares de binoculares.

Nos dirigimos a la torre de agua, subimos y comenzamos a vigilar. Solo nos tomo dos noches para averiguar todo sobre Jonathan Baum. Un hombre predecible. Sale cada dia a las 6:00 a.m y vuelve a las 7:00 p.m.; ve televisión hasta las 8:30 p.m y luego cena cualquier cosa que pueda meter en el microondas. Regresa a su sofa a las 9:00 p.m para ver televisión y por último se acuesta a las 10:30 p.m

Llega la tercer noche, me reloj marca las 6:00 p.m.; nos dirigimos hacia la residencia del señor Baum. Llegamos y vemos su auto. Escalamos una de las paredes exteriores. Coloco un silenciador a mi arma y mientras elimino uno por uno a cada guardia, Rose se encarga de inhabilitar cada una de las cámaras de seguridad.

Entramos a la residencia por la parte trasera, con un sigilo mayor al de un ratón consiguiendo comida. Nos escondemos en una habitación pequeña, un estudio tal vez. Enciendo un cigarrillo, eso me tranquiliza. Esperamos hasta que mi reloj marque las 10:30 y el señor Baum se vaya a acostar.

Salimos de nuestro escondite, nos dirigimos hacia la habitación donde el señor Baum duerme y antes de entrar tomo un pequeño pañuelo y lo empapo con cloroformo que tenía guardado en un pequeño envase que previamente tome de mi auto.

Entramos a la habitación y cubro la boca y nariz de Jonathan Baum con el pañuelo; un ligero espasmo y unos segundos después yace inmóvil en su cama, con apenas una ligera respiración anunciando que sigue vivo.

Le ordeno a Rose que busque cualquier tipo de cuerda en algún lugar de la casa. Mientras ella lo hace yo tomo una silla que está a  un lado de la cama y siento al señor Baum en ella.

Rose regresa con una soga algo vieja pero resistente. Enciendo otro cigarrillo y amarro al sujeto que esta inconsciente frente a mí; me aseguro que no haya manera de escape para él y coloco algo en su boca para que sus gritos no me aturdan cuando despierte.

Saboreo por última vez mi cigarrillo y lo extingo en la frente del señor Baum. Este despierta y comienza a gritar; al principio de dolor, pero poco después de angustia y terror.

Le quito la mordaza de la boca y lo golpeo lo suficientemente fuerte para aturdirlo, pero no lo suficiente para dejarlo inconsciente. Saco una navaja de mi bolcillo, la clavo ligeramente en su pierna derecha y le explico lo que pasara; yo hare preguntas y el contestara, de lo contrario comenzare a hacer cortes profundos en su piel hasta que pueda ver sus huesos.

Antes de lograr formular la primera pregunta, el señor Baum comenzó a hacer preguntas; cuestionando quienes éramos, que queríamos. Ordenándonos que lo soltáramos y rogando a la vez que no le hiciéramos daño.

Me enferma su voz, así que clavo mi navaja en su mano izquierda; lo atravieso, la sangre comienza a fluir. El dolor debe ser inmenso ya que el maldito frente a mi no puede siquiera gritar. Lo miro directamente y le advierto que si vuelve a hablar sin que yo se lo permita, lo hare sufrir al grado en que sus peores pesadillas parecerán los dulces sueños de un infante.

Retiro mi navaja de su mano y comienzo con el interrogatorio. le pregunto cuál era su relación con Danha Gilliard. Por un segundo hay silencio, traga saliva y responde con una pequeña frase “esa maldita zorra”. Suspiro y hago un corte con la navaja en su pierna izquierda. El grita y dice que era solo una zorra, una prostituta, que no había una relación mayor a esa.

Le pregunto acerca de las personas con las que compartía la compañía de Danha. Voltea la mirada y no tiene la intención de responder. El maldito hijo de perra comienza a desesperarme. Corto la parte superior de su ropa y comienzo a trazar una profunda “V” en su pecho izquierdo.

No escucho los gritos. Miro la sangre que me recuerda el campo de batalla. Por un momento miro a Rose; no me había dado cuenta de su expresión, veo rabia, pero un poco de satisfacción. Le ordeno que vaya por un cuchillo a la cocina y regrese lo antes posible.

Cuando regresa, le digo que sea creativa, pero únicamente cuando el señor Baum mienta o re rehusé a contestar. Antes de continuar advierto al bastardo que Danha era muy querida por Rose y que no será tan piadosa como yo soy.

Espero a que responda pero solo gime y llora, así que dejo que Rose se divierta un poco. Comienza con el dedo meñique de la mano derecha; lo corta hasta llegar al hueso y no se detiene, cuando no puede más lo toma y lo arranca como si fuera solo una pieza de plástico de un juguete.

Baum ya no tiene fuerza ni siquiera para llorar. Lo abofeteo y le digo que si no quiere perder su mano entera me diga todo acerca sobre sus amigos y por que asesinaron a Danha.

Baum comienza con la verdad. Dice que son gente muy poderosa; accionistas, políticos incluso líderes religiosos con un gran peso sobre el pueblo. Habla sobre una secta formada para la diversión y satisfacción de los deseos más perversos de aquellas personas. Habla sobre adoración a entes malévolos. La repulsión aumenta conforme habla.

Creía que adolecentes violadas y asesinadas eran un crimen que ni el infierno pudiera perdonar, pero de cada cosa que habla Baum son inmensamente peores. No solo violaciones y asesinato; tortura física y mental, victimas de cualquier edad, de cualquier índole; para ellos no hay diferencia.

La rabia y la ira se apoderan momentáneamente de mi. Le digo a Rose que le corte la mano y lo hace. Los gritos y la sangre combinados parecen no importarle a Rose; ella corta de manera profunda y precisa, se toma su tiempo, saborea el sentimiento. El crujir de los cartílagos son música para mis oídos.

Ya no le queda mucho tiempo a Baum, pero aún hay tiempo para una obtener un poco mas de información. Le exijo que me diga donde están, donde se reúnen actualmente.

Una mueca de risa se forma en el rostro de Baum, eso me enferma. Me dice la ubicación: el almacén subterráneo bajo el ayuntamiento de la ciudad. Me da el día y la hora de la reunión: sábado a la media noche. Por último dice el motivo de su sonrisa: jamás saldremos vivos de ahí.

Antes de su último suspiro escupe unas palabras escalofriantes: “su final será peor que el mío”. Un sentimiento muy parecido al odio surge en mi y corto su garganta, su último aliento fue doloroso.

Antes de irnos tengo que dejar en claro un mensaje para todos aquellos que asesinaron a Danha Gilliard. Le pido a Rose que me ayude a amputar cada uno de los miembros del inerte cuerpo de Jonathan Baum. Lo hacemos y noto una satisfacción muy peculiar; es la primera vez que hago un trabajo así con alguien a mi lado.

No conozco a Rose, pero siento una alegría y una comodidad por estar al lado de ella en este momento. Quizá es algo meramente físico.

Al terminar de quitar los brazos y las piernas los colocamos formando un circulo alrededor del torso, igual que cadáver de Danha. Antes de marcharnos termino la frase que comencé a escribir con mi navaja en el pecho de Baum. “Violador”.

Esta noche no solo encontramos la pista que nos ayudara a encontrar a los asesinos de la hermana de Alessia Gilliard; esta noche se ha cumplido justicia, una por encima de la ley, por todas aquellas adolecentes victimas del cerdo hijo de puta de Jonathan Baum.

Salimos de la residencia y nos dirigimos hacia mi Challenger. Ahora solo hay una cosa por hacer antes de terminar este trabajo. Saco mi celular y hago una llamada. Alessia Guiliard contesta; necesito saber que desea hacer con los asesinos de su hermana.

Solo me dice que cumpla justicia y cuelga. Ahora tengo el permiso de cometer el asesinato múltiple más importante de mi carrera.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Aaron Cruz Morales.
Published on e-Stories.org on 24.09.2014.

 

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