Brandon Balderas Rocha

Historia de una noche



Era bastante tarde, ya se podían apreciar las estrellas en lo alto del firmamento, no había ningún alma cerca, el silencio me rodeaba y me encontraba solo esperándola a ella.

-Necesito hablar contigo- ese era el mensaje que me había mandado en la tarde, seguido de un “nos vemos en ese lugar”. ¿Qué será tan importante para que no pueda decírmelo por mensaje? Pasados unos minutos finalmente llegó. Se veía algo decaída, pero a pesar de eso, su esbelta y muy bien formada figura se veía deslumbrante bajo la luz de la luna.

-¿Estás bien Andrea? ¿Qué pasó?- le pregunté ansioso por saber que había ocurrido.

Su respuesta tardó mucho, y parecía que le costaba hablar:

–Lo siento, pero es mejor que nos dejemos de hablar, creo que ya no debemos ser amigos.-

-¿Qué?- Mi corazón se saltó un par de latidos, no podía creer lo que estaba escuchando. –Deja de bromear- le dije.

-No es broma, es en serio.

-Pero ¿Por qué?

Ella guardó silencio y cruzó sus manos tras la espalda, se negaba a mirarme a los ojos; yo conocía muy bien esa reacción: no estaba siendo honesta…Súbitamente todo me quedó claro:

-Es por él ¿Verdad? Él te pidió que rompieras nuestra amistad.

-No, esto es decisión…

-No mientas, te conozco demasiado bien ¿Qué te dijo, por qué le haces caso?

-No lo entenderías.

-Pruébame.


-Me dijo que era demasiado cercana a ti y que no era conveniente para que pasáramos tiempo juntos, y que si no nos alejábamos me iba a cortar.

-¡A él que le debe interesar que seamos cercanos! Me importa un bledo lo que diga, no eres de su propiedad, puedes ser amiga de quien se te dé tu regalada gana.

-Te dije que no lo entenderías…

-¡Por supuesto que no! ¿Cómo voy a entender algo que desafía toda razón? ¿Por qué debería tratar de aceptar los motivos egoístas de ese imbécil?

-¡No le digas así! ¡Yo lo amo! ¡No tienes derecho de llamarlo de esa manera!

-Tengo todo el derecho del mundo, él no es nadie para decirte que hacer, entiende ¡No lo amas y seguramente él no te ama a ti, no respeta tu individualidad, no eres más que un objeto para él!

-¿Y tú quién eres para decirme eso? ¡Tú no sabes nada del amor! No eres más que un inadaptado que nunca ha tenido novia y que seguramente nunca la tendrá. ¿Cómo podrías comprendernos?

Guardé silencio. Dentro, muy dentro de mí, sentí que algo se había roto, no me sorprendería que toda la colonia lo hubiera escuchado. Dándose cuenta de lo que acababa decir, la cara de Andrea se volteó hacia mí llena de arrepentimiento, su cara tenía una expresión de profunda tristeza, pero ya era tarde, el daño estaba hecho.

-Lo siento, no quise decir….

- ¡No, claro que lo quisiste decir! Creo que ha sido la cosa más honesta que me has dicho en toda mi vida… No me veas así, no necesito tu lástima, ya hiciste suficiente, fue estúpido de mi parte creer que alguien como tú pudiera hacerse amiga de alguien como yo.

-¡Eso no es verdad!

-¿Qué no es verdad? Tú misma lo dijiste, soy un inadaptado. Acabas de aceptar que todo fue una farsa muy bien planeada, tan bien planeada, que en cuanto te lo pidieron, no dudaste en acabar con ella. Hemos estado juntos desde hace 5 años, pero no nos hablamos hasta hace apenas uno. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por lástima? ¿Para divertirte? ¿O tan sólo me usaste para descargarte emocionalmente, como soporte psicológico, como alguien a quien compartirle tu carga para después dejársela y todo porque me viste como otro perdedor más, como alguien fácil de manipular?- Terminé esta oración ya con unas lágrimas asomándose por mis ojos

-¡No digas eso! ¿De verdad crees que yo sería capaz de hacer algo así, no te habías jactado hace poco de conocerme bien? ¿En serio piensas que te haría eso, después de lo que hemos pasado Eduardo? ¡Me salvaste la vida! Jamás podría olvidar eso, te estoy muy agradecida.
 
-Si te sientes en deuda por eso, olvídalo, no fue la gran cosa y no quiero que te sientas forzada a hablar conmigo por ello.

-¿Qué no fue la gran cosa? ¿Qué lo olvide? ¿Piensas que soy una persona tan ingrata como para comportarme así? Te equivocas Eduardo, si no hubieras estado ese día ahí, esos tipos seguramente me hubieran violado, y posiblemente ya no estaría aquí hoy.

-Sólo hice lo que cualquiera hubiera hecho

- ¡Pero nadie más lo hizo! Tú te enfrentaste a ellos, aún antes de que nos habláramos siquiera, arriesgaste tu vida por mí, no te importó salir herido- En ese momento dio un paso hacia el frente y me levantó la camisa, dejando ver una marca de un largo considerable en mi abdomen. – ¡Aún tienes la cicatriz de aquella vez, recibiste una cuchillada para salvarme! ¿Crees que a pesar de ello podría olvidarme de lo que hiciste? Eduardo de verdad no sabes cuánto te quiero, perdóname, de verdad lo siento, sé lo mucho que te herí, pero por favor perdóname.

Para este punto ninguno de los dos fue capaz de contener las lágrimas, y buscando el consuelo mutuo terminamos el uno en los brazos del otro. –Por favor perdóname Andrea, no debí haberte hablado así, cedí ante el calor del momento.

-No, yo tuve la culpa por acceder a las peticiones de mi novio, y no debí de haberte gritado de esa forma.

-No tengo nada que perdonarte, me conoces, ya sabes que no me puedo enojar contigo.

-¡Claro que te conozco! Sé que te encanta el piano, que amas la literatura, que le temes a la jeringas y que odias la hipocresía; sé que disfrutas el baile, aunque no seas muy bueno y que, en materia de dibujo, eres todo un artista, sé que tienes miedo al futuro y eres algo indeciso, pero también eres extremadamente fiel y, aunque sensible, eres muy fuerte. ¿Qué más habría de saber sobre ti?

-Que te amo…

Ya no podía resistirlo más, el contacto de su piel con la mía, la suave fragancia de su perfume, la calidez producida por la cercanía de nuestros cuerpos, simplemente era demasiado, no pude contenerme más. Aprovechando su desconcierto, y sin darle tiempo para reaccionar, apreté mi abrazo a su cintura y robé sus labios. El contacto fue algo forzado al principio, su cara se apartó un poco de la mía, pero haciendo caso omiso de su leve resistencia, presioné nuestras bocas a juntarse con aún más ahínco, no me importaba lo que pudiera pasar, tan sólo sé que en ese instante, lo único que quería era transmitirle todo lo que sentía.  

Súbitamente, su renuencia desapareció, y antes de que pudiera reanudar mi ataque a sus labios cereza, ella tomó la iniciativa y asaltó mi boca sin cuartel alguno, introdujo su lengua y uniéndola con la mía en un contacto ligeramente suave, pero extremadamente placentero. Continuamos de esa manera intercambiando saliva por lo que pareció una eternidad, ya no sabíamos de quién era la lengua que rosaba los labios del otro.

Poco a poco, en un callado acuerdo mutuo, nos separamos lentamente y abrimos los ojos para sumergirnos en los del otro. Nos miramos con un profundo frenesí y nos sonreímos. Después desviamos la vista y la dirigimos hacia la luna que brillaba alta sobre nosotros, aquella luna que había sido la única testigo de nuestro encuentro apasionado.

 

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Published on e-Stories.org on 22.03.2014.

 

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