Mauricio Alfonso Prieto

El hombre que quería ser parte de la historia

Capítulo 1.

Toda buena acción tiene su correspondiente castigo
 

Carlos Sánchez, un hombre de cabello rizado, ordinario, excepto por que tenía una particular obsesión, él quería ser recordado en la historia sin importar el por qué o el cómo, frecuentemente imaginaba situaciones o se veía a sí mismo como un deportista famoso o un científico que revolucionaba el mundo con uno de sus inventos o algún asombroso descubrimiento, pero desafortunadamente él no contaba con ninguna de las dos cualidades, nunca fue un deportista destacado ni tenía la disciplina suficiente para los arduos entrenamientos de un deportista profesional, y tampoco había sido un estudiante ejemplar, solamente había terminado sus estudios básicos  y nunca se preocupó por una carrera profesional.

Una mañana cuando Carlos caminaba rumbo a su trabajo, una pequeña oficina en el centro de la ciudad donde él se encargaba del archivo vio lo que desde su perspectiva parecía un abuso por parte de la autoridad, un grupo de tres de policías destruían la mercancía de un vendedor ambulante y al mismo tiempo golpeaban al sujeto.

-Hijo de puta cuantas veces te he dicho que no puedes vender tu basura cerca de este edificio, es un centro de investigación muy importante y  siempre nos llaman para jodernos la vida respecto al mal aspecto que gente como tú le da a este sitio vendiendo basura - dijo uno de los policías mientras golpeaba al hombre, al parecer era el de mayor rango; su uniforme denotaba unas insignias en los hombros que no tenían los uniformes de los otros dos policías, aquel hombre tenía una postura ruda, su cara detonaba ya algunas arrugas y su cabello unas pocas canas.
Carlos se armó de valor para luego hacer algo que normalmente no hubiera hecho pero esta mañana parecía otro o eso quería pensar, se acercó al grupo de hombres, y les dijo:

– Dejen tranquilo al señor, solo está tratando de ganarse la vida, por lo menos no está robando o metiendo vicio- a su vez Carlos detenía un golpe que se dirigía a la cara del asustado vendedor.

- El líder de los policías, aquel a quien había detenido se percató de su presencia.
– ¿Y usted quién es?, ¡no sea sapo!, no ve que nosotros representamos la autoridad, prosiga su camino y no se meta en lo que no le importa - dijo aquel hombre con voz ruda y una mirada de desprecio.

–Yo soy un ciudadano que no soporta el abuso por parte de las autoridades - Carlos alzó la voz y miró a los otros transeúntes de la calle con la esperanza de que ellos reaccionaran indignados ante aquella escena, quizás si todas esas personas protestaban juntas, los policías se sentirían con menos poder y no podrían continuar sus acciones en contra del vendedor, pero su esperanza se desvaneció pronto, las personas que escucharon sus palabras solo lo miraron y continuaron  su camino, algunos fingieron no escucharlo y otros simplemente siguieron su rumbo ignorando todo aquello.

En aquel momento el hombre que estaba siendo golpeado vio una oportunidad y con un movimiento ágil se liberó del brazo del policía que lo golpeaba, rápidamente tomo un par de sus pertenencias del piso y corrió velozmente.
 -¡mierda! se nos quiere volar- dijo uno de los policías
–John! Agarre ese hijo de puta que no se nos vuele- John al parecer el más joven y por su apariencia delgada y atlética, el de mejor estado físico de entre los policías salió corriendo detrás del hombre, el líder luego volvió su mirada a Carlos
 -¿Sí ve? por su culpa se nos va a escapar ese hijo de puta – el tercer policía llamo la atención del líder tocando su hombro y señaló una ventana del edificio justo en frente de ellos, un edificio de apenas unos seis pisos de muros blancos y grandes ventanas.

En una ventana del tercer piso del edificio había parado un hombre vestido como doctor con una bata blanca y con una larga barba del mismo color de la bata, Carlos recordó a grandes magos de diferentes películas y también a científicos locos de otras tantas, el hombre clavo su mirada sobre Carlos, parecía que lo estuviera examinando, lo miro de arriba abajo durante un largo tiempo y luego dirigió su mirada hacia el líder de los policías e hizo un gesto de asentimiento, Carlos no entendió nada de aquello pero al parecer el policía sí entendió.

 -¡Andrés  espose a este hombre!, parece ser que ya no necesitamos del vagabundo- dijo el líder de los policías y luego miro a Carlos con una sonrisa.
Andrés, el tercer policía, un hombre bajo y de tez negra tomo sus esposas y rápidamente obedeció las órdenes que le habían dado.

 -¡Yo no he hecho nada! -gritó Carlos pero ya tenía las manos en su espalda y le ajustaban las esposas, Carlos no entendía muy bien qué estaba pasando pero sabía que tenía algo que ver con el hombre de la ventana, aquel hombre extraño de larga barba blanca cuando alzó su mirada a la ventana donde se encontraba, notó una leve sonrisa de satisfacción del hombre, luego una última mirada de aprobación para el líder de los policías, para después retirarse de aquella ventana.

Lo subieron a la parte trasera de una camioneta y lo esposaron a una silla,  durante el recorrido, las quejas de Carlos pasaron de desesperadas y frecuentes a murmullos  de indignación, para finalmente convertirse en un silencio profundo, cuando apagaron el motor de la camioneta, Carlos notó que algo no estaba bien; no escuchaba ningún ruido, ni vehículos, ni otras personas, no estaba en una estación de policía y sabía que seguramente se había metido en algún lio, nunca supo a dónde se dirigían, la parte trasera de la camioneta no tenía ventanas y durante el recorrido su compañero de viaje habló muy poco.

Carlos recordó que luego de recoger a John, que había fracasado en su persecución, él se había sentado a su lado algo agitado y extrañado de verlo allí esposada a la silla, parece ser que John no esperaba verlo ahí.

Carlos se maldijo por haberse metido a defender a aquel hombre que finalmente había escapado y lo tenía a él metido en quien sabe qué.
De repente se abrieron las puertas traseras de la camioneta donde se encontraba, allí estaba de nuevo el líder del grupo parado imponente junto a el (al) hombre que le había puesto las esposas. -Andrés creo que ese era su nombre – se dijo mentalmente Carlos.

-Andrés ayude a John y traigan al nuevo, seguro sus compañeros están ansiosos por conocerlo, dijo el líder en tono burlón.

-Era un lote gigantesco con una entrada vehicular algo descuidada, una cerca de alambre cubriendo todo, eso parecía, no se podía divisar el tamaño total de aquel terreno, también habían un par de vehículos carcomidos por el óxido e invadidos de vegetación y un par de bodegas, seguramente abandonadas por el estado descuidado que mostraban.

-¿Dónde estoy?, ¿qué es este lugar? – dijo Carlos al bajarse del vehículo y notar que estaba lejos de la ciudad, no estaba muy seguro de donde se encontraba ubicado, el viaje tomo tal vez una hora o ¿fue más tiempo y no se percató?

El grupo de policías no respondió a las preguntas de Carlos y lo llevaron al frente de una de las bodegas, que por fuera parecía una bodega común excepto por una puerta bastante segura con un lector, un teclado para digitar una contraseña. Adicionalmente la bodega contaba con un par de cámaras que vigilaban los alrededores y otra más encima de la puerta apuntando a la entrada principal.

El líder de los policías quien Carlos aún no sabía cómo se llamaba  debido a que sus subordinados escasamente  le dirigían la palabra, parecían tenerle más que respeto un miedo inexplicable, este se dirigió hacia el teclado, digitó unos cuantos números, pasó su tarjeta por un lector y esperó.
Luego de un momento, la cámara que había encima de la puerta cambio su dirección hacia el grupo debajo de ella y por el sonido que se percibió hizo un enfoque sobre ellos.

 - ¿Quién es ese?, ¿qué pasó con el vagabundo que vendía baratijas al frente del laboratorio? – dijo una voz que salía de un intercomunicador justo encima del teclado, Carlos no lo había notado hasta ahora.

 – No te preocupes, este está aprobado por el anciano, al parecer le gusto más que el vagabundo.

 -¿El anciano? - pensó Carlos, se refiere quizás al viejo raro de la barba blanca que nos observó desde aquella ventana, en que putas me metí, maldita sea mi suerte, recordó el dicho que su padre, siempre recitaba: “toda buena acción tiene su correspondiente castigo”.
 
 

Capítulo 2.
Trabajo aquí medio tiempo
 

Carlos despertó de su sueño al escuchar golpes en la puerta de su celda, llevaba casi tres semanas de cautiverio, nunca había estado en una celda pero sabía que el lugar donde se encontraba era una, era un pequeño cuarto sin ventanas, una sola puerta y un pequeño inodoro con un lavamanos que separaba dos camas.
Compartía celda con un sujeto llamado Iván al que en otra situación hubiera despreciado y mirado como si fuera algún bicho raro, esto debido a su largo cabello, los piercing, tatuajes y otras cualidades de su aspecto, Carlos siempre asoció estas características con delincuentes, pero aquel muchacho no era nada de aquello, era un estudiante de arquitectura que cursaba séptimo semestre en una prestigiosa universidad antes de ser llevado a aquel sitio.
-TOC, TOC (de nuevo dos golpes en la puerta).

-Vamos men, recibe el desayuno- dijo Iván en tono amable mientras extendía una mano para ayudar a Carlos a ponerse de pie, luego de recibir sus respectivas porciones por una pequeña ranura en la puerta de la celda, Carlos e Iván desayunaron juntos mientras Iván le contaba una de sus historias, esta vez Iván le contaba de la ocasión cuando él y su novia visitaron un parque nacional y fueron expulsados luego de ser descubiertos teniendo sexo en un riachuelo.

A Carlos siempre le agradaba escuchar sobre las aventuras de su compañero, estas le hacían olvidar momentáneamente de la situación en la que se encontraban, y según él notaba a Iván le pasaba lo mismo, contaba sus historias y se reía a carcajadas al contar los hechos bochornosos o los sucesos graciosos.
Tenían mucho tiempo para hablar en aquel sitio, no se hacía mucho, les daban tres comidas al día y ocasionalmente los sacaban de sus celdas para aplicarles inyecciones, obligarles a tomar esta o aquella píldora y tomar muestras de sangre.

Aunque era algo rutinario, a Carlos le encantaba cuando le hacían los exámenes médicos generales, no era que le gustara que lo chuzaran para extraer sangre, esto era debido a que los exámenes médicos generales siempre los hacia la misma persona, una hermosa chica de cabello rojo, cuerpo bien proporcionado y una hermosa sonrisa adornada con unas pocas pecas que derretían a Carlos.

-¡Se llama Carolina! - le había dicho en una ocasión Iván a Carlos luego de volver de los exámenes,
-¿quién se llama Carolina? – había preguntado en aquella ocasión fingiendo que no entendía de quien le hablaba Iván.
Carlos e Iván tenían diferentes teorías sobre el porqué de su situación y la finalidad de aquel sitio, Iván pensaba que se trataba de alguna instalación del gobierno  para crear armas virales y que ellos eran los conejillos de indias, Carlos era un poco menos paranoico y pensaba que se trataba de alguna gran empresa farmacéutica que contrataba a terceros para poder probar sus medicamentos en humanos antes de sacarlos a la venta y ellos estaban en uno de sus laboratorios de pruebas.
La puerta de la celda de Carlos e Iván se abrió para dar paso a ”Igor” un asistente de las instalaciones, un hombre bajo, pasado de kilos y con un ojo desviado, en realidad no se llamaba Igor, pero Carlos e Iván lo habían apodado así en referencia al ayudante de frankenstein y su parecido al personaje ficticio.

-Mechuda, es hora de su revisión médica- dijo Igor señalando a Iván, este se paró de su cama en la que se encontraba sentado, le dedico una sonrisa y respondió;
-Lo sigo mi señor- al mismo tiempo hizo una reverencia. – Sin payasadas vamos rápido, la doctora lo está esperando, Iván volteó su mirada hacia Carlos y dijo; -por favor no te pongas celoso amigo mío, yo solo visito a Carolina por negocios-

Carlos disfrutaba mucho de la compañía de Iván, pero apreciaba aquellos momentos de soledad, le daban la oportunidad de reflexionar en soledad y más que todo no le gustaba que lo vieran cagar, ya era bastante incomodo compartir aquel espacio tan pequeño con otro hombre, como para tener que aguantarse el olor de la mierda de otro, a pesar de que contaban con un pequeño kit de aseo, y hacían malabares con el lavamanos encima del inodoro para medio lavar sus cuerpos.
Las oportunidades cuando el otro estaba por fuera de la celda eran pocas, aunque nunca lo dijeron, esa era una de las reglas no escritas de convivencia para hacer más cómoda la vida de Carlos e Iván “haga lo suyo cuando yo no esté”.

Sentado en el inodoro, Carlos dejó volar su imaginación y se vio a sí mismo como el atleta más rápido del mundo, rompiendo records, recibiendo medallas de oro en múltiples competencias, viviendo en una gran mansión producto de su extraordinaria habilidad,  vistiendo ropa exclusiva obsequiada por sus patrocinadores.
Pasada una media hora quizá un poco más, Iván volvió a la celda y decidió tomar una pequeña siesta, últimamente Iván parecía más cansado y dormía mucho tiempo, tal vez estaba estresado por el encierro, a Carlos también lo desesperaba ese sitio se preguntaba cómo hacían los prisioneros para aguantar años en aquella situación.
Una vez más se abrió la puerta de la celda para dar paso a Igor –pelos necios  es su turno vamos rápido- Igor también tenía apodos para Carlos e Iván el de Carlos era pelos necios, no había podido dar el cuidado adecuado a su cabello y realmente parecía un nido de pájaros, le hubiera gustado estar bien presentado después de todo se iba a ver con Carolina.

Empezaron a recorrer el pasillo de las celdas, según las cuentas de Carlos habrían unas veinte, diez a cada lado del pasillo, no estaba seguro si todas tenían personas, al final del pasillo habían unas escaleras que llevaban a una segunda planta, en esa planta se encontraba el consultorio médico, un cuarto de pruebas en las que algunas veces hacían ejercicios de coordinación o suministraban las drogas y otros tres cuartos más que nunca había visitado, posiblemente la cocina, alguna bodega, y la oficina del encargado de aquel sitio, en esta planta también habían otras escaleras que subían, Iván le había contado a Carlos que esas escaleras llevaban a la bodega y después de eso, quizás a la libertad.

Carlos no lo recordaba el día que llegó, luego de que la puerta de la bodega se abrió y vio por primera vez a Igor junto con otro hombre, quien después se vino a enterar era el encargado del lugar, un hombre alto de ojos claros que vestía un elegante traje negro, entró en pánico e intentó escapar, apenas y logro avanzar unos doscientos metros antes de que el policía llamado John lo derribara, luego de eso el líder del grupo de policías se le acercó con un arma de electrochoques y antes de dejarlo inconsciente con una descarga que Carlos recordará toda su vida le dijo; -Nos vamos a volver a ver, trabajo aquí medio tiempo.

Carlos no había visto al líder de los policías desde ese día, pero a los tres días de estar en aquella bodega supo cuál era su trabajo de medio tiempo, en una ocasión cuando subía para uno de los tantos test médicos, vio a un hombre desnudo colgado de las escaleras que conectaban con la bodega, estaba atado de los brazos a una biga por encima de las escaleras y apenas si podía abrir los ojos debido a la golpiza que había recibido, tenía morados por todo su cuerpo y le salía sangre por boca y nariz, también le habían roto una pierna, se notaba porque uno de los pies apuntaba en dirección casi opuesta a lo acostumbrado, de aquel hombre colgaba un cartel que decía: “Este hombre intentó escapar” - tal atrocidad solo pudo haber sido obra de ese maldito policía  -  pensó Carlos luego de ver eso, al tiempo que recordaba, como golpeó al vendedor el día que él fue secuestrado.

Cuando Carlos estuvo dentro del consultorio, rápidamente recorrió el lugar con sus ojos en busca de Carolina, allí estaba ella de espaldas buscando algo dentro de un gabinete, traía el cabello sujeto con un estilo de cola de caballo, eso denotaba más su delgado cuello y sus finos rasgos, cuando ella se percató de la presencia de Carlos e Igor volteó su vista hacia ellos y dijo;  -¡Hola Carlos!, por favor toma asiento- luego miró al gordo asistente y dijo; - Eso es todo, por favor espere afuera.
Igor abandonó el laboratorio y cerró la puerta con brusquedad al salir, en un par de ocasiones había pedido a Carolina estar presente durante los exámenes, para poder vigilar mejor a los sujetos de pruebas, pero ella le había dejado claro que en el consultorio se seguían sus reglas y que ella era perfectamente capaz de cuidarse sola.
Pero eso de “sus reglas” no era del todo cierto, en un par de ocasiones mientras se realizaban los exámenes médicos, el encargado de aquel sitio el hombre del elegante traje, la acompañaba, cuando lo hacía no interrumpía el trabajo, solo vigilaba atentamente todo el proceso.

Inclusive en una ocasión, Carlos vio al viejo de la barba blanca, sólo entró al consultorio en busca del hombre de traje, permanecieron parados junto a la entrada del consultorio, el viejo estaba dando unas instrucciones al hombre del traje. -¡Maldito Viejo¡ - pensó Carlos, pero no se atrevió a decir nada, por miedo a una posible represaría en su contra.

-¿Cómo te has sentido últimamente?, ¿va todo bien? – dijo Carolina amablemente, como si se tratara de una consulta médica ordinaria en medio de algún consultorio de la ciudad y no aquel horripilante lugar.

-Nunca me he sentido mejor- respondió irónicamente Carlos, aquella pregunta había molestado a Carlos.

–Lo siento, sé que no es el lugar donde quisieras estar, pero como ya te lo he dicho antes, estamos haciendo todo esto por una buena causa- respondió Carolina en tono de disculpa.

-Si en realidad es una buena causa, ¿Por qué nos trajeron a este sitio en contra de nuestra voluntad? – Respondió Carlos esta vez en un tono más cortes.
-Eso no lo puedo discutir, por favor tu brazo- dijo Carolina en tono seco para dar por terminada aquella discusión, como lo había hecho  en ocasiones anteriores, luego tomó el brazo de Carlos para medir la presión arterial, la rutina casi siempre era la misma, presión arterial, una muestra de sangre, estatura, peso, reflejos, exámenes rutinarios para establecer las condiciones de salud, luego un par de juegos de coordinación y otros más de memoria y todo había terminado.
A pesar de que Carolina era una persona conversadora y abierta sobre sus pasatiempos y gustos,   Carlos no había conversado mucho con ella en aquella ocasión, en el tiempo que duraron todos los exámenes y las pruebas no cruzaron muchas palabras, siempre que Carlos  cuestionaba a Carolina sobre su papel en todo aquello o el objetivo de las instalaciones donde se encontraban ubicados, Carolina se indisponía y evitaba la conversación.

Luego de los Exámenes, Igor llevó de vuelta a Carlos a su celda, Iván dormía profundamente, Carlos decidió no molestarlo y acostarse en su propia cama, donde por un momento se empezó a imaginar cómo sería su vida si fuera un prestigioso doctor y estuviera casado con Carolina, empezaba a divisar una gran casa y unos vehículos, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por un ruido que provenía de Iván.
 

Capítulo 3.
El Escape
 

-COF, COF – tosió Iván, luego carraspeo para aclarar su garganta.
-¿Estas bien? – pregunto Carlos algo preocupado. – Sí, no te preocupes, sólo es tos- respondió Iván al tiempo que se sentaba en su cama, pero Carlos sí se preocupó, no sólo era la tos, parecía tener los ojos irritados, como cuando alguien pasa mucho tiempo frente a un computador.

Luego de cuatro días, la salud de Iván estaba cada vez peor, había perdido mucho peso y ya no comía, aunque todavía bromeaba y se reía, era claro que algo no iba bien, Carlos había solicitado a Carolina ayuda para su amigo en varias ocasiones, pero ella decía que hacía todo lo que podía con los implementos que contaba.
-Carlos, quiero pedirte un favor- dijo Iván con voz baja, luego tosió  y cubrió su boca con la mano, al retirarla, había una mancha de sangre en su mano, no era la primera vez que pasaba, Iván ignoró aquello y se sentó en el borde de su cama.

-Creo saber, cómo salir de este maldito lugar, pero no me encuentro en condiciones para escapar, por favor escapa tú y trae ayuda, no me creo esa mierda de que lo mío es una reacción negativa a algún medicamente y que es algo temporal, -dijo Iván algo repuesto.

-No te preocupes todo va a salir bien- interrumpió Carlos
-A la mierda, cállate y escúchame, ¿recuerdas que ayer me desmayé y solicitaste ayuda a gritos?
Carlos asintió. – Pues cuando estaba despertando en la enfermería escuche una conversación interesante entre Carolina y el sujeto del traje, el sujeto del traje dijo algo acerca de un arreglo en el sistema de tarjetas, para la entrada en la bodega, parece ser que están deshabilitadas por algún daño o reparación, y la puerta se activa únicamente con la contraseña personal de cada quien, luego de aquello, tu bella doctora dijo que ella siempre olvidaba la contraseña y la tenía escrita en...
-¿Dónde, donde tiene escrita la contraseña? – pregunto Carlos ansioso. – No lo sé, a pesar de que yo fingía seguir desmayado, mi tos se presentó y me delato –término Iván, luego de una pausa prosiguió –Pero tú puedes averiguarlo, seguramente esta anotada en su agenda o en algún lugar de su bolso, tienes que buscar la oportunidad y buscar el código en tu próxima visita al consultorio.

Con esto en mente, Carlos se propuso averiguar dicha clave que era su esperanza de escape de aquel sitio en su siguiente visita al consultorio, esperó paciente que Igor abandonara el consultorio y fue en ese momento que pidió de favor a Carolina revelar la contraseña, -Carolina quiero que me des tu clave de acceso a esta bodega- dijo Carlos nada más así sin meditarlo, sin una gota de duda en su voz, con firmeza como si pidiera a un amigo le alcanzara el esfero que se acaba de caer al suelo, Carolina tardo un tiempo en asimilar aquello, se quedó en silencio mirando fijamente a Carlos 
-¿Cómo dices?, ¿De qué me estás hablando? – finalmente dijo Carolina, como si ignorara el alcance de aquella solicitud, Carlos también estaba algo sorprendido de sí mismo,  tenía mil planes en su cabeza robar el bolso de carolina, amenazarla con algún utensilio de la oficina, esperar que diera la espalda y tomar la agenda para luego leerla, pero todos estos simplemente se habían esfumado, Carlos explico a Carolina que sabía lo de la contraseña por Iván, y luego insistió en un tono más fuerte – Entrégame esa contraseña y no se lo digas a nadie y luego aléjate lo más que puedas de estas personas, cuando logre salir de este sitio voy a volver y no voy a volver solo –
-No, no puedo hacerlo no sabes lo que me estas pidiendo, lo que hacen aquí es más grande que tú y que yo, créeme  lo hacen por un objetivo noble, yo no te puedo ayu…- 
 
-A la mierda tu objetivo noble, aquí somos simple ratas de laboratorio, reacciona Carolina no sé qué piensas que hacen aquí pero no hay ninguna causa que justifique el maltratar, encerrar, torturar y hasta matar personas- dijo Carlos esta vez en un tono más fuerte, desafortunadamente para él, Igor noto el tono y entró rápidamente al consultorio de Carolina – ¿Que está pasando aquí ? – Exigió saber el gordo asistente –Nada!, simplemente ya terminamos por favor acompañe a Carlos a su... su… cel… celda – dijo Carolina, luego se dirigió a su escritorio en busca de algo.

De una forma tosca como era su ser, Igor tomo el brazo de Carlos y a empujones lo fue llevando camino a la celda, aquella esperanza de escape de Carlos se esfumaba con cada paso que daban pero para sorpresa de ambos, Carolina los había alcanzado a mitad de camino, -Olvide que tienes que tomar esta píldora –
-¿Píldora? – Casi en unísono preguntaron Carlos e Igor, - Si es muy importante para el proceso – insistió Carolina al tiempo que ponía algo en la boca de Carlos y luego simplemente dio la vuelta y volvió a su laboratorio.

-La tengo, tengo la contraseña, no sé qué la hizo cambiar de opinión pero me dio la contraseña, ahora queda el asunto de la celda como vamos a salir de aquí?- Pregunto Carlos a Iván –Solo hay una forma tenemos que matar a Igor – dijo Iván en un tono algo siniestro - ¿Matar?, yo nunca he matado a nadie, tiene que haber alguna otra forma – respondió Carlos – No la hay, piénsalo es la única persona que viene hasta este hueco –

-No!, tiene que haber otra forma, quizás podemos engañarlo para que entre a la celda y entre los dos lo atacamos para que pierda el conocimiento – dijo Carlos, a quien lo asustaba la idea de terminar la vida de otro hombre – Me gusta la primera parte de tu plan, pero estoy muy enfermo mi toz está cada vez peor y estoy cansado todo el tiempo eso sin mencionar el maldito dolor de cabeza que algunas veces me vuelve loco, tenemos que irnos de aquí y pronto.

La Noche llegó y con ella dio inicio el plan de escape, - AUXILIOOO, AUXILIOOO- Grito varias veces desesperado Carlos, sin respuesta alguna – ALGUIEN QUE POR FAVOR ME AYUDE- Insistió Carlos, pronto llegó Igor, - que quieres maldita sea, cállate de una puta vez – Por favor ayúdame Iván está agonizando no creo que pase la noche si no hacemos algo – La doctora no viene hasta la mañana, no hay nada que podamos hacer así que vuelve a tu cama y cierra la puta boca – No puedes hacernos esto abre la puta puerta gordo de mierda, ayuda a Iván – Dijo Carlos esta vez con la esperanza que el insulto funcionara mejor que la llamada de auxilio para conseguir su objetivo.

Había funcionado, El gordo abrió la celda mientras decía – Vas a ver tu maldito hijo de puta- Iván lo esperaba justo a un lado y se le lanzo enzima tratando de derribarlo al mismo tiempo Carlos se abalanzo hacia el cuello de Igor por la espalda con el objetivo  de asfixiarlo pero aquel pequeño gordo era mucho más fuerte de lo que su apariencia mostraba con un movimiento de brazo mando a Iván a volar hacia el interior de la celda y luego se abalanzo de espaldas hacia la pared más cercana para aplastar a  Carlos entre su espalda y la pared todo esto mientras gritaba maldiciones, Iván se había recuperado y corrió directo para atacarlo de nuevo, pero Igor ya estaba listo para recibirlo, dejó a Carlos golpeado en el piso a sus espaldas y recibió a Iván con un golpe que lo mando de cabeza hacia una de las paredes de la celda, Carlos aprovechó ese descuido y nuevamente enlazó su brazo en el cuello de Igor mientras apretaba con fuerza, esta vez dio mejor resultado, Igor perdió el equilibrio y cayó en su propio trasero, Carlos siguió haciendo presión hasta que finalmente el gordo dejo de patalear y aun luego de eso Carlos seguía apretando con fuerza.

Carlos llevo a Iván al cuarto médico, esta vez con ayuda de sus hasta ahora desconocidos compañeros de cautiverio aproximadamente quince o veinte personas, no se tomó el tiempo para contarlos, justo después de derribar a Igor tomó sus llaves y abrió todas las celdas de aquel sitio, les participó su plan y solicitó ayuda para prestar asistencia médica a Iván que resultó herido de su previa batalla con Igor, con un par de vendas improvisadas pararon la hemorragia de la cabeza de Iván y luego todos juntos se dirigieron a la salida de la bodega una puerta de seguridad protegida con un teclado, Carlos digitó la contraseña que había obtenido previamente y aquella puerta se abrió a la tan anhelada libertad, Carlos se quedó atrás de sus compañeros para asistir a Iván que estaba algo mareado debido al golpe.

-Que pensaron desgraciados hijos de puta que se pueden ir de aquí tan fácil, ¿no recuerdan lo que hago al que intenta escapar?  – dijo el líder de los policías corruptos que estaba parado junto con otros dos hombres, los tres estaban justo en frente de la bodega y detrás de ellos un vehículo con luces en alta que molestaban a la vista a quienes la veían de frente, - no sé cómo llegó tan rápido al lugar ni mucho menos cómo supo del escape, acaso Igor pudo alertarlos? , Quizás dispararon una alarma sin darse cuenta? tardo tanto en abrir todas las celdas y prestar asistencia a Iván?, o pudo ser Carolina?, pudo ella alertarlos? – estos y muchos más pensamientos pasaron por la cabeza de Carlos en ese momento, pero eso ya no importaba habían llegado muy lejos no se podían rendir en ese momento.

-Corran todos en diferentes direcciones, no nos pueden atrapar a todos, aquel que logre escapar por favor vuelva con ayuda – grito Carlos a sus compañeros mientras asistía a Iván que si apenas y se podía sostener en pie solo, luego de eso todo sucedió muy rápido, se escuchó un disparo y luego muchos gritos entre ellos se distinguía la voz del líder de los policías, -¡a ver ustedes par de maricones ayúdenme a deshacerme de toda esta basura!- mientras todos corrían asustados en todas direcciones y el líder de los policías disparaba a diestra y siniestra y gritaba órdenes a sus subalternos, Iván acercó a Carlos a su lado y dijo algo a su oído, Carlos negó con la cabeza, Iván empujo a Carlos, Carlos se paró rápidamente y sin darse cuenta ya estaba corriendo lejos de aquella matanza.

Corrió como nunca había corrido en su vida, corrió luego de que le faltaba la respiración y le dolían todos los músculos de sus piernas corrió sin mirar atrás y con lágrimas recorriendo sus mejillas se sentía culpable por todos aquellos que habían muerto pero más que todo por haber dejado a su amigo en aquel sitio, recordó aquello que murmuro a su oído – No estoy en condiciones de escapar sería un estorbo no lo lograríamos juntos, escapa solo y vuelve, vuelve con ayuda con la prensa, busca a mi familia ellos te ayudarán –

Ya era de mañana, Carlos no supo cuántos lo habían logrado o si era el único que había logrado escapar, pero no había tiempo para pensar en eso, tenía que llegar rápido con la familia de Iván, no confiaba en la policía y no conocía a nadie en los medios de comunicación, robó una bicicleta y algo de ropa de una pequeña cabaña cerca de la autopista y se dirigió a la ciudad, al llegar ahí buscó un directorio para ubicar la familia de Iván ya que no podía contar con su propia familia, su único familiar vivo era un tío al que ya nunca veía, logró contactar con ellos y les contó toda la historia, al principio no parecían creerle pero luego contó detalles de la vida de Iván que sólo podía conocer un amigo cercano o algún miembro de su familia, llevaron la denuncia hacia los medios y autoridades, al volver a la bodega la encontraron abandona como era de suponerse, habían rastro de sangres y huellas por doquier no encontraron cuerpos, pero encontraron a Igor y suficiente evidencia dentro de la bodega para vincular la prestigiosa firma farmacéutica DROGMEL, gracias al testimonio de Carlos y de cuatro personas más lograron identificar y capturar al líder de los policías junto con una facción de agentes a su cargo también corruptos, el líder fue capturado en la frontera del país tratando de escapar.

El viejo de la barba blanca resulto ser el jefe del departamento de investigación de los laboratorios DROGMEL pero gracias a un grupo de abogados y a una justicia corrupta no fue posible vincularlo directamente con aquella instalación, Carlos nunca mencionó a Carolina pero dado que él no era el único testigo es buscada por la justicia al igual que el tipo del traje elegante pero aún no saben el paradero de ninguno de los dos.

Los policías corruptos confesaron el paradero de los cuerpos de las personas que habían asesinado, los cuerpos fueron recuperados para poder dar una justa despedida a todas aquellas victimas incluyendo a Iván el querido amigo de Carlos quien desafortunadamente no lo logro.
Pasados algunos meses ya nadie recordaba aquellos sucesos y Carlos ahora un héroe olvidado y con un trabajo de asistente administrativo en la empresa del padre de Iván, ya no soñaba constantemente con una vida diferente, ahora sólo llevaba una vida tranquila y disfrutaba cada pequeña cosa que ocurría a su alrededor.
 

Fin.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Mauricio Alfonso Prieto.
Published on e-Stories.org on 24.07.2014.

 

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